El día más feliz en la vida de Olli Mäki, oda a la sencillez

En el verano de 1962, Olli Mäki (Jarkko Lahti)  tiene la oportunidad de hacerse con el título de campeón del mundo de boxeo en la categoría de peso pluma. Desde la campiña finlandesa hasta las intensas luces de Helsinki, todo está preparado para su fortuna y gloria. Lo único que Olli debe hacer es perder peso y concentrarse. Pero hay un problema: se ha enamorado de Raija (Oona Airola).
Finlandia, bello poema sinfónico de apenas ocho minutos con dos partes bien diferenciadas, una introducción lenta (andante) y un allegro, mediadas por un pequeño pasaje de transición. Trágica y solemne se inicia Finlandia para mutar hasta su victorioso final. Durante casi toda su extensión se desarrolla un ritmo y estilo turbulentos, con gran carga orquestal, simbolizando la opresión y lucha del pueblo finés, finalizando en un himno de esperanza.

el-dia-mas-feliz-en-la-vida-de-olli-maekiSibelius como cantor del alma finesa de la que pocas manifestaciones  llegan a nuestra Europa meridional. Por eso debemos estar agradecidos a Surtsey Films por acercarnos esa exquisita  opera prima que es El día más feliz en la vida de Olli Mäki bien definida en Variety como: “una fábula que celebra la sencillez por encima de la ambición, la recompensa emocional por encima del botín de la Victoria”.

Finlandia, país de los mil lagos;  ver danzar una piedra sobre sus aguas cristalinas equivale a acariciar con las yemas la paz de las emociones compartidas. Locus amoenus con connotaciones de Edén, a través de Olli (Jarkko Lahti) y Raija (Oona Airola) accedemos al remanso del alma en el que todavía creemos en la inocencia y cuestionamos las nociones de éxito y fracaso que baraja nuestra sociedad. La derrota puede ser una victoria si nos alcanza por haber priorizado la paz íntima por encima de la fama en nuestras vidas. El día más feliz en la vida de Olli Mäki es un canto a la humildad y la armonía simbolizadas por el pequeño pueblo de Kokkola (por alguna razón en nuestro interior este debut en el largo nos hace recordar Mi dulce pueblecito de Jirí Menzel) frente al mundo frívolo de las apariencias simbolizado por la capital.

El sucio blanco y negro (esa fotografía con grano que le concede textura de documento) de la película de Kuosmanen nos sitúa magníficamente en el gris de esa época (1962) y de ese lugar (Helsinki). Con actores que se desenvuelven de manera muy natural, sencilla, retratando a esos dos seres enamorados que tan solo quieren vivir un vida normal en su pueblo, donde él es panadero y no deportista de élite. Con saludables y simpáticos apuntes de comedia, esta exótica cinta nos narra un relato de boxeo exento de todo  el dramatismo (y más aún del triunfalismo), al que nos tiene acostumbrados el cine norteamericano. Un relato que trasciende su propio argumento para llevarnos a interrogarnos sobre los valores que deben regir nuestras vidas.

Premios
Festival de Cannes: Mejor película (Un Certain Regard)
Premios del Cine Europeo: Premio FIPRESCI
Satellite Awards: 2 nominaciones incluyendo mejor película de habla no inglesa

 

Tres días de tributo a Bigas Luna en el Cine Texas (Barcelona)

thumbnail_logo-petit-cinemes-texas

thumbnail_bigas-luna-tribut-cartellLos cines Texas, en colaboración con la Universidad de Durham (Reino Unido), una de las universidades más importantes y prestigiosas, con una gran reputación y resultados reconocidos internacionalmente en investigación y educación, celebrarán los días 12, 13 y 14 de diciembre la carrera del internacionalmente aclamado director de cine Bigas Luna. El homenaje incluirá la proyección de 4 de sus películas más conocidas, con presentaciones de académicos internacionales especialistas en su trabajo.

Este homenaje al famoso director catalán, fallecido en 2013, es parte de una serie de eventos organizados por la hija del director, Betty Bigas y el investigador y profesor de la Universidad de Durnham, Santiago Fouz Hernández, que comenzaron en San Francisco en marzo de 2015 y que continuaron en Newcastle. Barcelona es la tercera ciudad en este tributo internacional, que continuará en Los Ángeles en 2017.

Las proyecciones tendrán lugar en los Cines Texas (C / Bailén, 205) en la Sala 3, de nombre Bigas Luna, dedicada al famoso director y el precio de la entrada será de 3 €.

Lunes 12 de diciembre:

20:00 h.Se proyectará Jamón, Jamón (1992), con presentación de Santiago Fouz Fernández, profesor titulado de la Universidad de Durnham en el Reino Unido y co-organizador del evento. Tras la proyección, el público asistente será invitado a vino, cava y cerveza por gentileza de Vallformosa y Moritz y también a degustación de jamón.

Martes 13 de diciembre:

20:00 h.  Huevos de Oro (1993) y a  las 22:30 h. La teta y la luna (1994), presentada por el catedrático Alfredo Martínez Expósito, de la Universidad de Melbourne en Australia, completando así la famosa trilogía de “Retratos Ibéricos” de Bigas Luna.

Miércoles día 14 de diciembre: 

20:00 h.- Versión restaurada de Bilbao (1978), una película clave en la filmografía del director, protagonizada por Isabel Pisano y Ángel Jové. La película será presentada por la catedrática Carolina Sanabria, de la Universidad de Costa Rica, autora del libro Bigas Luna, el ojo voraz (2010). 

El cine Méliès cumple 20 años de historia en Barcelona

El próximo 20 de diciembre se cumplen 20 años desde que en 1996 Cinemes Méliès abriera sus puertas por primera vez en Barcelona.

Del 19 al 25 de diciembre lo celebrará repartiendo 1.000 regalos entre los espectadoresy con entrada reducida (3€) para todas las sesiones.

La historia de Cinemes Méliès de Barcelona, fundados por el cineasta Carles Balagué (La casita blanca, 2002;  Arropiero, el vagabudo de la muerte, 2008; La bomba del Liceo, 2010), ha estado comprometida desde sus inicios con el cine clásico, el cine europeo, alternativo y de estreno, con más de 300 títulos clásicos estrenados hasta la fecha. Una labor que ha contribuido a popularizar las obras de los grandes maestros del celuloide como Billy Wilder, Joseph L. Mankiewicz, Alfred Hitchcock, François Truffaut, Éric Rohmer, Federico Fellini, Luchino Visconti, John Ford, Luis G. Berlanga, Fritz Lang, Vincente Minnelli, Sam Peckinpah, Josef Von Sternberg, Elia Kazan, Orson Welles, Ingmar Bergman, Luis Buñuel, Pier Paolo Pasolini, Jean-Luc Godard, R. W. Fassbinder y Charles Chaplin, entre muchos otros.

La trayectoria del cine Méliès ha sido reconocida en repetidas ocasiones por su contribución al patrimonio cultural de la ciudad, con varios galardones como el Premio Sant Jordi (1996), el Premio Ciudad de Barcelona (2003) o el Premio Carles Duran (V Premios Barcelona de Cine, 2006).

Desde 2005 los Méliès forman parte de la Confederación Internacional de Cines de Arte y Ensayo (CICAE) y de la red de Europa Cinemas.

El 2 de junio de 2011 el cine sufrió un incendio que le obligó a cerrar temporalmente sus puertas, hasta la feliz reapertura, que fue posible el 5 de enero de 2012.

Paterson, vivir cada día

paterson-cartelComo me dijo un taxista, llegamos a este mundo con la película ya empezada y nos vamos de él antes de que ésta termine. Así son nuestras vidas, un fluir de días finito en el que, si seleccionamos sólo un segmento, se diluyen el principio y el final. Así es Paterson, un relato episódico que compone una serie entendida en su acepción musical: una sucesión de sonidos (en este caso imágenes) establecida de antemano y constante. Porque Paterson es eso, un recorte de siete jornadas en el vivir cada día de su personaje central, con sus repeticiones rutinarias, en el que estamos tentados de decir que no pasa apenas nada. Pero sí pasa, y mucho. Pasa la vida tal como la experimentamos (en nuestro Occidente) la mayoría, sin estridencias, sin grandes infortunios ni grandes venturas, un simple acontecer monótono. Confortablemente monótono. Luego están las menudencias que salpican aquí y allá poniéndole la sal a los aconteceres, detalles muchas veces fortuitos que sientan las diferencias haciendo a cada día singular aunque casi no reparemos en ellos si nuestra mirada no es atenta. Y todo, todo, está en Paterson, un canto a lo intrascendente lleno de lirismo.

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Paterson, el personaje (Adam Driver), es un humilde conductor de autobús, un autobús de línea regular en la pequeña Paterson, la ciudad. Un perfecto Juan Nadie que aprovecha todas las ocasiones posibles para escribir en su cuaderno secreto, poemas de verso libre (compuestos en verdad por el poeta Ron Padgett)  que nadie, ni su esposa, Laura (como la amada de Petrarca), ha leído nunca. Laura  (Golshifteh Farahani), fanática absoluta del negro, del blanco y de sus múltiples combinaciones, es un auténtico torrente creativo, siempre cambiando la decoración, siempre haciendo experimentos culinarios, siempre renovando sus sueños y sus aspiraciones. Con ellos, que aún no han tenido hijos, vive Marvin, un bulldog inglés que jugará un rol fundamental en la trama y que contribuye a pautar la rutina de la pareja. Paterson, la película, es una cinta de personajes, descritos sin subrayados de guion, interpretados sin histrionismo, dirigidos modélicamente. Paterson, la película, es también un filme de detalles, de sentimientos plasmados en imágenes, para lo cual se ha de dar la complicidad entre actores y director. Verdaderas definiciones del amor que pueden expresarse con un simple plano detalle de un cupcake montado antes del primer plano de una mirada que traduce la sonriente paciencia con la que se acepta el juego a dos. Un cupcake que no será ingerido.

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Paterson, el poemario, formalmente consiste en un montaje de escenas y de imágenes, con pocos verbos que las vinculen explícitamente. Paterson, el personaje, se confiesa admirador de William Carlos Williams, el poeta cronista de Paterson, la ciudad. Paterson, la película, funciona a su vez como los poemas del modernista, los que va escribiendo el protagonista, que se insertan en la pantalla, los que son compuestos antes por las imágenes que inspirarán las palabras. Todo el filme es una oda a la cotidianeidad. Jarmush nos concita a aceptarnos y gozarnos en nuestro fluir, tan mágico como anodino. Y si los contratiempos nos alcanzan, bastará con volver de nuevo al primer verso. Y empezar que es seguir. Y seguir que es siempre empezar.

FICX54, secciones paralelas del Festival de Gijón 2016

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La 54 Edición del Festival Internacional de Cine de Gijón se acerca al cine que más reconocimiento ha tenido en los festivales internacionales más prestigiosos a través de Gran Angular, la sección del FICX que coloca en primer plano títulos imprescindibles del cine de autor actual, como Toni Erdmann, La vida de Calabacín, La Doncella o El día más feliz en la vida de Olli Maki.

Esta nueva edición de Gran Angular mostrará ocho títulos, todos bien enfocados por crítica y público, que permitirán tener una mayor profundidad sobre el cine actual. Este ambicioso programa contiene propuestas para todos los gustos, destacando la presencia de cintas de contenido místico o metacinematográfico, historias inspiradas en ficciones literarias o reflexiones sobre la dignidad humana.

Las películas de mi vida, de Bernard Tavernier (Francia). Lo último de este maestro francés es un documental en el que el director de Hoy empieza todo hace un personal viaje a través del cine francés, desde los filmes que le encandilaron de niño hasta las figuras claves como Renoir, Becker o Sautet. Clase magistral de 195 minutos.

Lo tuyo y tú, de Hong Sang-soo (Corea del Sur). El ganador del Premio Principado de Asturias a la Mejor Película en el FICX53 está también en la 54 edición con esta historia sobre la indecisión amorosa y la capacidad que tiene el amor para reinventarse en cada ocasión. Premiada en San Sebastián.

Toni Erdmann, de Maren Ade (Alemania, Austria). La primera directora que ha ganado el Gran Premio de la FIPRESCI desde que se entrega en 1999 lo logró con esta película que gira alrededor de una sencilla pregunta: ¿eres feliz? Premiada por la crítica en Cannes, opta también a la mejor película europea y al Oscar a la mejor producción de habla no inglesa.

La vida de Calabacín, de Claude Barras (Francia, Suiza). Conmovedora película de animación realizada con la técnica de stop motion, adaptación de la conocida novela infantil de Gilles Paris sobre la vida de un niño de 9 años en un orfanato francés. Premiada en Annecy es la película que opta al Oscar a la mejor película extrajera por Suiza.

La doncella, de Park Chan-Wook (Corea del Sur). Cuidada producción basada en la novela Fingersmith de Sarah Waters, pero ubicada en la Corea bajo dominio japonés. La doncella del título es, en realidad, una carterista profesional que entra al servicio de una mujer rica. La dirección artística se llevó premio en Cannes y el público de Sitges la aupó como la mejor del certamen.

Doña Clara, de Kleber Mendonça Filho (Brasil). Regreso a Gijón de este director brasileño que se dio a conocer al público español en el FICX50 con su ópera prima, O Som ao redor. Aquarius no sólo es el título original del último trabajo del realizador, también es el nombre del edificio alrededor del cual gravita esta fábula sobre la dignidad y los daños colaterales de la especulación inmobiliaria, protagonizada por una brillante Sonia Braga.

El día más feliz en la vida de Olli Mäki, de Juho Kuosmanes (Finlandia, Alemania, Suecia). Ganadora de Un Certain Regard de Cannes, opta a representar a Finlandia en la próxima entrega de los Oscar. Inspirada en la verdadera historia de un pretendiente al título de campeón del mundo de peso pluma en los sesenta, esta historia de boxeo casi sin boxeo y con mucho amor.

Mimosas, de Oliver Laxe (España). Regresa a Gijón el director gallego afincado en Marruecos que en la 48 edición se llevó el premio del Jurado Joven por Todos vós sodes capitáns. En su última película, Laxe hace un recorrido místico a través del Atlas con la mirada puesta en la caravana que acompaña a un jeque en su último viaje. Logró el gran premio de la Semana de la Crítica de Cannes.

GÉNEROS MUTANTES

Las nuevas lecturas sobre los géneros se concentran en esta sección, que se acerca al thriller, a la ciencia-ficción, al drama y al terror de una forma no convencional, siguiendo las líneas maestras del FICX.  En esta nueva cita con Géneros Mutantes aparecen las películas premiadas en Cannes, Sundance o Sitges.

Swiss Army Man, de Daniel Kwan y Daniel Scheinert (Estados Unidos). Daniel Radcliffe dejó la magia en Hogwarts para hacerse cadáver flatulento en esta extraña producción indie en la que comparte isla desierta con Paul Dano. Ambos forman unos insólitos Robinson y Viernes en esta historia por la que Kwan y Scheinert se llevaron el premio como mejores directores en Sundance.

The Neon Demon, de Nicolas Winding Refn (Francia, Dinamarca). Thriller de horror que conquistó al jurado de la crítica en Sitges. Esta fábula sobre el mundo de la moda incendió Cannes (donde la música se llevó premio) al plantear si las top conquistan el negocio o son vampirizadas por él. Con Keanu Reeves, Elle Fanning (Super 8) y Jena Malone (Contact).

Seoul Station, de Yeon Song-Ho (Corea del Sur). El director coreano regresa a Gijón para hacer doblete con dos impresionantes historias de muertos vivientes. Song-Ho ganó ex-aequo el AnimaFICX de la 51 y los aficionados podrán ver en toda su crudeza cómo se propaga una salvaje pandemia zombi… animada.

Train to Busan, de Yeon Song-Ho (Corea del Sur). Ésta ha sido la primera película coreana en romper el récord de audiencia con 10 millones de espectadores y, para la crítica, es una de las sensaciones del año. ¿Qué ofrece? Apocalipsis zombi cuajada de horror, suspense y acción que logró dos premios en el Fantasia Film Festival.

Melanie, The Girl With All The Gifts, de Colm McCarthy (Gran Bretaña). Esta historia distópica de infectados toma como base la novela homónima de M.R. Carey, quien también firma el guión. McCarthy, que ha dirigido capítulos de series como Sherlock o Doctor Who, contó para esta vuelta de tuerca del género con Glenn Close, Gemma Arterton y Paddy Considine.

CICLO PABLO HERNANDO

La 54 edición del FICX dedica uno de sus ciclos al director español Pablo Hernando. Nacido en Vitoria en 1986, este director y guionista ha firmado cinco cortos y tres largometrajes. El público de Gijón podrá ver seis de esos trabajos, entre ellos los largos Cabás, Berserker y Esa sensación, producción dirigida conjuntamente por los directores Juan Cavestany y Julián Génisson.

Cabás (2012). Hernando encaró su primer largometraje con apenas 2.000€ y un equipo reducidísimo. Con esos mimbres rodó la historia de Xabi (Xabi Tolosa), justo en el momento que se queda enfermo y sin novia.

Berserker (2015). Película de misterio protagonizada por un escritor sin ideas para su próxima novela que decide ponerse a investigar un crimen para usar esa historia en su libro. Protagonizada por Julián Génisson (Magical Girl), Ingrid García Jonsson (Hermosa juventud) y Vicenç Miralles (Cabás).

Esa sensación (2016). Cavestany (Dispongo de barcos), Génisson (La tumba de Bruce Lee) y Hernando filman esta película-manifiesto con tres historias que tienen en común un punto de partida: coger la cotidianeidad más absoluta y buscar lo que hay debajo.

El FICX exhibirá también los cortos Efecto Kuleshov: Segundo Experimento (2010), Agustín del futuro (2011) y Magia (2013).

LA NOCHE INNOMBRABLE

Una nueva edición del ciclo coordinado por Jesús Palacios que, en sus palabras, es la noche “que todos los festivales necesitan”. ¿Y para qué? Por pura diversión. “Para lograr divertir cumpliendo a la vez los requisitos no escritos del mejor espectáculo cinematográfico, fundiendo entretenimiento, sentido de la maravilla e incluso delirio, con creatividad artística y excelencia en la factura técnica”, argumenta el crítico y escritor.

Con esos criterios, La Noche innombrable ofrece en la 54 tres títulos: el premiado largo They Call Me Jeeg, de Gabriele Mainetti y los cortos Hileta, de Kepa Sojo y Decorado, de Alberto Vázquez (Psiconautas).

PASES ESPECIALES

La 54 edición del FICX ofrecerá cuatro pases especiales: las producciones españolas Frágil equilibrio y Excluidas del paraíso, y la húngara Hijos de la gloria.

Frágil equilibrio, de Guillermo García López (España). La película, que cuenta con el apoyo de Oxfam Intermón, se articula a través de las palabras del ex presidente de Uruguay José Mujica, que guía al espectador en una reflexión sobre los problemas universales a través de tres historias: dos ejecutivos japoneses en Tokio, cuyas vidas se basan únicamente en sus trabajos; una comunidad subsahariana en el Monte Gurugú, en la frontera entre África y Europa, que se juega la vida intentando un futuro mejor; y varias familias en Madrid destrozadas por la crisis y la pérdida de sus viviendas.

Excluidas del paraíso, de Esther Pérez de Eulate (España). Película para la tradicional sesión de Les Comadres. En pleno siglo XXI, ¿qué mecanismos reproducen y perpetúan el patriarcado? A través de voces de relevantes pensadoras feministas, este documental intenta responder a esta pregunta.

 

Hijos de la gloria, de Krisztina Goda (Hungría). Drama basado en hechos reales, situado en los Juegos Olímpicos de 1956, en Melbourne, donde el equipo húngaro de waterpolo se enfrentó con ferocidad al equipo soviético, en el que sería uno de los partidos más salvajes de la historia del deporte.

La estación de las mujeres, de Leena Yadav. El tercer largometraje de la directora india huye del tópico retrato exótico de la India rural y se detiene en las rígidas normas patriarcales aún no superadas. Bello canto a la libertad de la mujer con la que la Oficina de Políticas de Igualdad del Ayuntamiento de Gijón recuerda el Día Internacional contra la violencia de género.

 

 

Sully, una lección de buen cine

es-one-sheet-sullySin lugar a dudas el cine de Clint Eastwood no es innovador (ni menos aún experimental) en sus formas. Ni falta que hace.  El californiano es el mejor heredero de la narrativa clásica de los padres del cine y en Sully vuelve a demostrarlo. Con Sully el director vuelve a ofrecernos un biopic, género en el que es experto, pero, como siempre, nos da mucho más que una simple biografía. Porque con su última película podemos decir que se adentra en las aguas del cine de catástrofes aéreas, aquel género que tan buenos/malos momentos nos hizo pasar en la década de los setenta. Se adentra en él pero para superarlo y llevarlo más lejos hasta abordar una de las constantes de su cine: el papel del héroe en la sociedad retratado desde todos sus ángulos, desde su experiencia más íntima (mostrando sus vacilaciones interiores) hasta su repercusión en las distintas capas sociales. Desde ese contraste de cómo se ve a sí mismo y cómo le ve el resto, Eastwood reflexiona sobre la incidencia de esos personajes (que en ocasiones, como en esta Sully, son llevados a la heroicidad por las circunstancias más fortuitas) en la esfera de lo colectivo. Sus héroes no son monolíticos ni están tocados por poderes superiores, son humanos, muy humanos, por eso dudan ellos y despiertan dudas en otros (dudas, las de esos otros, que en ocasiones obedecen a sus propios intereses más o menos mezquinos). El de Eastwood es un héroe para tiempos de crisis, como aquellos de Capra que tan bien encarnara Gary Cooper en Juan Nadie o El secreto de vivir, su hazaña, que tiene tanto de ocasional como de solitaria, acaba sirviendo como modelo sobre el que proyectar la esperanza colectiva.

Aunque no innove en las formas, el cineasta imprime en ellas su sello particular ofreciéndonos un auténtico ejercicio de autoría. Sully, como veíamos, es un biopic, más una película de catástrofes aéreas y a ello hay que sumar también un thriller judicial; un poderoso cóctel multigénero que, aun respetando las claves de cada uno de los géneros mixturados, resulta atípico en su composición y resolución. Así, la acción empieza allá donde terminaban las cintas canónicas de desastres: en el día después del accidente, el momento de las pesadillas y el de enfrentar si se ha tomado la decisión correcta, la hora de determinar si su acto ha sido una intervención proverbial o una imprudencia temeraria que milagrosamente no se ha cobrado ninguna vida. Lo otro, los momentos previos al embarque, la presentación de personajes implicados, el accidente en sí y la milagrosa salvación de todo el pasaje y la tripulación por la pericia y el arrojo del capitán, que era lo que ocupaba la totalidad de aquellos filmes, no llega hasta bien entrada la película como introducción al tercer acto (digno de mencionar es que toda esa secuencia no está subrayada por ninguna música dejando que se oigan los sonidos de la confusión).

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Episodio nuclear para Chesley Burnett “Sully” Sullenberger, la película nos resumirá su vida girando sobre ese día y los que le siguieron de inmediato, al modo de otros biopics recientes como Selma (Ava DuVernay) sobre Martin Luther King o el Lincoln de Spielberg. Un relato biográfico ajeno a las estridencias y las glorificaciones desmedidas, cosa a la que contribuye la excelente y contenida interpretación de Tom Hanks. Acompañaremos a Sully en sus pesadillas, las que le asaltan en sueños, las que le persiguen ante la comisión de investigación del accidente en la que la compañía y las aseguradoras tratan de demostrar que, aun habiendo salvado a todo el pasaje, la suya fue una decisión imprudente puesto que habrían habido otras opciones en las que no se habría perdido el avión. Ahí es donde la película funciona como thriller judicial, vertiente que alcanza su culmen en el tercer acto que conduce al desenlace.

Sully es un tres en uno desarrollado en poco más de hora y media (como el buen cine de antes) que mantiene en vilo al espectador hasta su último plano, así de bien tratada está la intriga en el filme. Si Eastwood consigue tanto en tan poco, es por su pericia narrativa que llena de información cada encuadre, y por su buen hacer con los recursos del lenguaje cinematográfico. El cineasta demuestra cómo hacer acopio de flashbacks no es obligatoriamente sinónimo de pesadez, reiteración o falta de agilidad. Todos entran elegantemente en el momento preciso y cada uno, retrocediendo en el tiempo, hace avanzar la trama con buen pulso hacia adelante. Tal vez no sea una obra maestra, pero, como siempre, Eastwood nos lega toda una lección de buen cine.

Trolls, en pos de la felicidad

bumper-satin-chenilleCélebres por sus pelos de colores, locos y mágicos, los Trolls son las criaturas más felices y alegres que irrumpen en el mundo de la canción. Pero su mundo de arco iris y cupcakes cambiará para siempre cuando su líder Poppy (Anna Kendrick) debe embarcarse en una misión de rescate que la llevará muy lejos del único mundo que siempre ha conocido.

De la mano de Mike Mitchell y Walt Dohrn (directores de la cuarta entrega de Shreck) nos llega Trolls: una inocente (casi ingenua) comedia musical que reflexiona sobre la felicidad, su búsqueda y su condición de fuerza interior; es en cada uno de nosotros donde se halla y la amistad es el camino para encontrarla y compartirla. Trolls utiliza la música para sostener la narrativa de la película; la banda sonora de la película está producida por Justin Timberlake, que trabaja también como productor ejecutivo de música, y cuenta con canciones del propio Timberlake, Gwen Stefani, Anna Kendrick y Ariana Grande, así como varios clásicos de la época de los 60, 70 y 80 versionados por miembros del reparto. Un score que hará las delicias de los más pequeños y también de los mayores.

Los Trolls son criaturas radiantes que pasan el día cantando, bailando, abrazándose y comiendo cupcakes. El suyo es un mundo de colorido exultante que lo inunda todo desde sus pequeños cuerpos y largos penachos, hasta su entorno siempre luminoso. Es fácil imaginar que sus figuras inundarán las tiendas de juguetes pues ya en la pantalla vemos desfilar toda una serie de personajes y objetos que están pidiendo a gritos convertirse en merchandising. La película expone un mundo único inspirado en fibras, materiales de terciopelo, pelaje, purpurina y colores brillantes. Los espectadores se verán envueltos en este universo táctil y atractivo que los productores  llaman  “inmersión peluda“. Toda una experiencia sensorial.

Frente a los pequeños héroes están los Bergens y su mundo grisáceo, unos villanos que sólo son felices cuando tienen un Troll en el estómago, carecen de armonía y alegría y sólo pueden encontrar la felicidad a través de medios visibles más dañinos. No tienen mucho control sobre su felicidad y es menos satisfactoria cuando la consiguen. Si los Trolls representan el optimismo extremo, sus antagonistas son la imagen viva del pesimismo más acérrimo. La peripecia que viven en la película unos y otros hará que la balanza se equilibre y reine la sensatez y la armonía para todos ellos. Uno de los detonantes de esta confluencia será la historia de Bridget, la criada de palacio que está secretamente enamorada del rey.  Es todo un acierto del filme retratar esta subtrama interpolando la conocida historia de la Cenicienta. Bridget es la Bergen más dulce y bondadosa de toda Ciudad Bergen; de hecho, puede que sea la única Bergen bondadosa. Ayudada por los Trolls revelará su amor y se producirá la catarsis en la que todos los personajes se hermanan.

Trolls es un canto a la alegría voluntariamente ingenuo, el objetivo de sus directores es distanciarse del discurso dominante siempre propenso al desencanto y la ironía y regalarnos un final feliz que nos devuelva las ganas de soñar.

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