Dumbo de Tim Burton, la actualización del clásico

Sinopsis: Holt Farrier (Colin Farrel) cuenta con la ayuda de sus hijos Milly (Nico Parker) y Joe (Finley Hobbins) para cuidar a un elefante recién nacido cuyas orejas gigantes le hacer ser el hazmereír en un Circo que no pasa por su mejor momento. Max Medici (Danny DeVito) dueño del circo, se decepciona al saber sobre las enormes orejas del pequeño paquidermo hasta que descubre que es capaz de volar, llevando al circo de regreso a la prosperidad.

No resulta muy difícil imaginar al pequeño Tim impresionado y horrorizado a la vez ante la pesadilla onírica del Dumbo original, así que antes de entrar a ver la nueva encarnación cinematográfica del popular paquidermo, fantaseo sobre cómo introducirá y recreará esa escena en su versión.  O incluso si basará toda su película en esa visión de pesadilla.

Lo que es seguro es que, de todas las recreaciones cárnico-digitales con las que Disney está dotando de nueva vida a sus antiguas cintas de animación, esta será, sin lugar a duda, la más personal, pues une el rico universo Disney y el imaginario propio del director.

Y es que Tim Burton se mueve de maravilla en el mundo kitsch y decadente del circo, habitado por payasos de pesadilla, hombres bala y fenómenos de feria políticamente correctos. La única adaptación que quizás hubiera también encajado como un guante al director hubiera sido Pinocho, pero le hubiera resultado difícil superar aquella terrorífica serie italiana de imagen real que dirigió Luigi Comencini en 1972 y que pobló de pesadillas los sueños de muchos de aquellos niños que la ‘disfrutaron’, entre los que me cuento.

Tim Burton retrata magníficamente la sordidez y decadencia del pequeño circo en el que se desarrolla la acción, situándola al final de la Gran Guerra. Un pequeño universo que también es una hermandad que ejercerá de gran familia. Allí la diferencia pasará más desapercibida y Dumbo, con sus enormes orejas, será uno más, lo que representará el primero, y no será el último, de los alegatos positivos, en este caso a favor de la inclusión del diferente. Otros valores que el film de Burton refiere incluirán el ecologismo, el animalismo, el empoderamiento femenino, simbolizado en la hija del protagonista, y de paso endiñará un importante puyazo al capitalismo representado, paradójicamente viniendo de Disney, en  Dreamland, un enorme parque temático creado para enriquecerse mediante los niños, con todo tipo de atracciones y mercadotecnia.

Pero no todo son alegatos, Dumbo es una película muy entretenida y divertida, emocionante a veces y magníficamente narrada que encantará a los más pequeños, pues ha sido también liberada de los momentos más dramáticos de la versión del 41. Afortunadamente, como aquella, este nuevo Dumbo no tiene canciones, pero sí una estupenda banda sonora del habitual Danny Elfman que recuerda, eso sí, en algunos momentos a la de Eduardo Manostijeras (Edward Scissorhands, 1990), también para Burton.

Protagonizada por Colin Farrell y los dos pequeños actores que interpretan a sus hijos, Nico Parker, Finley HobbinsDumbo cuenta también con la presencia de la magnética Eva Green, cuyo vestuario y maquillaje la convierten en imágenes de Alfons Mucha en movimiento, y el reencuentro de dos viejos amigos y colaboradores de Burton, Michael Keaton y Danny DeVito, a los que será delicioso ver juntos de nuevo. 

 

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De cal y de arena en los estrenos de este fin de semana

Sin duda el estreno estrella de este fin de semana es la última cinta de Pedro Almodóvar y, creánnos, no decepcionará las expectativas depositadas. En el extremo opuesto nos encontramos la bienintencionada Bel Canto, una muy buena idea que no ha recibido un desarrollo a su altura. Aquí os dejo el comentario, pero os invito a verlas y juzgar por vosotros mismos.

DOLOR Y GLORIA (Pedro Almodóvar, 2019)

España. Guión: Pedro Almodóvar Música: Alberto Iglesias Fotografía: José Luis Alcaine Productora: El Deseo. Distribuida por: Sony Pictures Entertainment (SPE) Género: Drama

Reparto: Antonio Banderas, Asier Etxeandia, Penélope Cruz, Leonardo Sbaraglia,Raúl Arévalo, Julieta Serrano, Nora Navas, Neus Alborch, Rosalía, Cecilia Roth,Susi Sánchez, Eva Martín, Julián López, Paqui Horcajo

Sinopsis: “Dolor y Gloria” narra una serie de reencuentros de Salvador Mallo (Antonio Banderas),  un director de cine en su ocaso. Algunos de ellos físicos, otros recordados: su infancia en los años 60, cuando emigró con sus padres a Paterna, un pueblo de Valencia en busca de prosperidad, el primer deseo, su primer amor adulto ya en el Madrid de los 80, el dolor de la ruptura de este amor cuando todavía estaba vivo y palpitante, la escritura como única terapia para olvidar lo inolvidable, el temprano descubrimiento del cine y el vacío, el inconmensurable vacío ante la imposibilidad de seguir rodando. En la recuperación de su pasado, Salvador encuentra la necesidad urgente de narrarlo y en esa necesidad encuentra también su salvación.

El último Almodóvar convencerá incluso a los más aguerridos enemigos del cine del manchego. Dolor y gloria muestra al Almodóvar más contenido narrando, con ayuda de flashbacks introducidos de manera ejemplar, un relato con muchos puntos autobiográficos excelentemente interpretado por Antonio Banderas, que en su papel de director de cine en decadencia, no duda en adoptar algunos de los tics del director. La “colaboración especial” de Penélope Cruz se extenderá hasta componer uno de los más importantes personajes del filme, y lo hará de manera magistral. Pero es que todos los actores están magníficos, así como el ritmo, los diálogos y en general todos los aspectos formales de este filme, uno de los más maduros y redondos del director y en el que demostrará que todavía está incluso abierto a la experimentación, como demuestra la lección de anatomía, un segmento animado que en manos más torpes hubiera podido hacer decaer el interés, al igual que la interpolación de la sintaxis teatral en una de las escenas cumbres del relato.

En la cinta está todo lo que define al cine del manchego imperando esos colores primarios entre los que destaca el rojo, que siempre han dominado su paleta cromática, no falta su característica decoración que flota entre el pop estiloso y el kitsch, ni los perfectos retratos costumbristas que casan como un guante con el pasado evocado por el protagonista. El pulso de Almodóvar no se mostraba tan firme y acertado desde Volver.

Drama y comedia (al igual que en la vida misma) y realidad y ficción (como nuestra memoria gusta de combinar), se darán cita en este guión original del director, que invita al espectador a poner nombre real a los personajes, algunos claramente inspirados en actores que en el pasado trabajaron con el realizador. Evocadora, reflexiva y sincera.

BEL CANTO. LA ÚLTIMA FUNCIÓN (Paul Weitz, 2018)

USA. Duración: 102 min. Guion: Anthony Weintraub, Paul Weitz (Novela: Ann Patchett) Música: David Majzlin Fotografía: Tobias Datum Productora: A-Line Pictures / Depth of Field / Priority Pictures. Distribuida por: Screen Media Films Género: Drama

Reparto: Julianne Moore, Ken Watanabe, Christopher Lambert, Sebastian Koch,Thorbjørn Harr, Olek Krupa, Elsa Zylberstein, Johnny Ortiz, Tenoch Huerta,Ryo Kase, María Mercedes Coroy, Eddie Martinez, Eliud Kauffman, Melissa Navia,Bobby Daniel Rodriguez

Sinopsis: Roxanne Coss (Julianne Moore), una famosa soprano, viaja a un país de Sudamérica que permanece bajo una dictadura militar, para dar un concierto privado en una fiesta de un rico industrial japonés (Ken Watanabe). Cuando la reunión de diplomáticos y políticos se celebra, la mansión es tomada por un grupo rebelde guerrillero que exige la liberación de sus compañeros encarcelados. Mientras permanecen secuestrados en la casa, rehenes y captores se verán obligados a encontrar la forma de entenderse.

Posiblemente esta historia funcione mucho mejor en su formato escrito original que en su traslación a la pantalla, donde su resultado es poco o nada convincente.

Y es que aunque la tesis que pretende defender Bel Canto es más que loable, la manera de retratarla se acerca en algunos momentos al ridículo. Un ridículo que va en aumento y que alcanza su máxima expresión en el tercer acto cuando surja la complicidad entre captores y cautivos. Unas escenas descabelladas y desarrolladas con tal torpeza que, lejos de conseguir que empaticemos  con ese grupo de secuestrados afectados por el síndrome de Estocolmo, conseguirá que nos invada una incómoda vergüenza ajena.

Y eso que el director Paul Weitz ha contado con la participación de actores de eficacia más que contrastada como  Julianne Moore Ken Watanabe, pero ni con esas. De hecho duele ver a la actriz tan desganada y poco convincente en su papel. Completan el reparto un acartonado Christopher LambertSebastian KochRyo Kase Tenoch Huerta.

 

 

 

Minicrítica: ¿PODRÁS PERDONARME ALGÚN DÍA? (Can You Ever Forgive Me?, Marielle Heller, 2018)

USA. Duración: 107 min. Guion: Nicole Holofcener, Jeff Whitty (Memorias: Lee Israel) Música: Nate Heller Fotografía: Brandon Trost Productora: Fox Searchlight Género: Drama
Reparto: Melissa McCarthy, Richard E. Grant, Julie Ann Emery, Jane Curtin,Anna Deavere Smith, Marc Evan Jackson, Dolly Wells, Christian Navarro,Alice Kremelberg, Shae D’Lyn, Michael Cyril Creighton, Brandon Scott Jones,Tim Cummings, Pun Bandhu, Joanna Adler, Marcus Choi
Sinopsis: Sigue la historia de Lee Israel (Melissa McCarthy), una respetada biógrafa en decadencia que comienza a falsificar cartas de escritores y celebridades fallecidas con el fin de pagar el alquiler. Cuando las falsificaciones empiezan a levantar sospechas, Israel roba y vende las verdaderas cartas de los archivos sin saber que el FBI está investigando el asunto.
La película de Marielle Heller, basada en hechos reales,pues se basa en la novela que escribió la propia protagonista relatando una época muy concreta de su vida, nos habla de amor, amistad, soledad y especialmente sobre envejecer. Hechos fundamentales en los cuales su directora no evita añadir ciertas dosis de humor un tanto canalla, que se suma al cinismo que sirve de coraza a la protagonista para enfrentarse con sus carencias afectivas.
Los mejores momentos de la cinta los protagonizan los dos pícaros protagonistas, unidos por la soledad, la ruina, el alcohol y también el talento mutuo natural para divertirse. Para dar, mediante el humor, un sentido a ese naufragio que tienen como vida.  Encarnando a esos dos perdedores, Melissa McCarthy y Richard E. Grant demuestran poseer una gran química, protagonizando los momentos más deliciosos de ¿Podrás perdonarme algún día? 
Si en la mencionada Destroyer la caracterización de Nicole Kidman  consigue hacerla casi irreconocible, la que sufre Melissa McCarthypara meterse en la piel de Lee Israel no le va muy a la zaga.

 

ALITA: ÁNGEL DE COMBATE (Alita, Battle Angel, Robert Rodríguez, 2019), una breve reseña

USA. Duración: 121 min. Guion: James Cameron, Laeta Kalogridis, Robert Rodriguez (Novela gráfica: Yukito Kishiro) Música: Junkie XL Fotografía: Bill Pope Productora: 20th Century Fox / Lightstorm Entertainment / Troublemaker Studios / TSG Entertainment. Productor: James Cameron Género: Ciencia ficción

Reparto: Rosa Salazar, Christoph Waltz, Jennifer Connelly, Jackie Earle Haley, Ed Skrein,Mahershala Ali, Lana Condor, Keean Johnson, Michelle Rodriguez,Jorge Lendeborg Jr., Eiza González, Leonard Wu, Elle LaMont, Marko Zaror,Jorge A. Jimenez, Derrick Gilbert, Billy Blair, Jeff Fahey, Casper Van Dien

Sinopsis: Cuando Alita (Rosa Salazar) se despierta sin recordar quién es en un mundo futuro que no reconoce, Ido (Christoph Waltz), un médico compasivo, se da cuenta de que en algún lugar de ese caparazón de cyborg abandonado, está el corazón y alma de una mujer joven con un pasado extraordinario. Mientras Alita toma las riendas de su nueva vida y aprende a adaptarse a las peligrosas calles de Iron City, Ido tratará de protegerla de su propio pasado, mientras que su nuevo amigo Hugo (Keean Johnson) se ofrecerá, en cambio, a ayudarla a desenterrar sus recuerdos. Cuando las fuerzas mortales y corruptas que manejan la ciudad comienzan a perseguir a Alita, ella descubre una pista crucial sobre su pasado: posee habilidades de combate únicas que los que ostentan el poder querrán controlar a toda costa. Sólo manteniéndose fuera de su alcance, podrá salvar a sus amigos, a su familia y el mundo que ha aprendido a amar. Remake del clásico anime de 1993 “Alita, Ángel del Combate”.

Dejando aparte el que la cinta de Robert Rodríguez sea más o menos fiel al Manga de Yukito Kishiroen en el que se basa, Alita, Ángel de Combate es una película totalmente eficaz en su misión de entretener. Sus dos horas de duración pasan raudas, un visto y no visto, por lo absortos que nos deja, ya no solo por la medida acción que contienen, sino también por su capacidad de maravillar, ya sea por su magnífico diseño de producción, que deja ver el origen del director y de parte de los protagonistas del film, como de su falta de pretensiones más allá de evadir al espectador e introducirlo en ese desolado futuro en el que se desarrolla la acción.

Producida por James Cameron, que conoció el manga en el que se basa de la mano de su amigo Guillermo del Toro, que pensó que era el tipo de material que podría interesar al director de Avatar,  Alita también es una historia de amor adolescente y de rebeldía, muy bien expresada por la protagonista, Rosa Salazar, que  ha ejercido, cual Andy Serkis, de parte humana en la sombra del personaje que, en lo que parece ser fue una polémica decisión, se ha optado por presentar con unos enormes ojos para darle más similitud con el personaje original.

Rebelde, luchadora, pero también sensible, el personaje protagonista, que no recuerda su pasado, irá descubriendo todo conforme avance la acción, además de recordar, en forma de flashes,  pequeños jirones de su existencia anterior. Tramas y subtramas que no se cerrarán en su totalidad, pues Alita, Ángel de combate es el primer capítulo de una saga.

Entre los demás protagonistas destaca la presencia de Mahershala Ali y Jennifer Connelycomo villanos y Christoph Waltz como médico/mecánico, además de la participación, bien camuflados bajo capas de maquillaje virtual, de Michelle Rodríguez, Casper van Dien y Eiza González.

El productor Jon Landau, que colaboró previamente con Cameron en Titanic Avatar, declaró: “Esperamos haber creado una nueva experiencia para el público; una que les permita experimentar la emoción del cine de nuevo”. Y en nuestra opinión así ha sido pues Alita es invasiva, introduce al espectador en la acción dando como resultado todo un espectáculo cinematográfico que posiblemente marcará el futuro del cine, híbrido entre imagen y personajes reales y escenarios y caracteres generados por ordenador, única forma de abordar este tipo de fantasías y darles algo de credibilidad, siempre hablando de un tipo de espectador que sepa lo que va a ver y en donde, pues estamos hablando de una producción que DEBE disfrutarse en pantalla grande y bien adaptada al 3D que es excepcional en la cinta.

 

 

Suspiria, el cine como sinestesia

Honesto es admitir que salí de la sala desconcertada, sin saber bien, bien, qué había visto, igual que le ocurrió a gran parte de los asistentes a esa proyección, pero tardé muy poco en concluir que aquello que se había representado ante mis ojos, fuera lo que fuera, me había gustado. Y es que el cine de Luca Guadagnino es una puerta a lo sensorial, no solo nos ofrece una acendrada fotografía (que también) sino imágenes que trascienden la pantalla hasta rozarnos la piel. Suspiria en sus manos no es un remake, no pretende repetir la obra de Argento (cosa que, por otra parte, es imposible), sino una adaptación libre que ofrece una lectura personal de su precedente hasta convertirse en un otro distinto, una cinta autónoma que sólo tiene de la anterior algunas excusas argumentales. Cine que adapta cine como quien adapta una novela haciéndola suya, entre Guadagnino y Argento hay el mismo vínculo que entre Lampedusa y Visconti, una relación de fiel infidelidad. Ambas Suspiria son inabarcables, incomprensibles y singulares. Ambas son grandes.

Incomprensible. Ese fue el calificativo más extendido para desacreditar el filme, hasta el Jaume Balagueró de Musa la catalogó como texto mal narrado, y yo no voy a negar que es una obra absolutamente desmesurada. En un primer visionado, la nueva Suspiria nos exige suspender la intelección, nos obliga a deponer el ansia de entender la trama en aras de dejarnos llevar por su poder de sugerencia. Y desde aquí lo que voy a desarrollar son mis fragmentadas conclusiones a partir de la percusión de las esquirlas de narración que se prendieron en mis sentidos y en mi entendimiento.

“Cuando las mujeres os dicen la verdad, decís que es un delirio” se dice en un momento del filme. Una frase que podría haber pertenecido a Häxan (1922, Benjamin Christensen) perfectamente, porque también Guadagnino aborda su particular historia de la brujería a través de los tiempos en esta Suspiria en la que desde el principio sabemos del lado oculto de la escuela de danza en la que se desarrolla la acción. Sumándose a la vindicación de la mujer como discurso ascendente, en la película se lee a la bruja como manifestación de la rebelión femenina ante la convulsión de los tiempos: la Alemania de la posguerra para el primer aquelarre, la otra convulsa de la guerra fría, el muro y el estallido terrorista, para el segundo, son el marco temporal y contexto que sirven como sinécdoque de una situación que se ha perpetuado a lo largo de la historia. Alemania como epítome de Europa, Europa como epítome del mundo occidental. La brujería es una metáfora de la rebeldía de la mujer contra su secular represión, aspecto que en la narración que nos ocupa ha querido subrayarse más al convertir a la protagonista, Susie Bannion, fenomenal Dakota Johnson, en una joven amish, esa secta protestante oriunda de Alemania en la que las mujeres no tienen los mismos derechos que los hombres. La brujería aparece como una hermandad/rivalidad entre mujeres de la que emana su poder. Un poder primordial que ha sido sojuzgado y que ahora volverá a emanar tras el relevo generacional, que es tanto como un retorno al origen (del exilio de los suyos en EE.UU regresa a Alemania la joven que reniega de su ascendencia, como contrapunto argumental de la idea que expresamos).

“Una madre puede sustituir a cualquiera, pero nadie puede sustituir a una madre”, Guadagnino exprime el discurso de Argento y pone de mayor relevancia todavía el mito de las madres que ocupa la trilogía del segundo (Suspiria, Inferno, La terza madre). Las madres son anteriores a Dios y al diablo, como ocurre en la segunda parte del Fausto de Goethe, son las fuentes de las que emana el ser. Antes del bien y del mal, de ellas se van a desprender las formas de la representación puesto que a ellas pertenece el magma del mundo como voluntad. Las madres ponen lo real, por eso es importante que nadie las finja. Dos madres moribundas envuelven a Susie Bannion, la suya biológica, que abjura de ella, y la madre Marco, en la escuela, que busca utilizarla para revivirse a sí misma, y entre ambas otra figura maternal, Madame Blanc, aristocrática Tilda Swinton, una suerte de ilustrada que intenta reconciliar la hechicería con la razón a través del arte. Pero la verdadera Madre Suspiria eclosionará en el último acto de nuestra cinta (Guadagnino secuencia la historia en seis actos y un epílogo) como nueva savia de la que se inferirá la nueva fuerza que subvertirá el antiguo régimen y pondrá a la mujer una vez más en el centro.  El renacido orden de las madres se manifiesta, así, como subversión de la mixtificación Nazi y de todo lo que de él se desprendió.  Y la danza será el vehículo de la invocación, la vía por la que el cuerpo femenino se deshará de la sospecha y aflorará renovado y bello en toda la extensión del término.

La danza ya no es una mera circunstancia como lo era en la Suspiria original y Guadagnino pone todo su saber cinematográfico al servicio de que así lo percibamos. A través de su cámara coreográfica quiere que aprehendamos el papel liberador que ese arte escénico posee, no en vano es una de las artes más primitivas, más cercanas a nuestros orígenes, menos adulteradas por el paso del tiempo y de la historia. Volk es el título del ballet que llega a su última representación y a su apoteosis con el estrellato de Susie Bannion, un título nada aleatorio pues se trata, precisamente, de devolver a la Volksgemeinschaft su sentido original despegándole todas las costras que sobre ella había dejado el nazismo. La irrupción de la Madre Suspiria recupera la noción de comunidad popular, el ideal de una sociedad armoniosa y libre de conflictos.

Esta es la Suspiria que vi y esta es la que les he contado. ¿Se non è vero, è ben trovato? Ustedes dirán.

 

 

 

 

Entre dos aguas, doce años después de que el tiempo fuera leyenda

Isra y Cheíto son dos hermanos gitanos. Isra está encarcelado por narcotráfico y Cheíto enrolado en la Marina. Cuando Isra sale de la cárcel y Cheíto termina una larga misión que le ha llevado a Somalia y las Seychelles, ambos regresan a la Isla de San Fernando. El reencuentro de los hermanos renovará el recuerdo de la muerte violenta de su padre cuando eran niños.

En 1994 Ricardo Franco llevaba de nuevo al cine a la familia Panero, Después de tantos años, todo un retrato amargo de la deriva de los hijos del llamado “Poeta de Franco” casi cuatro lustros después de que Jaime Chavarri los llevara por primera vez a la pantalla en El desencanto, un díptico que funde lo sórdido y lo poético y que se inscribe con letras de oro en la lista de obras indispensables del cine español. En esta línea se instala Isaki Lacuesta al dar a luz a otro díptico esencial para la historia del documental ficcionado, doce años después de La leyenda del tiempo retoma las vidas de sus protagonistas para dar cuenta de sus azares, sus elecciones y sus distintas maneras de enfrentar la muerte violenta del padre, en una segunda parte que parece tomar su nombre del título que hizo mundialmente famoso a Paco de Lucía, Entre dos aguas.
La cámara sigue de cerca a los personajes, como si quisiera ver por sus ojos, nos muestra en planos cortos su piel tatuada, todo un mapa en el que se registran sus vidas, se entretiene en detalles, a veces casi minucias, en un afán por ser fiel a la realidad desde la dramatización, unos cuantos flashbacks certeros bastan para situar el recorrido de sus actos, y todo ello completa un ejercicio en el que lo real da pauta a lo ficticio y la ficción explica la realidad. Ese afán por trenzar los dos pies en los que se asienta la cinta es el que explica (y excusa) su dilatado metraje, 135 minutos de representación en la que los recursos expresivos se pretenden invisibles para mostrar intacta la experiencia de sus personajes.
Dos hermanos, dos formas de enfrentar la muerte del padre, dos caminos para superar el trauma. Contra todo pronóstico es Cheíto el que, a pesar de ser intelectualmente algo disminuido, ha sabido madurar y sacar adelante a su familia, el que se ha marcado objetivos y sueños que se esfuerza por cumplir, enrolado como cabo de cocina en el buque Castilla de la Armada, aspira a tener un día su propia panadería. Isra, en cambio, ha terminado desplazado, en una espiral de cárcel, paro, drogas y, sobre todo, falta de autoestima causada por su propia inmadurez. Dos vidas que sentimos desarrollarse a lo largo de la duración del filme, como si la propia película fuera el vehículo de su catarsis, especialmente emotiva es la escena en la que los dos hermanos lloran evocando al padre, a su muerte violenta tal como cada uno la vivió, un llanto purificador a través del que Cheíto ejerce de hermano mayor que quiere ayudar al menor a salir del pozo en el que él mismo se ha enterrado.
Siendo un retrato individual, Entre dos aguas tiene mucho de crónica social. La película nos muestra una realidad que se vive en la España actual, ahí, en las orillas de la sociedad, más allá de los guetos y los extrarradios. Pobreza extrema y chabolismo, no es necesario ir al tercer mundo para ver escenas de este tipo, con lugares miserables habitados por individuos que viven al margen, con el delito siempre sobrevolando en sus existencias. Entre dos aguas, con sus modos líricos, con sus perfiles intimistas, es también cine denuncia sin necesidad de ser ácida. Lacuesta cierra su obra con puntos suspensivos, con un instante feliz que tal vez… Y ahí, en la suspensión de la esperanza, cerramos también este comentario.
Premios
2018: Festival de San Sebastián: Concha de Oro – mejor película
2018: Festival de Mar del Plata: Mejor película y actor (Gómez Romero)

 

Viudas, el thriller como una de las bellas artes

¿Cómo definir “la pausa”? Ese estado en el que quedas suspendido ante la contemplación del arte. Iván Zulueta, en Arrebato, lo ilustraba con un álbum de estampas, con el cómo podías pasar el tiempo abstraído mirando un solo cromo. Eso ocurre con cualquiera de las artes, pero se subraya más en las artes visuales. Hay fotografías que no te cansarías de mirar, como si no fueran una mera captura de luz, como si no fueran mudas. Hay fotografías que nos hablan, que secuestran nuestra atención, que nos arrebatan. Y lo mismo ocurre con el cine: hay películas sobre las que regresas, que te permiten nuevos diálogos en cada visita, que te transportan. Viudas participa de la pausa, por su fotografía, por su música, por su guion y el diseño de personajes y situaciones. Por ella misma.

Steve McQueen debutó en el cine por la puerta grande, recibiendo la Caméra d’or de Cannes por su primer largo, Hunger. Tres años después se confirmaba mundialmente con Shame. Desde entonces no ha decepcionado a sus seguidores. Y, sin embargo, se nos antoja que la más laureada, 12 años de esclavitud, estaba demasiado pendiente de su tesis, más concentrada en su mensaje que en su respiración como filme. Viudas vuelve a ser una criatura viva, con un corazón que palpita como relato más allá de que también tenga subtextos interesantes (su total protagonismo femenino y su claro mensaje feminista, eso sí, sin proclamas ni pancartas) y ya hay muchas voces que la nombran mejor thriller del año. No es poca esa consideración, pero nos atrevemos a decir que el filme de McQueen funciona por encima del género al que se adscribe.

Quizás sea porque, esta historia de corrupción e intrigas entre criminales y políticos, entre sanguijuelas, que, sin importar color o religión, no se detendrán ante nada ni nadie y se aliarán con el diablo, si es necesario, para asegurarse su ascenso a Concejal del Distrito, fue concebida por su creador como una composición musical, tal como lo declaraba Hans Zimmer en una entrevista, “(…) ya ha creado la pieza musical, y todo lo que soy yo es un orquestador”. Gran modestia la del compositor, porque sin su banda sonora, escasa, algo dispersa, pero que aparece en los momentos exactos con su base de percusión que se asemeja al latido de un corazón acelerado, o al tictac de un cronómetro pautando la cuenta atrás de una acción que tiene tanto de frenética como de precisa, sin ella, la peripecia de estas mujeres que se aliarán para hacer cambiar su destino, el que los hombres les han marcado, saliendo reforzadas, poderosas, dueñas de sí mismas, no habría sido la que es.

Quizás Viudas es más que una excelente película de atracos porque el trabajo de Sean Bobbitt, al frente de la fotografía, es poco menos que perfecto. Unos encuadres diáfanos que no contienen más que la información precisa. Una composición en la que la regla de los tercios se convierte en mucho más que una indicación técnica logrando que cada imagen narre por si misma, recordamos, a modo de ejemplo, aquel plano, hacia el final del metraje, en el que Veronica (Viola Davis) y Alice (Elizabeth Debicki) vuelven a verse casualmente en un bar, sabemos que va a ser un reencuentro fructífero porque nos lo dice el plano con su doble montaje interno, con ese juego de reflejos que nos hablan de como las mujeres están separadas, pero siguen unidas como casi contiguas son sus imágenes especulares dentro de un cuadro de geometría impecable. Y esos bokeh que lo salpican todo, aquí y allá, por razones que no son meramente estéticas, como lágrimas de luz que iluminan estados internos de los personajes.

Quizás no estamos ante una cinta de intriga más (y menos aún una cualquiera) por el firme pulso con el que Gillian Flynn (la recordaremos por su guion de Perdida) funde el espíritu de la miniserie original (Widows, 1983-1985, escrita por Lynda La Plante) en un solo episodio que es un todo. El guion de Flynn (coescrito con el propio director) sabe pautar la información con la dosis justa gracias al dominio de dos recursos narrativos fundamentales, la elipsis y el flashback, no hay más que los necesarios para que fluya la trama. No descuida la, a veces difícil, asignatura del diseño de situaciones y la caracterización de personajes, facilitando al máximo el trabajo de los intérpretes. Un reparto de lujo y en estado de gracia en el que todos hacen creíbles a su rol. Capitaneados por Viola Davis (que merece todas las nominaciones a mejor actriz), todos dan lo mejor de sí mismos, pero nos gusta destacar al veterano Robert Duvall en el papel de patriarca corrupto que manipula y sojuzga a todo aquel que lo rodea y especialmente a su hijo, un Colin Farrell que nos convence de que, si ha caído en sucias tretas para derrotar a su adversario, ha sido únicamente por la presión de esa figura paterna terrible.

Quizás, y por supuesto, se deba al trabajo de Steve McQueen al frente de todos ellos. Hombre del Renacimiento, nuestro director orquesta las labores de su equipo y aporta, además, un acendrado trabajo de puesta en escena. La cámara describe en toda ocasión los movimientos precisos, se detiene cuando es necesario y procede siempre con una elegancia y una efectividad tales que puede llegar a pasar desapercibida a los ojos del espectador. Un travelling es una cuestión moral. McQueen es un artista inspirado por un humanismo inteligente que no cae en buenismos, pero que muestra el mejor lado del hombre asomando, incluso, en medio de la peor basura. “Su estética está basada en su amor por la humanidad”, nos confirma Hans Zimmer en la misma entrevista citada antes. Y esa bondad recubre todas las capas, que no son pocas, de Viudas convirtiéndola en una obra acrisolada destinada a figurar entre las grandes.

Viudas tiene lo mejor de cada uno de los elementos que tejen las películas. Como si fuera un compendio de todas las bellas artes. Pero sobre todo Viudas es cine. Puro cine puro.