Robin Williams, una crónica de urgencia

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Más que el hombre de las mil caras, fue el hombre de las mil voces, por eso es justo reconocerle por su esmerado trabajo en Mrs. Doubtfire, aunque la película nunca vaya a ser incluida entre los cien mejores títulos de la historia (son tan absurdas esas clasificaciones). Tampoco figurará su película para Peter Weir, pero siempre estará en mi memoria y siempre defenderé El club de los poetas muertos. Tal vez porque entonces yo era joven y entusiasta (¡No cambies nunca, Montse, no cambies nunca! me dijeron) y hubo quien me comparó a ese inmortal profesor Keating (¡Oh capitán, mí capitán!). Tal vez porque aunque sí he cambiado, sigo teniendo alma de Peter Pan, cuya historia estuvo siempre en la obra de Spielberg desde mucho antes de rodar Hook y hacer de Robin su máscara perfecta. De entre sus más de cien títulos como actor me quedaré también con su Risvegliare, así con su título en italiano porque fue en Italia donde vi los primeros carteles, otra de esas películas que resultan un canto a la vida aunque tenga tantas sombras. Pero si sigo fumando, como signo de afianzar la vida sin negar la muerte, será por culpa de Más allá de los sueños la olvidada película del olvidado Vincent Ward.

Quiero entretenerme en la obra del neozelandés porque la considero injustamente infravalorada. Pese a tener momentos excesivamente almibarados, su imaginario visual es tan poderoso que sólo por él ya resulta notable. La he visto muchas veces, tantas que me sé de memoria sus escenas, pero sigo poniéndola cuando necesito sentir que la belleza y el amor permanecen eternos. Hoy es un buen día para recuperarla, ahora que por mano propia Robin Williams se ha marchado de viaje al ultramundo, para desearle que se encuentre ese paraíso colorista que soñó un día Richard Matheson y que Ward recreó tomando referentes clásicos del infierno de Dante, tonos cromáticos casi fauvistas y paisajes propios de Caspar David Friedrich.

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Dicen que la casualidad es la mayor de las causalidades. El domingo sin venir a cuento ni haberla escuchado en muchos años se me coló en la cabeza How about you? canción que suena varias veces en El rey pescador (la película de Terry Gillimas que más significa para mí) y ayer seguía tarareándola, mientras, Robin Williams, decidía ir a buscar el Santo Grial a otros mundos. Que la tierra le sea leve.

Aïda Ballmann, nueva estrella en el firmamento del cine

Descrita por el crítico de La Vanguardia como pieza para coleccionistas, The Extraordinary Tale ha sido una de las sorpresas más gratas que han llegado a nuestra cartelera en este 2014. Hablamos sobre ella en este blog y entrevistamos a uno de sus directores, Jose F. Ortuño, pero nuestro trabajo no estaría completo si no le dedicásemos un artículo completo a Aïda Ballmann su protagonista y auténtica estrella del filme. Aïda nos enamora en su interpretación de la chica (sin nombre en la película), ella es la auténtica alma del relato presente en casi todos los planos, todo un trabajo actoral de gran calado. Sin duda una actriz que se entrega totalmente a su papel, pero también una mujer interesante en sí misma, Aïda ha tenido la amabilidad de responder a nuestras preguntas, sus propias palabras son su mejor carta de presentación. Os dejamos con ella y sus interesantes respuestas, espero que disfrutéis de su entrevista tanto como lo ha hecho quien escribe. 

aida_016Tu infancia transcurrió en el idílico paraje de El Hierro, en un ambiente propicio al arte y la cultura debido al trabajo de tus padres, ¿qué es lo que te marcó más de esa época?

La libertad para desarrollarme tal y como necesitaba, gracias a la educación recibida. Obviamente, no existe nada perfecto y todo tiene sus dificultades o decisiones erróneas que se toman frente a ciertas situaciones en la vida, pero todo depende de cómo uno se las toma: El mayor regalo de mis padres ha sido entender que soy responsable de mi realidad y que, frente a cualquier situación tengo la posibilidad de elegir mi postura (positiva, para encararla y superarla, o negativa y victimista).

Para mí, la sociedad representa muchas veces una cárcel donde las normas sociales, protocolos, etc. no te permiten ser como realmente eres y te tienes que adaptar. Mi infancia, sin embargo, ha sido todo lo contrario: Un camino de descubrimientos. Pude probar muchas disciplinas artísticas, viajar desde muy joven, conocerme, plantearme el por qué de la existencia, etc.

Pronto te revelaste como una auténtica trotamundos, ¿cuántos países has conocido? ¿tu condición de viajera te influyó en tu decisión de ser actriz?

Mis viajes se iniciaron desde muy pequeña con mis padres, a los trece años ya hacía algunos viajes sola a Alemania y por las Islas Canarias.

Al cumplir dieciocho años, necesité volar y descubrir mundo. Había crecido en un entorno muy seguro y paradisíaco, en El Hierro, pero sabía que eso no lo era todo. Cogí la mochila y, junto a mi hermana melliza, me fui a Iglaterra, Irlanda, Holanda e hice el Camino de Santiago. Luego cruzamos el charco y nos introdujimos en la cultura de los países latinos por los que pasábamos (íbamos sin rumbo fijo: Si un lugar concreto nos gustaba, nos quedábamos). Pasamos por Brasil, Paraguay, Chile, Argentina, Bolivia, Perú y México.

En ese año sabático, conocí de cerca ese gran monstruo que azota a gran parte del planeta: La pobreza. Las desigualdades e injusticias que compartí de cerca al integrarme en las diferentes formas de vivir distintos lugares por los que pasaba, me hicieron plantearme cuál podría ser mi misión en este mundo. Sentía la necesidad de aportar algo bueno a la humanidad. De ahí que decidí ser actriz: Mi ilusión es recrear realidades, llamar la atención sobre ellas y hacer que las personas vivan una catarsis a través de ellas, se hagan preguntas e, incluso, busquen sus propias soluciones a ellas.

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Nada más volver a España, me matriculé en Gijón en Arte Dramático pero el vicio de viajar no lo perdí nunca pues para mí es muy interesante observar la sociedad de cada cultura, compararla y sacar a relucir lo positivo de cada una. Es casi un defecto profesional el inspirarme en la gente gracias a la observación y el análisis.

Así que, mientras estudiaba o trabajaba, me escapaba siempre que podía a descubrir algún rincón del mundo, como Japón, Colombia, Chile, Perú, Suiza, Estados Unidos, Portugal, Francia, etc.

Espero hacerme un buen mapamundi en mi cabeza antes de morir y entender a la humanidad… Me encanta la diversidad, hace que cada lugar y persona sea único e irrepetible, pero en el fondo todos somos muy parecidos en nuestros funcionamientos. Actuamos por motivación, por amor, por búsqueda de aprecio, por autosuperación, por supervivencia, por curiosidad,… En cualquier caso: Todos merecemos y necesitamos amor.

a004Estudiaste arte dramático en Asturias y Sevilla, tus primeros trabajos, sin embargo, fueron en los espectáculos de Isla Mágica, donde te formaste como acróbata. ¿Cómo conjugaste tu formación teórica y tu experiencia práctica? ¿Cómo han influido tus conocimientos circenses en tu oficio de actriz? ¿Está todo relacionado?

Mis primeros pasos en el mundo laboral fueron realmente en Gijón con la compañía de teatro infantil La sonrisa del lagarto, donde la comicidad y el teatro gestual fueron los pilares de expresión. Ahí me di cuenta de que, aunque con los estudios se aprende mucho, la mejor profesora es la experiencia.

Una vez que comencé a trabajar en Isla Mágica, la mayor parte de la teoría acumulada en mi mente durante años, me sirvió de muy poco para enfrentar un público demandante y cambiante con cada día que pasaba.

Por otro lado, viví la rutina en el arte, la mayor muerte para éste. Pasé por el proceso de convertir mi interpretación en algo mecánico a romperlo de nuevo y recuperar su frescura. Perfilé el arte del engaño a la manera de Al Pacino cuando dice: “Siempre digo la verdad, incluso cuando miento”. Es decir, daba igual cómo me sentía en mi vida personal, al espectador le tenía que transmitir lo que le ocurre al personaje con la mayor veracidad posible, aunque para ello tenga que recurrir a técnicas de interpretación. (Considero difícil hablar sobre técnicas, para mí se trata más bien de buscar caminos para expresar algo y estos “caminos” se pueden analizar y desmenuzar para convertirlo en una expresión consciente. En ese sentido, los cuatro años que me pasé formándome en la escuela, fueron más bien para descubrirme las herramientas que tengo, mis virtudes y defectos y aprender a canalizarlos hacia el resultado deseado).

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A nivel personal, opino que una persona es más completa cuanto más cosas sabe ya sea a nivel general o en relación a su profesión. Este pensamiento lo llevo a mi trabajo como actriz: Cuantas más disciplinas y habilidades domine, más herramientas tengo para enriquecer mi interpretación. Por suerte, he empezado a desarrollar estas facetas desde muy joven de manera autodidacta. Mientras estudiaba, seguía formándome en cursos puntuales que me interesaban y, durante los años que trabajé en el parque temático, seguía practicando mucho. Pude probar casi todo lo que aprendía con el público… Hasta que llegó el momento en el que me comencé a aburrir porque no sabía qué más hacer para seguir creciendo… Y fue entonces cuando apareció “The extraordinary tale” en mi vida.

Tu primer papel protagonista te llega de la mano de The Extraordinary Tale of the Time Table. ¿Qué te llamó la atención del proyecto? ¿Fue duro el casting?

El casting lo hice como uno más de los muchos que solía hacer, sin esperar ser seleccionada, casi como si formara parte de mi entrenamiento interpretativo. Después de unos meses, me llamaron para un segundo casting junto al que sería mi compañero de reparto, Ken Appledorn.

Tengo que decir que odio los casting, suelo pasarlo fatal porque no me gusta que me analicen de arriba a abajo. Pero en esta ocasión, decidí disfrutarlo y dar lo mejor de mí. Si les gustaba mi trabajo, bien, si no, tampoco perdía nada. Y resultó que les gusté y que decidieron confiar en mí con este gran proyecto.

Cuando leí el guión no entendí mucho: Era un mundo raro en el que sólo alcanzaba visualizar algunas imágenes de escenas concretas. Pero me atrapó y, en los primeros ensayos comencé a vislumbrar el camino a seguir.

aida_018Tu personaje en el filme apenas usa la palabra oral, se comunica escribiendo y, sobre todo, con sus expresiones faciales. ¿Tenías conocimientos sobre el arte de la mímica? ¿Cómo te ayudó tu condición de acróbata en la interpretación?

Sobre el arte de la mímica sabía lo justo que había aprendido en la escuela de arte dramático. Aunque siempre me gustó expresarme con el cuerpo, creía que mi gestualidad era poco precisa y que no transmitía con suficiente claridad el mundo interior de mi personaje. Me obsesioné con esa idea: Durante dos meses no hacía más que pensar en detalles a mejorar en la película desde que me levantaba y hasta que me acostaba y , aunque seguía trabajando en el parque temático, éste dejó de importarme. Lo mismo pasó con mis amistades. Pobres, qué paciencia.

La acrobacia no fue más que un suplemento que introduje aquí y allá en algunas escenas para darle más color al personaje y resultó que calzó muy bien.

Es imposible ver The Extraordinary Tale y no salir enamorado de tu actuación. ¿Cómo preparaste el papel? ¿Hubo alguna escena que te pareciera especialmente complicada? Hay un momento en el filme en el que caes al suelo desde los hombros de tu compañero, ¡¡hace daño verlo!! ¿Fue tan real la caída como lo parece?

La caída fue un accidente. Como rodamos en 13 días no hubo tiempo para la improvisación: Tuve que llevar cada escena ensayada al dedillo para no equivocarme. Pero ésta fue la última que rodamos y me permitieron improvisar. Me dio tiempo de decirle a Ken: “Me voy a subir a tus hombres, me tienes que agarrar de los tobillos y caminar”, no tuve tiempo para decirle más nada porque en medio de los “¿qué, quéeee?” de Ken, escuchamos el “¡acción!” y me subí a sus hombros. Ken hizo todo como ordenado, pero empezamos a tambalearnos. Ken, asustado, no me soltó los tobillos en ningún momento, un compañero muy protector; hizo lo que cualquiera que nunca hubiera hecho acrobacia… Lo correcto hubiera sido que me soltara los pies para saltar, pero, en lugar de ello, fueron mis rodillas lo primero que tocaron el suelo. Me di tal golpe que estuve cojeando durante dos meses. Por supuesto, le resté importancia: Tocaba celebrar el final del rodaje y no tener a todo el mundo preocupado por mi, por mi falta de noción del peligro: Me gusta rozar los límites para que éstos se expandan. Pero ese riesgo a veces supone pequeños accidentes.

El papel me lo preparé de la siguiente forma: Cogí el guión y, tras leerlo varias veces, apunté con un verbo cada acción del personaje. Cuando ensayábamos, uno de los directores me iba leyendo los verbos, yo los iba ejecutando (sin objetos, normalmente, sólo el gesto) neutralmente y el otro director me iba grabando. Luego recibía correcciones y lo repetía hasta dos o tres veces más, empapando cada vez más estas acciones con las emociones y pensamientos del personaje. De ahí fue surgiendo su particular manera de expresarse y de moverse.

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Una vez terminado el ensayo, apuntaba hasta el mínimo detalle lo que había hecho para releerlo y practicarlo yo sola.

Prepararme las escenas fue relativamente fácil una vez que entendí cómo era y cómo se expresaba el personaje. En los ensayos tuve tiempo de probar y de desechar lo que no funcionaba. De esta manera, en el rodaje iba a tiro hecho. Pero sí que hubo dos escenas que se me atravesaron: Una en la que Ken y yo nos besamos por primera vez donde, entre el agotamiento y la cara de éste, no podía parar de reírme. Cada vez que giraba la cara hacia él, me quería morir. Verlo tan manchado de chocolate a las cinco de la mañana y con esa cara de inocente era demasiado para mí.

La otra escena que se repitió más veces de la cuenta (normalmente íbamos a toma única o dos tomas) fue aquella en la que recojo la ceniza de mi madre del suelo y la voy colocando en vasos en el borde del fregadero mientras hablaba. La escena en sí no tenía gran dificultad para mí pero o fallaba yo o lo hacía el cámara: Nos costó ponernos de acuerdo para la toma buena.

Zancos1Jose-Wela¿Cómo fue tu relación con la pareja de directores? Rodasteis en apenas dos semanas, ¿Fueron duras las sesiones? ¿Qué anécdotas divertidas nos puedes contar?

Ser dirigida por dos artistas fue sublime: Odio sentirme perdida como actriz con falta de indicaciones. En este caso y, aunque ambos caminaban en la misma dirección, ambos me enriquecían desde su perspectiva.  Generalmente, Laura me daba muy buenas notas sobre el mundo interior del personaje mientras que Ortuño era más técnico.

El rodaje fue duro por las largas jornadas (la primera semana rodamos de noche y la segunda de día) pero, como estaba haciendo lo que más me gusta, se me hizo muy ameno. Una vez finalizado el rodaje, me di cuenta del enorme desgaste que supuso para mí: Lo di todo y me quedé vacía. Durante el rodaje, no me permitía fallar, fueron muchas horas de máxima concentración, tenía que tener la energía justa que requería cada escena aunque mi cuerpo no podía más (durante la primera semana, encima, trabajaba de día en el parque temático), etc.

A todo esto, se sumó una ola de calor. Esto supuso que en plató, hiciera de cincuenta grados para arriba, por los focos. Había que evitar ver los chorros de sudor en cámara y salir a la calle a los 48 grados era “coger el fresco”.

Recuerdo con mucho cariño la noche en que me vistieron de novia para casarme con Ken. Él tenía que cogerme en brazos, conseguir meterme por la puerta de la casa y darme un beso. No lo lograba, me quedaba atascada golpeando con los pies la pared de la casa y haciendo que temblase entera. Ken se fue poniendo nervioso y, en una de esas, me dio un beso con más intensidad de la esperada y mi labio empezó a sangrar con tal ímpetu que me tuvieron que proteger del vestido para no mancharlo.

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Del rodaje hay poco que contar porque iba todo sobre ruedas y no podíamos perder el tiempo. Pero rodar con el niño de dos años fue una experiencia muy dura: Cada vez que me veía se echaba a llorar y salía corriendo, así que no pudimos grabar juntos casi nada. Al final, optaron por hacerle jugar sólo en plató y, cuando hacía algo que cuadraba con la escena, me lo contaban y yo reaccionaba ante cámara como si lo tuviera delante.

The Extraordinary Tale es toda una prueba de fuego en la que se ve todo el talento que posees, ¿Qué vendrá ahora? Cuéntanos tus proyectos de futuro.

Ahora mismo tengo tres proyectos de películas a rodar de aquí a un año y una serie: Protagonizaré “Muerte Súbita” de Domingo Doreste, así como “El Sendero Bimbache” de Iván López y haré un secundario en Uno de Alejandro Marcos. La serie es “The Holy Fountain” de José F. Ortuño y Laura Alvea.

No puedo imaginarme en otra profesión, así que espero poder seguir desarrollándome como actriz e investigando sobre mis limitaciones para romperlas: Desde la incomodidad y el suelo inestable salen las mejores sorpresas.

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Jose F. Ortuño, un director a descubrir, nos habla de The Extraordinary Tale

the-extraordinary-tale-of-the-times-table-547x600Ya has contado muchas veces que el germen de vuestra película fue una tentativa de catarsis personal, pero ¿por qué precisamente hablar de la paternidad-maternidad en clave de cuento?

Creíamos que contar una historia con ese desenlace, con ese clímax, o se contaba como cuento, envuelto en ese tono, o sería insoportable para el espectador. Esta misma historia contada de forma realista hubiera sido demasiado dura, o eso creemos nosotros. Además, nosotros somos muy fans de los cuentos clásicos.

La película habla también de la complejidad de hacer amigos, todo un acierto de guión expresarlo con la máquina de escribir como vehículo de comunicación, ¿cómo se os ocurrió? ¿Qué queríais expresar?

En efecto, cuando cuentas las cosas en forma de cuento te puedes permitir usar metáforas más o menos elaboradas. Hoy en día los medios de comunicación son infinitos, desde los móviles, a las tablets, chats, ordenadores, etc. ¿Cómo aunarlos todos en un sólo objeto simbólico y atractivo? Fue respondiendo a esta pregunta como se nos ocurrió la idea de la máquina de escribir “vintage”.

Es inevitable pesar en Jeunet y Caro al verla, pero no nos recuerda a Amelie (por mucho que se haya dicho) sino a Delicatessen y concretamente a al modo en el que allí se trataba la historia de amor, ¿qué piensas al respecto? ¿Qué influencias os han inspirado?

Tienes toda la razón. Jamás pensamos en Amelie durante el desarrollo de esta película (a mí personalmente no me entusiasma, la verdad), aunque luego todo el mundo la compara. Y sí, es cierto que Delicatessen es una película que nos fascina y aunque la usamos de referencia sobre todo en el tratamiento fotográfico, es inevitable que el tono burlesco con el que está contada esa historia (también muy oscura, por cierto) nos contagiase.

OrtuñoOtra de las preguntas inevitables, ¿por qué en inglés?

Una cosa que vimos durante el desarrollo de la historia es que queríamos que fuese universal, que no se ubicase en ningún lugar ni tiempo concretos. Por ello los personajes no tienen nombres, ni prácticamente nada lo tiene, ni siquiera la comida. Eso es también fruto de la influencia de los cuentos clásicos, donde los personajes no tienen nombres propios, sino que son “la abuela”, “el lobo”, “el sastrecillo valiente”, de manera que se convierten en símbolos universales de cualidades concretas o de ideas. Eso es lo que pretendíamos con esta historia. Lo mismo con la temporalidad, los cuentos clásicos no empiezan “el 14 de octubre de 1985…” sino con un sencillo “érase una vez”. Y claro, si la cuentas en castellano inmediatamente la estás ubicando, por eso elegimos el idioma más universal que hay. Y es que, nos guste o no, el inglés es el latín de nuestro tiempo.

The Extraordinary Tale es un filme notable, más siendo una ópera prima. Testimonia un elaborado proceso de composición, ¿cómo fue ese proceso? ¿cómo pudisteis rodarla en tan sólo dos semanas?

Aunque el rodaje duró solo dos semanas, nosotros llevábamos un año previo preparándola, detalle a detalle, plano a plano. Con los actores estuvimos ensayando casi tres meses, escena por escena, incluso hicimos que Aïda hiciese un listado de cada acción que llevaba a cabo su personaje, hasta la más mínima. Todo debía estar muy medido y estudiado para después poder rodar de cada plano una o dos tomas únicamente. De hecho, ya desde la escritura de guión se tuvo en cuenta la limitación de tiempo y presupuesto. Así pudimos llevarla a cabo en ese tiempo récord.

En vuestra obra está muy bien trabada la historia y la forma de rodarla, ¿cómo decidisteis expresar la evolución del relato a través del tratamiento del color? ¿y el paso de la cámara anclada a la cámara al hombro? ¿Qué emociones queríais provocar?

La película narra la evolución de una relación de pareja. Y en el cine creemos importante que todo lo que se transmite debe ser expresado a través del lenguaje cinematográfico. Así, si la relación va “de la luz a la oscuridad” eso debía ser expresado  través de todos los recursos posibles. Desde el uso del color, que evoluciona –como la relación- desde lo cálido a lo frío, al uso de la luz, que va de lo luminoso a lo oscuro. Así, si ves un fotograma cualquiera de la película casi puedes adivinar en qué momento se encuentra la relación entre los personajes. Igualmente, a medida que el personaje principal va perdiendo sus “puntos de apoyo” y está cada vez más inestable y desequilibrado, ¿qué hacemos con la cámara? Justo eso, cuanto más desequilibrada está ella, más lo está la cámara, de manera que cuando la relación está bien, estabilizada, la cámara se mueve siempre sobre maquinaria anclada y los movimientos de cámara son suaves. Y cuando pierde el control, usamos más “cámara al hombro” inestable y errática.

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Se ha hablado del esperpento, pero a mí vuestra película me irradia mucha ternura, ¿cómo habéis conseguido ese equilibrio entre lo grotesco y lo tierno?

Eso debe decidirlo el espectador. Nosotros hemos trabajado muy duro, ensayado mucho con los actores para buscar ese tono que es tan difícil; afortunadamente contamos con actores fabulosos que lo dieron todo y se dejaron la piel ensayando y trabajando intensamente, tanto Ken como Aïda así como Mari Paz y Jane. Pero, como digo, es ahora el espectador el que debe decidir si hemos conseguido ese equilibrio o no.

Sin duda, el personaje mejor desarrollado es el de la chica (así sin nombre) ¿cómo lo fuisteis construyendo? ¿Qué queríais expresar con su vestirse con varias capas de ropa? ¿Por qué las tablas de multiplicar?

La historia es la de ella, todo está focalizado en ella y todo lo vemos a través de sus ojos (y su mente). De hecho, el espectador no ve ni sabe nada que ella no sepa. Por eso el rostro de él no lo mostramos hasta que ella lo ve por primera vez, por ejemplo. Fue complicado dar con la actriz adecuada para retratar a un personaje que, aunque tuviese esas rarezas, pudiese producir empatía en el espectador. Afortunadamente, tras ver cientos (literalmente) de pruebas, apareció Aïda Ballmann, que creímos perfecta para el personaje por su mezcla de candidez y oscuridad. El personaje tiene muchas características, como su ingenuidad o su miedo al contacto con otras personas (por eso no quiere saber nada de los “extraños”), eso está simbolizado con las “capas” que ella viste, como si fuera una cebolla (cuando su vida se descompone, de hecho, la vemos literalmente descomponiendo una cebolla). Estas capas la protegen y la separan de ese mundo exterior que tanto miedo le da. La tabla de multiplicar es su refugio, es el cuento que le contaba su madre y gracias a lo cual podía “descansar” de su “exceso de amor” y recurre a ella cuando quiere sentirse a salvo. Aunque no siempre le funcionará, como vemos en la película.

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A vueltas con el personaje femenino, ¿fue difícil el casting? ¿Cuántas pruebas hubo y qué os decidió por Aïda? ¿Cómo fue el trabajo con ella?

Fue complicadísimo. Abrimos el casting al mundo entero, y Laura, directora de casting de la película, tuvo que ver cientos de pruebas de actrices de todo el mundo. Pero no encontrábamos lo que buscábamos. Cuando estábamos a punto de tirar la toalla, e incluso se barajó suspender el rodaje, nos llegó el vídeo Aïda Ballmann. Pero era sólo un vídeo, subido a Youtube, con su nombre y una dirección de email. Por su acento pensábamos que tendríamos que traerla de Alemania o de Austria, y empezamos a echar cuentas de si podríamos permitírnoslo, ya que queríamos ensayar durante al menos dos meses. Pero como era la única actriz que se ajustaba a lo que queríamos y estábamos casi desesperados, decidimos hacer el esfuerzo y traerla de donde hiciera falta. Cuál sería nuestra sorpresa cuando finalmente contactamos con ella y descubrimos que justo en aquel momento estaba viviendo en nuestra misma ciudad. Estaba destinada a ser la protagonista de la película, sin duda.

Ese aspecto general de cartoon, caricaturesco, ¿es una forma de suavizar uno de los dos finales sugeridos?

Entre otras cosas. El tono que buscábamos era una mezcla de esperpento y de cuento tradicional. Y, como decía al principio, el objetivo principal era envolver de realismo mágico un relato que, de haber sido realista, hubiese podido ser insoportable de ver.

¿Ha sido difícil verla estrenada en España? ¿en cuántas salas se ha proyectado? ¿cómo ha respondido el público?

Cuando haces una película independiente sin ayudas ni subvenciones cada paso es una odisea. Por suerte, la película ha ido funcionando bien allí donde ha ido, lo cual ha ido allanando el camino de distribución de la película. Las críticas fueron muy positivas, y que grandes medios como el Hollywood Reporter la recomendaran hizo que distribuidoras de todo el mundo se interesaran en ella. Ortuño 4Así, conseguimos distribución en países como EEUU o Colombia, y eso ayudó a que en España pudiese llegar a los cines, y a partir de octubre a plataformas digitales como Filmin. Además, el año que viene se podrá ver en algunas televisiones. Por ahora está en pocas salas, pero lo bueno es que en las dos semanas que lleva en cartel en lugar de ir reduciéndose el número de copias (que suele ser lo habitual) se han ido aumentando ya que el público está respondiendo bien.

Vosotros mismos sois responsables del guion, la dirección y la producción, ¿cómo os decidisteis a hacerlo todo vosotros solos?  ¿Cuáles son los proyectos de futuro de Acheron Films?

Nosotros habitualmente trabajamos en proyectos de encargo o de otras productoras. Creamos Acheron Films precisamente por la necesidad que teníamos de contar nuestras propias historias, a nuestra manera, como esta película. En estos momentos estamos trabajando en el desarrollo de una serie que rodaremos en Canarias y que probablemente llevaremos a cabo con el mismo equipo de The Extraordinary Tale. Será muy diferente a la película, pues el género será el thriller de acción, pero sí será también una historia muy personal y contada a nuestra manera.

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Clint Eastwood, un duro eminentemente tierno

Walt Kowalski es un obrero blanco jubilado, veterano de Corea, viudo y residente en un barrio que ha sido abandonado por los de su clase y repoblado por ciudadanos de otros orígenes, principalmente asiáticos. El viejo Kowalski contempla un cambio de paisaje que le desconcierta y le desagrada. clintPara defenderse, se encierra en sus certezas y se reafirma en su identidad, encarnada metafóricamente en un automóvil, un Gran Torino de 1972. Ese Gran Torino es todo un símbolo de los valores de la tradición americana actualmente en crisis, la propia familia de Kowalski es un ejemplo de esa decadencia, del malbaratamiento de las costumbres por el espíritu de lucro. Frente a la sociedad blanca (caucasiana) se levantan nuevos grupos étnicos y sociales que viven en los márgenes del sistema y ahí es dónde la acción de Kowalski, desde su conservadurismo, se vuelve radicalmente progresista: los valores democráticos de Occidente sólo prevalecerán si se hermanan los individuos, sea cuál sea su origen, si hacen frente común ante los que atentan contra ellos. Es así como una historia de violación y venganza se convierte en una fábula moral.

Gran Torino (2008) es el exponente más claro de los principios de Clint Eastwood, tanto éticos como estéticos. Y Walt Kowalski el mayor alter ego que ha compuesto en la pantalla. El director no se ve a sí mismo como un héroe sino como un hombre de claros principios y tradiciones que defiende en cada acción con firmeza, pero cuya madurez le vuelve permeable a lo mejor de lo nuevo. Huraño y duro en apariencia, esconde a un hombre accesible y tierno. Así es Eastwood y así se ha ido mostrando a lo largo de su carrera. Será recordado como el Hombre sin Nombre de la Trilogía del Dólar, más aún como Harry Callahan, Harry el sucio y su inseparable magnum, llegando de este modo a la fama bajo las órdenes de sus dos directores más admirados (y a los que ha dedicado sus mejores obras), Sergio Leone y Don Siegel. jinete_foto_001Pero ya en esa época le pudimos ver hablando con los árboles en La leyenda de la ciudad sin nombre, papel en el que volcó su imagen amable mucho antes de Los Puentes de Madison. Ambas vertientes de su carácter quedaban sintetizadas en el Predicador de El jinete pálido, película que le mereció su reconocimiento definitivo como director.

La delicada sensibilidad de Clint se expresa en su pasión por la música. En 1988 rodaba Bird, su particular homenaje al mundo del jazz y a su ídolo Charlie Parker, película totalmente a reivindicar. Pero más allá de ello, él mismo ha sido el compositor de la banda sonora de varias de su películas. Como músico, Eastwood se mueve por los compases intimistas, con una orquestación reducida, que traducen una cierta melancolía, la propia de su estilo como director. En la dirección Eastwood supone el más elegante clasicismo. Inteligente en la construcción de los  encuadres, aporta en ellos el peso de la narración y ahí está, además, esa cámara de movimientos sobrios y estables con algunos travellings que hacen honor a las palabras de Godard (son elecciones morales). Su solvencia es tal que sabemos que por poco acertada que sea una película suya, siempre será mejor que la mayoría. Aunque su herencia se remite a los mencionados Leone y Siegel, no vacilaríamos en decir que Eastwood es el Ford de nuestros días. Así lo demuestra su oscarizada Sin Perdón, con esa impresión abandonó la platea quien esto escribe cuando asistió a la proyección de Gran Torino, que es para nosotros su película testamento. Ya anciano, le deseamos larga vida porque es tanto como deseársela al cine con mayúsculas.

Audrey Hepburn, princesa de la pantalla

audrey[1]Paul Varjack, un inspirado George Pepard, está empezando a escribir su novela, una voz le llega desde la ventana, al asomarse la ve sentada en el alfeizar, vestida con unos sencillos tejanos, y cantándole al río de la luna, es Holy Golightly encarnada en la insustituible Audrey Hepburn. Moon River es el mejor ejemplo de como una canción puede hacer que una banda sonora no demasiado destacable gane el Óscar, y convertirse después en símbolo con mayúsculas del cine. Igualmente es como Holly, vestida elegantemente, como más ha perdurado la efigie de Audrey en todo tipo de merchandaising, pero eso no es más que una banalización de su figura porque esa princesa que pasó sus vacaciones en Roma, la actriz de origen aristocrático, es mucho más que un souvenir de moda. A ella le debemos algunos de los personajes femeninos más interesantes que ha dado la historia del cine, personajes que perdurarán en nuestra memoria asociados a su sobria elegancia y a su cara con ángel.

De la mano de Billy Willder encarnó a Sabrina y consiguió que Humphrey Bogart y William Holden, hermanos en la ficción, pelearan por ella. Poco después enamoraba a un mujeriego Gary Cooper en Ariane, en ambas su delicadeza casi inocente vencía a corazones resabiados. Audrey Hepburn nos dejaba siempre sin barreras de defensa. Y es que, como le pasaba a Henry Higgins, nos acostumbraba a su rostro y ya no podíamos pasar sin ella. Bajo el mando de Cuckor y junto a Rex Harrison dio vida a Liza Doolittle, la florista convertida en dama, con la que podríamos haber bailado toda la noche entera. Rex Harrison fue remiso a su elección, acababa de protagonizar My Fair Lady en el teatro junto a Julie Andrews y no quería que la sustituyeran, sin embargo, terminado el rodaje tuvo que reconocer que no había tenido ninguna partenaire de la talla de Audrey.

Llama la atención que siempre la emparejarán con hombres que le llevaban muchos años, algo que le ocurría tanto dentro como fuera de la ficción (se casó con Mel Ferrer y después con Andrea Dotti, un médico italiano con quien tuvo su segundo hijo). Quizás fuera porque daba el perfil de inocencia y fortaleza simultáneamente, con unos toques de suavidad capaz de derretir a los corazones más curtidos. Stanley Donen la eligió para protagonizar Charada junto a Cary Grant, papel en el que pudo hacer gala de su vis más cómica, y más tarde para acompañar a Albert Finney en Dos en la carretera, película fetiche para su generación. Nosotros, sin embargo, queremos destacar una de sus últimas interpretaciones, el papel de Marian en Robin y Marian de Richard Lester en 1976. En ese film, una Audrey ya madura, componía un retrato melancólico de Marian y nos regaló uno de los finales más trágicos y hermosos vistos en la pantalla. Nadie como ella podía haber dado carne a ese amor desaforado que desafía a la muerte, la Marian de Audrey ama a Robin más que al amor y a la alegría de vivir un día más. Audrey supo amarle más que a Dios y nosotros la bendecimos a ella.