Figuras ocultas, un mea culpa autocomplaciente

El adjetivo que debe recibir esta cinta es claramfiguras-ocultas_posterente el de bienintencionada. Pero, vaya usted a saber si es porque cada poco recibimos noticias de abusos policiales (incluidos tiroteos mortales) a ciudadanos estadounidenses afroamericanos desarmados; o porque los informativos hablan del frío que pasan los refugiados mientras esperan en tierra de nadie ser acogidos en Europa; o, quizás porque personalmente no andamos muy animados respecto al funcionamiento del mundo actual, el caso es que este dulcificado mea culpa no nos lo terminamos de creer. El que se abuse de los conocimientos de tres superdotadas intelectuales de raza negra en la NASA durante los sesenta a cambio de un trato insultante nos lo creemos, por supuesto, pero también resulta insultante el tono que tiene esta película, con un alegato a la bondad universal que haría palidecer de vergüenza ajena al mismísimo Mahatma Gandhi.

Vayamos por partes. En un escenario con la guerra fría como fondo; con dos potencias en lucha por ganar la carrera espacial; con la amenaza nuclear sobrevolando la vida cotidiana; y todo esto multiplicado por 1000 si se es mujer, y además, negra, resulta más que admirable, milagroso, que tres damas superdotadas en ciencias lograran sobresalir en un mundo tan de hombres y cerrado como la NASA. Y en los años sesenta. Y siendo mujeres. Y negras. El como se consigue es a base de aceptar tanta injusticia como el cuerpo aguante, y esto es parte importante de este ameno relato, que se edulcora con ciertas dosis de comedia a ritmo de un primerizo Soul. Todo bien, pero todo va tan bien y todos los personajes son tan maravillosos que, en algún momento la película comienza a resultar banal. Y es que, americanos blancos: si. Autocríticos: si, pero también, los buenos de la película, que viven en el mejor país del mundo, la tierra de las oportunidades. Y oigan, con tanta desigualdad social la cosa hoy por hoy no nos cuela. Se habla de estas mujeres negras porque consiguieron un objetivo. Nadie habla de los y las que quedaron por el camino. No. Así no. Sin lugar a dudas una interesante y poco conocida historia que, de haber caído en manos de, pongamos, Clint Eastwood, sin duda habría tenido unos resultados menos edulcorados que habrían causado menos sonrisas optimistas a la salida del cine, pero también habría resultado más solida y realista.

Y todo ello a pesar de la buena intención que ponen su actores. Desde las tres actrices protagonistas,  Octavia Spencer, Taraji P. Henson y Janelle Monáe; pasando por una irreconocible Kirsten Dunst realizando un papel de adulta; llegando a un correcto Kevin Costner (de lo mejor de la función, con ello les digo todo) y finalizando con un Jim Parsons encarnando  a un perfecto antepasado de Sheldon Cooper.

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