EL LIBRO DE LA SERPIENTE (LOS LIBROS ILUMINADOS DE ALAN MOORE)

A comienzos del 2018, La Felguera Editores publicará una maravilla para el público de habla castellana: EL LIBRO DE LA SERPIENTE (LOS LIBROS
ILUMINADOS DE ALAN MOORE), que recoge por vez primera en castellano los textos pertenecientes al Gran Teatro Egipcio de las Maravillas de la Luna
y la Serpiente del gran Alan MooreThe Moon and Serpent Grand Egyptian Theatre of Marvels, The Birth Caul, The Highbury Working a beat seance,
Snakes and ladders y Angel Passage, todos ellos producidos entre 1994 y 2001, en una de las épocas más brillantes y potentes del genio de Northampton. Algunas de las obras ni tan siquiera habían sido transcritas.

Ahora, supervisadas por el propio autor, verán la luz en febrero de 2018 en una obra editada en tapa dura, y traducida y prologada por Javier Calvo, uno de los mejores traductores actuales y gran especialista en la obra de Moore.

Tras Ángeles Fósiles, ensayo fundamental sobre arte y ocultismo que publicó la editorial en 2014 y que ha inspirado a tantos lectores y seguidores de su trabajo y pensamiento, de nuevo son los elegidos para publicar una obra inédita en castellano, supervisada por el mismo autor.

A comienzos de los años noventa, tras declararse mago y en uno de sus momentos más brillantes como artista, Alan Moore creó el Gran Teatro Egipcio de las Maravillas de la Luna y la Serpiente, que describió como «un ejemplo perfecto de una organización realmente mágica ya que no existe realmente», junto a varios amigos, escritores y artistas, como el ex Bauhaus David J., el músico Tim Perkins o la artista y pareja suya Melinda Gebbie, entre otros. Bajo este nombre, tuvieron lugar varias poderosas performances y spoken words, que en realidad constituían auténticos actos de magia ceremonial, una exploración por los clásicos temas en la increíble obra de Moore (el ocultismo, el poder de la palabra y el lenguaje, la psicogeografía, la memoria que aún se mantiene de forma latente y viva en el propio presente, la invocación y evocación de ese mismo pasado…), generando a su alrededor todo un halo de misterio y fascinación y «produciendo más material a disposición del público que ninguna otra organización genuinamente mágica del mundo en este momento», según el propio autor. Tanto From Hell como Voice of the Fire, entre otras de sus obras, son deudoras de esos mismos textos, en los que Alan se muestra arrolladoramente intenso y hábil, como si fuese un chaman de la palabra, hipnótico, al mismo tiempo que espeluznante y exuberante, y que recuerda por momentos al infame Dr. Gull recorriendo la ciudad de Londres y mostrando sus horrores, a los rituales de Aleister Crowley, pero también a un William Blake, construyendo un universo propio y declarando la guerra
a un mundo que rechaza la magia y la belleza.

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El amante doble, reflejo y vanidad

“(…) los espejos y la cópula son abominables, porque multiplican el número de los hombres” afirmó Borges en Tlön, Uqbar, Orbis Tertius. Borges que sentía horror por los espejos y una atracción abismal por su multiplicación de la cifra de las cosas. El horror de la duplicación que nos pone ante el reflejo de lo ilusorio, ante nuestra irreal realidad. Ante nuestra vanidad, que es tanto nuestra fútil arrogancia como nuestra caducidad. En El amante doble, Ozon parece escribir a renglón seguido de la cita que inaugura este texto.

Marine Vacth es Clhoé, joven ex modelo de la que intuimos que ha tenido problemas con la anorexia y que está aquejada de dolores en el bajo vientre, de los que no parece haber causa física, además. Por consejo de su ginecólogo, Clhoé acude a la consulta psicoanalítica de Paul Meyer (Jérémie Renier), la terapia habrá de interrumpirse cuando nazca el sentimiento amoroso entre ellos. Su convivencia será plácida hasta que la joven vea en la calle un hombre idéntico a su marido. La investigación de ese misterio la llevará a conocer a Louis Delord, también psicoanalista, pero de modos agresivos. A partir de ahí Clhoé iniciará una relación doble para tratar de descubrir cuál es el misterio que encierra la absoluta semejanza de los dos psiquiatras. Ozon vuelve a llevarnos, pues, a las turbulentas aguas del thriller erótico, esta vez entretejido con la temática del doble. Una incursión en el género que no le supone renunciar a sus constantes.

Preguntado Paul por si le gustaría tener un hermano gemelo, responde que eso sería tan aterrador como verse continuamente en un espejo. Especulares son Paul y Louis, en su simetría representan la dualidad de Jekyll y Hyde, una polaridad que se pone de manifiesto a través de Clhoé. La atormentada sexualidad de la joven sirve como detonante y falsilla de la dual realidad del sexo: de un lado nos encontramos con la erótica ordenada del sentimiento tierno del amor, del otro la fiereza de la pasión más desatada. Y la propia Clhoé se escinde, atrapada entre su fragilidad emocional y su deseo, que sólo se despliega y culmina ante la agresividad de Louis, ese rostro de la fiereza pasional. “Siento que mi madre me vigila y me juzga”, como la Marnie de Hitchcock, la protagonista se enfrenta a una figura materna castradora, una madre que no ha tenido problema en hacerle saber que fue fruto de un encuentro accidental con un hombre que ya ni recuerda, Clhoé se sabe, pues, hija no deseada y vive la figura de su madre como alguien que no vacilará en desmerecer sus logros y valorarla negativamente. Una madre que no da amor sino solo censura. Por reacción al desamor de la figura materna, la sexualidad para Clhoé tiene la doble implicación de deseo y terror, un goce y un llanto que quiebran su personalidad y su interacción con el mundo. Es la dualidad de Clhoé la que despierta al doppelganger, al gemelo perverso y depredador.

La de El amante doble es una historia repleta de simbolismo, un simbolismo que toma mucho del psicoanálisis y su tensión entre el yo y el ello, de su dialéctica entre Eros y Thanatos, entre la pulsión de vida y la pulsión de muerte. Y Ozon desgrana estos símbolos mediante los recursos que ofrece la sintaxis del lenguaje cinematográfico ya desde el prólogo, con esa vagina excitada que se convierte en un ojo que llora mediante un fundido. Toda una declaración de intenciones que nos pone sobre la pista de que vamos a bucear en el inconsciente, ese reflejo oculto y onírico de nuestra personalidad de vigilia. El director va a jugar con las polaridades, esa frialdad minimalista del museo en el que trabaja la protagonista que acoge una exposición sobre el sexo y la carne, es un ejemplo. Y si algo nos remite a nuestra doble pulsión es la imagen inversa que reflejan los espejos. Ozon juega con los ejes de simetría dentro del encuadre para mostrarnos la relación especular entre contrarios, esos que no dejan de ser el otro-el mismo, así destacamos la escena en la que Paul le confiesa sus sentimientos a Clhoé en la consulta, la cámara los toma desde el exterior de la habitación y el marco de la ventana divide el plano en dos, a la izquierda Chloé, a la derecha el terapeuta, cada uno en un polo de la imagen como principios antagónicos y simétricos que son. Ese eje vertical que les separa en el plano nos señala, además, que, aunque la terapia ha puesto la intimidad al descubierto, en realidad apenas saben nada del otro, hay un insondable misterio entre ellos. Como el que existe en cada uno entre la linealidad de la conciencia y el magma confuso de nuestros anhelos más inconscientes. Pero si algo le sirve al director para exponer esa íntima dualidad son los espejos y el rico juego de montajes internos que provocan. La presencia de los espejos en el filme es opresiva hasta la saturación y, sin embargo, ninguno de ellos carece de sentido narrativo: hemos de aprender a leer en la superficie brillante que refleja el ánimo interno de los personajes. De entre todos, el más revelador es el juego que prestan los espejos del vestíbulo de Louis la primera vez que entra en contacto Clhoé con él. A toda pantalla vemos a la joven multiplicarse en los reflejos que se reflejan entre sí. Esa es la maraña de su mente. Esa es la condición humana.

En el lugar del Señor Stein, Cyrano 2.0

Pierre, viudo y jubilado, no sale de su casa desde hace dos años. Descubre los placeres de Internet gracias a Alex, un joven contratado por su hija para enseñarle los rudimentos de la informática. En una web de citas, una joven encantadora, Flora63, seducida por el romanticismo de Pierre, le propone una primera cita. Enamorado, Pierre revive. Sin embargo, en su perfil ha puesto una foto de Alex en lugar de la suya. Pierre debe convencer al joven para reunirse con Flora en su lugar. 

Mis recuerdos sobre Pierre Richard se inician y terminan en los setenta, hace pues bastantes años.  Por entonces era un niño y tuve que sufrirlo, pues nunca me hizo gracia, en películas como El gran rubio con un zapato negro (Le grand blond avec une chaussure noire, Yves Robert, 1972) o La mostaza se sube a la nariz (La moutarde me monte au nez, Claude Zidi, 1974), comedias en las cuales este cómico bastante físico quedaba en mal lugar al compararlo con contemporáneos con Gene Wilder, Marty Feldman o el propio Woody Allen de entonces, con los que físicamente guardaba ciertas similitudes.  Los años han pasado y han hecho más justicia a Richard que a mí mismo. Ahora es un atractivo anciano, un actor que no ha parado de hacer películas en su país, aunque llevábamos muchos sin verlo en nuestras  pantallas: cinco ocasiones en más de 20 años.

Con un humor, como es natural, menos físico (la edad manda) Richard sale muy bien parado en su interpretación de este viudo algo cascarrabias que se siente inconsolablemente solo tras el fallecimiento de su esposa y que descubre la fantasía y la ilusión del amor vía Internet, aunque sea mediante una imagen falsa en una web de citas. Y es que aunque su corazón es joven, no lo es su aspecto, así que hace una pequeña trampa al subir la imagen al perfil del portal, utiliza la de Alex, su treintañero profesor de informática, al que responderá una atractiva joven belga. Cuando la muchacha toma la decisión de irle a visitar, Alex se verá obligado a suplantar al anciano. Y a partir de ahí, esta actualización 2.0 del Cyrano de Bergerac, se desarrolla como comedia de equívocos. Un vodevil ágil que juega con la habitual trama de engaños propia del género, mientras nos hace plantearnos temas tan importantes como si todo vale en la seducción, si lo que importa es el físico o si, al contrario, el amor nace cuando dos almas afines entran en contacto. El desarrollo de la idea argumental (y su consiguiente subtexto) conducirá al cambio del vodevil por la comedia romántica en su tercer acto. Esta evolución la singulariza y la llena de encanto.

En el lugar del señor Stein tiene momentos de gran comicidad, pero nos deja un regusto agridulce al salir del cine. Después de todo, hemos asistido a un relato sobre la soledad, el dolor de la pérdida y la reclusión en uno mismo que esta conlleva. La película nos invita, sin embargo, a no sucumbir ante ello, los personajes descubren (y nosotros con ellos) que la vida es demasiado volátil como para malgastar nuestro tiempo, que es necesario siempre aferrarse a la esperanza de salir adelante y de hacerlo, además, con el mejor humor posible.

 

Reparar a los vivos, de la muerte nacerá la vida

Todo comienza de madrugada en un mar tempestuoso con tres jóvenes surfistas. Unas horas más tarde, en el camino de vuelta sufren un accidente. En el hospital Havre, la vida de Simón (Gabin Verdet) pende de un hilo. Mientras tanto, en París, una mujer (Anne Dorval) espera un trasplante providencial que le pueda prolongar su vida. Thomas Remige (Tahar Rahim), un especialista en trasplantes, debe convencer a unos padres en estado de shock de que ese corazón podría seguir viviendo en otro cuerpo. Y salvar, tal vez, una vida.

Un inicio intenso, bellamente rodado con magníficas tomas submarinas. La pasión de la juventud, la vitalidad de existir. Del mar al metal del coche y al gris del macro hospital de las afueras, que comparte espacio con almacenes y fábricas. Naturalezas muertas, a pesar de palpitar. La muerte colándose en la estancia, inesperada. Los padres, Emmanuelle Seigner Kool Shen con la desolación de la tragedia inesperada como solo ellos pueden vivirla. Galatéa Bellugi, mostrando la profunda tristeza ante la pérdida de un amor que justo comenzaba, tan intenso como solo se vive a los 17 y como solo puede representar la actriz revelación de 9 meses(Keeper, Guillaume Senez, 2015). Pero también el impacto en el entorno del  hospital. En los médicos, experimentados profesionales pero también humanos. Mortales. Y finalmente y en su segunda parte sobre el receptor del corazón del joven. Todavía latiendo.

Un magnífico trabajo de presentación de personajes que el director nos muestra en tan solo dos pinceladas, sin embargo, luego no obtienen el recorrido esperado. Pasan como jirones de vidas. Como olas. Efectos colaterales mientras el tono de la película va girando, de la desolación, del vacío, a la esperanza. De la muerte a la vida. Del final abrupto del amor al reinicio de un nuevo romance. Como cada minuto, cada hora, cada día. Como siempre.

 

 

El día más feliz en la vida de Olli Mäki, oda a la sencillez

En el verano de 1962, Olli Mäki (Jarkko Lahti)  tiene la oportunidad de hacerse con el título de campeón del mundo de boxeo en la categoría de peso pluma. Desde la campiña finlandesa hasta las intensas luces de Helsinki, todo está preparado para su fortuna y gloria. Lo único que Olli debe hacer es perder peso y concentrarse. Pero hay un problema: se ha enamorado de Raija (Oona Airola).
Finlandia, bello poema sinfónico de apenas ocho minutos con dos partes bien diferenciadas, una introducción lenta (andante) y un allegro, mediadas por un pequeño pasaje de transición. Trágica y solemne se inicia Finlandia para mutar hasta su victorioso final. Durante casi toda su extensión se desarrolla un ritmo y estilo turbulentos, con gran carga orquestal, simbolizando la opresión y lucha del pueblo finés, finalizando en un himno de esperanza.

el-dia-mas-feliz-en-la-vida-de-olli-maekiSibelius como cantor del alma finesa de la que pocas manifestaciones  llegan a nuestra Europa meridional. Por eso debemos estar agradecidos a Surtsey Films por acercarnos esa exquisita  opera prima que es El día más feliz en la vida de Olli Mäki bien definida en Variety como: “una fábula que celebra la sencillez por encima de la ambición, la recompensa emocional por encima del botín de la Victoria”.

Finlandia, país de los mil lagos;  ver danzar una piedra sobre sus aguas cristalinas equivale a acariciar con las yemas la paz de las emociones compartidas. Locus amoenus con connotaciones de Edén, a través de Olli (Jarkko Lahti) y Raija (Oona Airola) accedemos al remanso del alma en el que todavía creemos en la inocencia y cuestionamos las nociones de éxito y fracaso que baraja nuestra sociedad. La derrota puede ser una victoria si nos alcanza por haber priorizado la paz íntima por encima de la fama en nuestras vidas. El día más feliz en la vida de Olli Mäki es un canto a la humildad y la armonía simbolizadas por el pequeño pueblo de Kokkola (por alguna razón en nuestro interior este debut en el largo nos hace recordar Mi dulce pueblecito de Jirí Menzel) frente al mundo frívolo de las apariencias simbolizado por la capital.

El sucio blanco y negro (esa fotografía con grano que le concede textura de documento) de la película de Kuosmanen nos sitúa magníficamente en el gris de esa época (1962) y de ese lugar (Helsinki). Con actores que se desenvuelven de manera muy natural, sencilla, retratando a esos dos seres enamorados que tan solo quieren vivir un vida normal en su pueblo, donde él es panadero y no deportista de élite. Con saludables y simpáticos apuntes de comedia, esta exótica cinta nos narra un relato de boxeo exento de todo  el dramatismo (y más aún del triunfalismo), al que nos tiene acostumbrados el cine norteamericano. Un relato que trasciende su propio argumento para llevarnos a interrogarnos sobre los valores que deben regir nuestras vidas.

Premios
Festival de Cannes: Mejor película (Un Certain Regard)
Premios del Cine Europeo: Premio FIPRESCI
Satellite Awards: 2 nominaciones incluyendo mejor película de habla no inglesa

 

Tres días de tributo a Bigas Luna en el Cine Texas (Barcelona)

thumbnail_logo-petit-cinemes-texas

thumbnail_bigas-luna-tribut-cartellLos cines Texas, en colaboración con la Universidad de Durham (Reino Unido), una de las universidades más importantes y prestigiosas, con una gran reputación y resultados reconocidos internacionalmente en investigación y educación, celebrarán los días 12, 13 y 14 de diciembre la carrera del internacionalmente aclamado director de cine Bigas Luna. El homenaje incluirá la proyección de 4 de sus películas más conocidas, con presentaciones de académicos internacionales especialistas en su trabajo.

Este homenaje al famoso director catalán, fallecido en 2013, es parte de una serie de eventos organizados por la hija del director, Betty Bigas y el investigador y profesor de la Universidad de Durnham, Santiago Fouz Hernández, que comenzaron en San Francisco en marzo de 2015 y que continuaron en Newcastle. Barcelona es la tercera ciudad en este tributo internacional, que continuará en Los Ángeles en 2017.

Las proyecciones tendrán lugar en los Cines Texas (C / Bailén, 205) en la Sala 3, de nombre Bigas Luna, dedicada al famoso director y el precio de la entrada será de 3 €.

Lunes 12 de diciembre:

20:00 h.Se proyectará Jamón, Jamón (1992), con presentación de Santiago Fouz Fernández, profesor titulado de la Universidad de Durnham en el Reino Unido y co-organizador del evento. Tras la proyección, el público asistente será invitado a vino, cava y cerveza por gentileza de Vallformosa y Moritz y también a degustación de jamón.

Martes 13 de diciembre:

20:00 h.  Huevos de Oro (1993) y a  las 22:30 h. La teta y la luna (1994), presentada por el catedrático Alfredo Martínez Expósito, de la Universidad de Melbourne en Australia, completando así la famosa trilogía de “Retratos Ibéricos” de Bigas Luna.

Miércoles día 14 de diciembre: 

20:00 h.- Versión restaurada de Bilbao (1978), una película clave en la filmografía del director, protagonizada por Isabel Pisano y Ángel Jové. La película será presentada por la catedrática Carolina Sanabria, de la Universidad de Costa Rica, autora del libro Bigas Luna, el ojo voraz (2010). 

El cine Méliès cumple 20 años de historia en Barcelona

El próximo 20 de diciembre se cumplen 20 años desde que en 1996 Cinemes Méliès abriera sus puertas por primera vez en Barcelona.

Del 19 al 25 de diciembre lo celebrará repartiendo 1.000 regalos entre los espectadoresy con entrada reducida (3€) para todas las sesiones.

La historia de Cinemes Méliès de Barcelona, fundados por el cineasta Carles Balagué (La casita blanca, 2002;  Arropiero, el vagabudo de la muerte, 2008; La bomba del Liceo, 2010), ha estado comprometida desde sus inicios con el cine clásico, el cine europeo, alternativo y de estreno, con más de 300 títulos clásicos estrenados hasta la fecha. Una labor que ha contribuido a popularizar las obras de los grandes maestros del celuloide como Billy Wilder, Joseph L. Mankiewicz, Alfred Hitchcock, François Truffaut, Éric Rohmer, Federico Fellini, Luchino Visconti, John Ford, Luis G. Berlanga, Fritz Lang, Vincente Minnelli, Sam Peckinpah, Josef Von Sternberg, Elia Kazan, Orson Welles, Ingmar Bergman, Luis Buñuel, Pier Paolo Pasolini, Jean-Luc Godard, R. W. Fassbinder y Charles Chaplin, entre muchos otros.

La trayectoria del cine Méliès ha sido reconocida en repetidas ocasiones por su contribución al patrimonio cultural de la ciudad, con varios galardones como el Premio Sant Jordi (1996), el Premio Ciudad de Barcelona (2003) o el Premio Carles Duran (V Premios Barcelona de Cine, 2006).

Desde 2005 los Méliès forman parte de la Confederación Internacional de Cines de Arte y Ensayo (CICAE) y de la red de Europa Cinemas.

El 2 de junio de 2011 el cine sufrió un incendio que le obligó a cerrar temporalmente sus puertas, hasta la feliz reapertura, que fue posible el 5 de enero de 2012.