Incerta glòria, el fin de una guerra

Plena Guerra Civil Española, en el frente de Aragón, año 1937. Lluís, un joven oficial republicano, destinado a un puesto temporalmente inactivo en un páramo desierto, conoce a una enigmática viuda.

Basada en la novela homónima de Joan Sales, Incerta Glòria, que toma su título de un verso de William Shakespeare de la obra Los dos caballeros de Verona, donde se dice: «incierta gloria de una mañana de abril», fue publicada por primera vez en septiembre de 1956 y ampliada en las sucesivas ediciones posteriores hasta la edición definitiva en 1971. La obra, como la película, no contiene ningún mensaje político ni se abandona a una fácil exaltación partidista.

Villaronga sabe extraer toda la belleza de este triste relato con la guerra civil española de fondo, ubicado en el frente de Aragón que permanece inactivo pero con el gris pesimismo del que sabe que la guerra está perdida. Mientras unos, inútilmente, son entrenados para matar por un joven teniente barcelonés que nunca ha matado, Lluis (Marcel Borràs), otros van preparando el terreno para cuando entren las tropas fascistas.

Entre las ruinas, entre cadáveres y objetos abandonados de vidas que ya no están, hay también supervivientes, como La Carlana (Núria Prims),  joven y viuda, objeto de deseo de muchos, que atraerá hacia su red (como nos muestra el director con una torpe metáfora visual) a ese joven oficial, para que le ayude a conseguir sus objetivos. Como ya ha hecho antes con otros. Sobrevivir es el objetivo y, más allá, resarcirse de la vergüenza de un padre abusador (conocido como el cagorcio), vengarse del señorito que le ha engendrado dos bastardos y empoderarse frente a todos los que la han menospreciado. El personaje de La Carlana, potenciado por Villaronga en la película más que en la novela que adapta, merece codearse con las Fortunata y Jacinta de Galdós y la Ana Ozores de Clarín, mujeres de carácter todas ellas que marcan un hito en la construcción de psicologías femeninas en la literatura y el cine.

En cuanto a los masculinos, aunque el protagonista sea el teniente Lluís de Brocà, el que nos guardaremos en nuestra colección de personajes predilectos será el de su amigo, Juli Soleràs (Oriol Pla). Contradictorio, cínico, escéptico, impenetrable, pero lúcido agitador de espíritus, Soleràs es la encarnación del héroe romántico, aquel que va a la guerra a sabiendas de que puede perderse. Y más aún, el que sabe que, en verdad, la derrota es la que da la grandeza, porque es desde la comprensión en carne propia de la finitud y futilidad de lo humano que podemos remontarnos y afirmar la importancia del viaje (no del destino) que es la vida.

Destaca la labor de sus interpretes, especialmente las femeninas, con la ya nombrada Núria Prims y la dulce Bruna Cusí, así como la participación en pequeños pero significativos roles de Juan Diego, Terele Pávez, Luisa Gavasa y un Fernando Esteso que despierta siempre la sonrisa, necesaria, pues Incerta Glòria nos hará salir del cine con un sabor amargo en la boca.

Ruinas, bombardeos, una Barcelona en guerra magníficamente retratada, y tristeza, mucha tristeza, en esta historia de pasiones fatales y fatalistas. De héroes y supervivientes, de intrigas y pasiones, venganza y ambición, en una magnífica cinta en la que de nuevo Agustí Villaronga nos traslada a la guerra civil tras su gran éxito Pà negre (2010) y en la que refleja un dolor que sobrevive a la propaganda de cualquiera de las dos facciones.

            

 

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