Gru 3, mi villano favorito, ¿fin de la saga?

No llega a ser una regla general porque tiene excepciones, pero son muchos los ejemplos en que, en una ficción (y más si cabe si es animada), el personaje más atractivo es el villano. Esto era así incluso en el mágico mundo de colores de Disney con Maléfica y Cruella de Vil a la cabeza. Frente a villanos bien definidos poco tienen que hacer los héroes, estos tienen menos recorrido porque han de encarnar el bien, no pueden tener aristas y eso empobrece sus matices, cuanto más maniqueo es el planteamiento más se acentúa esta condición. Peter Pan no sería quien es si no tuviera como oponente a Garfio (no es vano que Spielberg titulara Hook a su adaptación del relato de James Barrie), identificarnos con el pirata, sin embargo, nos causaría esa especie de remordimiento que va asociado con los placeres culpables. El gran éxito de Illumination fue entender esta premisa y lanzar al mundo un héroe que era el villano bien acompañado por un puñado de secuaces amarillos y petardos. Gru es ya un referente popular y sus compañeros Minions un fenómeno global, que han colocado en un lugar de honor a la compañía que los diseñó y que parece dispuesta a repetir la fórmula tantas veces como sea necesario. El problema, sin embargo, es determinar hasta cuándo será necesario repetirla sin agotar la veta y, de paso, sin saturar al público

Este fin de semana llega a nuestros cines la tercera entrega de las peripecias del villano héroe, Gru ya no es un personaje huraño con ganas de hacer el mal, en sus dos aventuras previas ya se había convertido en padre adoptivo y había conocido a su media naranja con la que forma equipo en la Liga AntiVillanos. Para que recupere su espíritu será necesario que caiga en desgracia y eso es lo que ocurre cuando no consiguen derrotar a Balthazar Bratt, el terrible villano que amenaza con destruir a la raza humana. Lucy y Gru son expulsados de la Liga (con el concierto de su nueva agente jefe). Los Minions tienen la esperanza de que Gru volverá a su vida anterior, pero cuando les dice que ha dejado atrás la villanía, los Minions deciden abandonarle. Cuando parece que no puede sentirse peor, aparece un extraño y le anuncia que su padre, a quien apenas conoció, ha muerto y que tiene un hermano gemelo llamado Dru deseoso de conocerle. Dru es su gemelo y su reverso, viste de blanco (Gru nunca ha abandonado sus hábitos negros), tiene una considerable mata de cabello (rubio para más Inri) y es el heredero de una cuantiosa herencia. Los hermanos son, pues, las dos caras de una misma moneda, Dru el éxito y Gru el fracaso. Pero Gru no regresará a la villanía por causa de su caída, sino por el deseo secreto de Dru: seguir los pasos de su padre y convertirse en un malo de primer orden. Dru le confiesa que su padre nunca creyó en él y que, por lo tanto, desconoce todos los trucos de los villanos. Solo Gru, con sus conocimientos, le ayudaría a alcanzar su sueño y seguir los pasos de sus antepasados.

Este es el marco argumental que justifica la reaparición del lado oscuro: como ya no podía venir del protagonista se ha recurrido a la estrategia narrativa de dotarle de un alter ego. La villanía en la herencia familiar, el carácter engañoso de las apariencias, la vacilación interna del héroe, todo esto está en juego en esta cinta de animación que no tiene nada de simple.  Y todo sin olvidar el humor que define a la franquicia desde su origen. Gru 3 es una cinta ágil, llena de color y aventura, con buenas situaciones cómicas que siguen teniendo algunas de sus mejores bazas en la acción paralela que protagonizan los Minions, pero, a pesar de todo ello, no vuela tan alto como sus predecesoras. Y es que Gru se ha domesticado y recurrir a la concurrencia de un gemelo no deja de ser un subterfugio fácil (y forzado) para recuperar su lado salvaje. El arco de transformación de Gru, si no lo estaba ya antes, queda desarrollado hasta el límite con esta tercera aventura que debiera ser la última, un cierre no espectacularmente brillante, pero suficientemente digno y entretenido como para clausurar la franquicia dejando buen sabor de boca.

Y en ese buen sabor de boca, como no podía ser de otro modo, juega un papel esencial el auténtico malo de la función: Balthazar Bratt, un tremendo villano que sueña y trama con destruir Hollywood desde que cancelaron su programa de televisión. Bratt, un adulto obsesionado con los años ochenta por haber alcanzado brevemente el estrellato en esa época siendo un niño, no ha superado la decepción de haber sido abandonado por su público. Con Bratt los guionistas nos regalan un retrato irónico de las estrellas infantiles y, de paso, de la década ochentera. Su figura es un cúmulo de referencias que harán las delicias de los adultos que acompañen a sus vástagos, ese mullet, esas hombreras, esa obsesión con la música disco, ese keytar (teclado guitarra) reconvertido en arma y esos cubos Rubik explosivos; toda una eficaz caricatura cargada de humor y unas gotas de tristeza. El productor no tiene reparos en reconocer que el nuevo enemigo de Gru es uno de sus personajes favoritos creados por Illumination hasta ahora. “Balthazar Bratt es un malo sorprendente, muy gracioso”, explica. “No entiende que sus fans ya no le quieran. Su única motivación es vengarse del mundo que le abandonó, y tiene la intención de hacerlo en una versión adulta de su personaje infantil televisivo. Es una idea completamente absurda, y si a esto se le añade la voz de Trey, la perspectiva de toda la película cambia. No solo está el diseño del personaje, también la voz y una animación espectacular; los matices de la interpretación son realmente excepcionales. El equipo se ha superado con este personaje y ha conseguido una de las mejores animaciones que jamás he visto”. Al personaje le definen tanto sus rasgos maquiavélicos como su total ridiculez y Trey Parker (South Park) fue esencial para definir el papel. Dio una personalidad muy definida al personaje, una voz perfecta para los dibujos animados, pero con intencionados toques vulnerables.

Bratt está llamado a convertirse en uno de esos villanos emblemáticos que anidarán para siempre en nuestra memoria, lo mejor de esta tercera entrega. Así llegamos, como conclusión, a la que era nuestra premisa de partida:  no llega a ser una regla general porque tiene excepciones, pero son muchos los ejemplos en que, en una ficción (y más si cabe si es animada), el personaje más atractivo es el villano. ¡Qué ustedes disfruten con las fechorías animadas de ayer y de hoy!

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