Un monstruo viene a verme, un producto impecable

Tras la separación de sus padres, Connor (Lewis MacDougall), un chico de 12 años, tendrá que ocuparse de llevar las riendas de la casa, pues su madre (Felicity Jones) tiene un cáncer. Así las cosas, el niño intentará superar sus miedos y fobias con la ayuda de un monstruo (Liam Neeson), pero sus fantasías tendrán que enfrentarse con la realidad, incluida su fría y calculadora abuela (Sigourney Weaver).

607706-monstruo-viene-verme-trailer-poster-oficial-pelicula-j-bayonaCon este nuevo trabajo J.A. Bayona cierra su trilogía sobre las relaciones maternofiliales, que inició con El orfanato (2007) y continuó con Lo imposible (2012), superando de lejos ambos trabajos y demostrando que es un director que trabaja con el corazón dirigiendo su cine, al igual que su director favorito y modelo, Steven Spielberg, hacia el público y no a la crítica, que se mostrará, sin duda, más tibia que la taquilla.

Técnicamente impecable, la escasa banda sonora de Fernando Velázquez entra en el momento justo, de puntillas, sin acentuar los momentos dramáticos. Sin sobresalir, pero resultando del todo eficaz. Compositor de cabecera de Bayona, pues ha compuesto la totalidad de las partituras de su filmografía, también es habitual en las producciones de Guillermo del Toro.

El pequeño protagonista, Lewis MacDougall, con tan solo un título más en su haber, realiza una contenida actuación que tiene en la mirada su principal recurso. Interpretación que es respaldada por la dulce Felicity Jones, como la madre de Conor, una actriz que ya destacó como lo mejor de La teoría del todo (The Theory of Everything, James Mars, 2014); y Toby Kebbell, en el papel del padre, al que pudimos ver recientemente como Mesala en la nueva versión de Ben-Hur. A este ramillete de actores británicos, pues la acción se desarrolla en Inglaterra, se les ha sumado una magnífica (raro sería lo contrario) Sigourney Weaver. Sin olvidar la penetrante presencia, como la voz del monstruo, de Liam Neeson

J. A. Bayona nos muestra en su película el origen del tantas veces incomprendido amor de los niños por los monstruos de ficción, adoración que depositan en ellos en contraste a los monstruos reales, cotidianos, ya sean acosadores de patio de recreo; amenazas de guerra nuclear; o en forma de cáncer. Tiene Un monstruo viene a verme, tanto el cuento en el que se basa como la cinta que lo adapta, mucho de fórmula terapéutica. El pequeño Conor, magistralmente interpretado  por MacDougall, deberá madurar a pasos de gigante, tan grandes como el monstruo que lo visita, y enfrentarse a dilemas como la culpa o la desaparición del ser que más ama. Bayona mezcla en su película tres enseñanzas del monstruo en forma de historias que tomarán forma animada y que demostrarán al pequeño que las cosas no son siempre lo que parecen y que no siempre hay buenos y malos. Lecciones de vida en este relato de crecimiento que, repetimos, merece, y estamos seguros que obtendrá, una buena respuesta por parte del público, pues toca fibras que todos hemos o habremos de pasar varias veces durante nuestra existencia.

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