Más allá de las montañas: “Ir al oeste, este es nuestro destino”

China, a finales de 1999. Tao, una joven de Fenyang, es cortejada por sus dos amigos de la infancia, Zang y Lianzi. Zang, propietario de una estación de gasolina, está destinado a un futuro prometedor, mientras que Liang trabaja en una mina de carbón. Su corazón está dividido entre los dos hombres (y el porvenir personal que puede esperarle con cada uno), y debe tomar una decisión que sellará su destino y el de su futuro hijo.

M_s_all_de_las_monta_as-735296787-large¿Es el tiempo humano una dimensión lineal o tiende más bien a la circularidad? Más allá de las montañas es una de esas películas que se cierran en círculo sobre sí mismas: la misma canción, Go West de los Pet Shop Boys, viejo éxito de los 90, abre y cierra la trama, al principio con una animada coreografía coral y al final cantada y bailada en solitario por Shen Tao, la protagonista femenina, en una escena que nos recuerda el baile bajo la nieve de Wynona Ryder en Eduardo manostijeras. Pero a la vez la película tiene estructura de fuga, el sujeto temático es reinterpretado por distintas voces que se persiguen. Una fuga sin coda, además, porque nada vuelve a converger realmente por mucho que haya cosas que no se pierdan con el tiempo.

El tiempo es el gran protagonista de la cinta de Zhang-Ke, cosa que es tanto como decir que lo es la vida. Dividida en tres segmentos (separados entre sí por una secuencia con textura de vídeo doméstico, con su grano y distorsión característicos, una distorsión llevada al extremo de reducir la imagen a manchas de color) la película recorre su anécdota desde un pasado reciente  (1999) hasta un futuro inminente (2025), pasando por el presente, dejando que las tramas se pierdan y los detalles se conserven, porque así es la vida: una sucesión de aconteceres que a veces nos acompañan perennes, otras son meramente puntuales, e incluso algunas veces los hay que reaparecen fugazmente para volver a perderse, a perderse abruptamente, es más. ¿Quién no ha perdido totalmente la pista de personas que fueron fundamentales en su momento? Así sin más explicaciones. La película de Zhang-Ke es un fluir. Un fluir en el que está en juego la identidad, la individual y la social, bajo la trama intimista central subyace toda una lectura del papel que le ha tocado jugar a China en la historia reciente y el que está abocada a representar, posiblemente será la próxima potencia mundial pero habrá ganado su hegemonía a costa de dejarse por el camino su propia singularidad  (como nota curiosa algunos de los personajes del filme emigran a Australia por sus posibilidades de negocio y hace apenas unas semanas nos enterábamos de que el gobierno del país austral ha abortado la compra del 1% de su territorio por parte de una firma china).

Montañas

En su película más narrativa hasta la fecha (pero no por ello menos experimental), el realizador chino aborda aspectos como la amistad, el amor y los lazos familiares, relacionados con ese tema que engloba toda la película: el paso del tiempo. El cambio y el progreso, tanto a nivel social como a nivel personal quedan excelentemente plasmados en la filmación de Jia Zhang-Ke , quien cambia de formato, (reducido para el pasado, panorámico para el presente y scope para el futuro), dependiendo del período, mostrando las diferentes épocas a través del lenguaje cinematográfico, apoyándose expresivamente en el uso de la propia pantalla como recurso significativo. Pero también ese paso del tiempo se desarrolla en el trabajo de los actores, destacando la brillante interpretación de la actriz Zhao Thao, la musa del director a quien vemos evolucionar desde su juventud hasta su madurez/vejez (sin que ello sea óbice para elogiar la interpretación del resto del elenco).

Coproducción china y francesa, participó en Cannes a concurso y logró la empatía del público en el Festival de San Sebastián 2016, donde se alzó con el Premio del Público a Mejor Película Europea (la cinta ha sido financiada en régimen de coproducción con capital europeo). Más allá de las montañas confirma a Jia Zhang-Ke como uno de los cineastas actuales más interesantes e imprescindibles. Es una de esas películas que nos tocan con su halo de magia y profundidad, una de esas que, una vez vistas, se instalan en nuestro imaginario personal para no olvidarlas jamás.

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