Predator, sabor de serie B

Cuando un niño accidentalmente desencadena el regreso a la Tierra de los depredadores, solo un grupo de ex soldados y una profesora de ciencias podrán evitar, quizá, el fin de la raza humana a manos de estos seres, los cazadores más letales del universo. Ahora más fuertes, más inteligentes y más mortales que nunca. Mejorados genéticamente con ADN de otras especies.

Predator retoma la saga donde se quedó y añade pocas novedades a la fórmula original, si acaso unas saludables dosis de humor. Un humor sutil, de sorpresa, de más difícil todavía que sabrán apreciar los que no buscan la película de su vida, sino tan solo una muy buena tarde de evasión en el cine. Que no es poco.

La película de Shane Black, que como actor formó parte del reparto del film original, es una buena combinación de géneros, mostrando respeto por todos ellos. La sangre, tanto humana como la verde fosforito ‘Acid House‘ se recupera, y los comandos y la selva serán protagonistas y escenario de parte de la acción. Pero Black jugará al despiste con el espectador, abriendo nuevos campos de acción e introduciendo (¡horror!) un niño con Asperger a la trama, sin que por ello el espectador tenga que salir corriendo de la sala, el pequeño Jacob Tremblay siempre nos ofrece  una talentosa actuación. Todo funciona. E incluso se hace referencia a las visitas anteriores que los cazadores hicieron a nuestro planeta, que coinciden, claro está, con las cintas que preceden a esta.

Como ya hemos indicado esta nueva Predator también tiene como protagonista a un grupo de comandos, sí, pero al contrario de lo que suele ser habitual, el grupo no incluye un soldado zumbado, no, aquí lo estarán todos, lo cual dará pie a algunas situaciones de lo más interesante y ofrecerá pistas al espectador de por donde irán los tiros, sin que ello vaya en detrimento del interés de la trama. Una muy entretenida película de acción y terror, respetuosa con la película inaugural de 1987. Además del niño, también se unirá a la acción una científica que le cogerá rápidamente el tranquillo a las armas de fuego poniéndose a la altura de sus compañeros masculinos. Todo ello regado con cierto aroma 80’s, pero sin nostalgias.

Una combinación de géneros químicamente perfecta con la que cerrar este verano a lo grande y cuyo final, dé paso a secuela o no, es uno de los más prometedores que hemos podido ver ultimamente.

 

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