Gernika, más que una película guerracivilista

Una historia de amor alrededor de la población vasca bombardeada por la aviación nazi en abril de 1937 durante la Guerra Civil Española. En ese contexto, la joven Teresa (María Valverde), una editora de la oficina de prensa republicana chocará con Henry (James D’Arcy), un periodista americano en horas bajas que está cubriendo el frente norte. Teresa, cortejada por su jefe, Vasyl (Jack Davenport), asesor ruso del gobierno republicano, se sentirá atraída por el idealismo durmiente de Henry y querrá despertar en él la pasión por contar la verdad que un día fue su único objetivo.

gernika_xlgHan tenido que pasar 10 años para que Koldo Serravuelva a dirigir un largometraje tras su debut con Bosque de sombras, una cinta que pasó bastante de refilón por las carteleras, a pesar de contar con  buenas críticas y Gary Oldman como protagonista. Diez años de televisión y trabajo que le ha valido entrar  en este ambicioso proyecto de generoso presupuesto con la vista puesta en el mercado exterior en el que ha participado gran parte de las instituciones forales. Y es que, ¿quien iba a decirle a a Koldo Serra que haría una película sobre la Guerra Civíl? A él, que forma parte de esa generación de directores tan cansados del panorama que ofrecía el cine español de los setenta y parte de los ochenta, que se repartía entre el cine de género de poco (o nulo) presupuesto y las producciones subvencionadas centradas, gran parte de ellas, en la Guerra Civil, sus conflictos y sus secuelas. Aquellos nuevos y jóvenes directores deseaban rodar otros tipos de historias. Y así llegaron los Álex de la Iglesia; o más tarde los Nacho Vigalondo e incluso J. A. Bayona.

Pero Koldo Serra no ha rodado una película sobre la Guerra Civil. Ha rodado un drama bélico que se desarrolla en esa guerra como podría haberse desarrollado en otra, aunque teniendo muy presente el drama que protagonizó esa pequeña ciudad vasca. Con Gernika Koldo Serra ha realizado un drama bélico muy, muy clásico. A la vieja usanza. Tanto que no cuesta nada imaginársela protagonizada por Gary Cooper. O ver a Peter Lorre encarnando al maléfico cónsul soviético. Así que no vemos el porqué de tanto rasgar de vestiduras, tanto entre la crítica más ‘seria’ como entre los más jóvenes. Gernika es tan solo un romance, como tantos otros, con la guerra como fondo y el bombardeo de Gernika marcando, en todo momento, el drama que unirá a todos los antagonistas en un mismo lugar, en el que correrán diferentes suertes.

Historicamente, según leo, resulta un tanto inexacta. Y al igual que en la reciente, El elegido(Antonio Chavarrías, 2016),  se demoniza el régimen Stalinista, al que llega a retratarse como fanáticos peores que los propios nazis, que salen de rositas al mostrarse más interesados en salir de raid aéreo y probar su nuevo armamento que en inclinar la balanza a favor del bando nacional.

Esta universal narración de heroísmo, amor, celos y guerra, cuenta con una competente fotografía. Lo invisible, lo que si no funciona hace fracasar todo, como es el diseño de producción y el vestuario es tremendamente detallista. Y todo se encuentra respaldado por una monumental banda sonora compuesta por el prestigioso Fernando Velázquez, sin duda un conjunto de factores que contribuyen al buen funcionamiento de esta cinta que emocionará al público, con la recreación del bombardeo de Gernika, acontecimiento estrella de la función, lo suficientemente bien resuelto como para resultar físico y contener algunos apuntes sin duda extraídos de los recuerdos de los supervivientes.

En su contra está la sensación de haber querido contentar y conciliar demasiado. De haber hecho demasiadas concesiones a los financiadores. Algo que parece demostrar ese momento turístico en el que se nos muestran los lugares más hermosos y las costumbres más pintorescas del lugar. Bacalao al pil pil y Aurresku incluído. Ven y cuéntalo.

Los actores y actrices, de diferentes nacionalidades, cumplen su cometido resultado, eso sí, puros estereotipos.  La pareja romántica formada por el británico James D’Arcy, como el cínico periodista norteamericano, y María Valverde como la joven demócrata (que no comunista, como ya se encarga de decirnos), que cae rendida ante el presumible idealismo del americano, funciona.  La bisoñez del equipo se delata en algún momento, como cuando se intenta mostrar el conflicto ideológico entre los habitantes del lugar, momento especialmente torpe. Pero la cinta, no nos cansaremos de decirlo, es correcta, y forma parte de ese buen cine comercial español contra el que carga con tanta facilidad la crítica (y parte del público) y que tanta falta hace en nuestra industria. Tenemos ganas de conocer el nuevo trabajo de Koldo Serra, para el que esperamos que Gernika sirva de trampolín de lujo.

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