Estrenos en Semana Santa, pocos pero contrastados

El fin de semana se adelanta al miércoles, es una de las ventajas de esta semana que ya poco conserva de santa. Semana para huir de la rutina, para viajar los que puedan y para degustar, los que quieran, el amplio repertorio de platos típicos que jalonan nuestra geografía gastronómica. La primavera está recién estrenada y hay ganas de recibirla al aire libre, en terrazas urbanas, en el monte silvestre y hasta, los más atrevidos, en la playa. Por todo ello, aunque estén ya lejanos los tiempos en los que los centros de ocio bajaban sus persianas cada Viernes Santo, los estrenos en cine han sido pocos. Eso sí, muchas salas esperan capear esta sequía puntual proyectando uno de los platos fuertes más esperados de la temporada.

ResucitadoSoy lo suficientemente vieja como para recordar que en estas fechas la televisión (pública y única) se llenaba de nazarenos y tronos por el sinnúmero de procesiones que se emitían en directo. Mientras, los cines (que ya no cerraban sus puertas), consagraban sus pantallas a filmes, aunque religiosos, espectaculares. Era tiempo de romanos, patriarcas y adaptaciones solemnes de la vida del Hijo de Dios. Algo de ello permanece, así hoy los espectadores pueden saborear Resucitado (2016, Kevin Reynolds), una película que en su primera mitad funciona casi como un  thriller policíaco en el que un tribuno hará todo lo posible por recuperar el desaparecido cuerpo de Cristo. Hasta ahí nos ofrece un punto de vista original, pero pronto cae en la convención de tantas películas religiosas que se rodaron en épocas más florecientes para este género. Y ahí, cuando el tribuno vive su Camino de Damasco particular, el filme se desluce hasta lo anodino, quedando a años luz de títulos que se han grabado en nuestra memoria como El signo de la Cruz (1932, Cecil B. DeMille) o El cáliz de plata (1954, Victor Saville).

Supuestamente Resucitado quiere traer a nuestros días el misterio de la Fe, pero sus mimbres son manidos y su religiosidad, aunque no traicione totalmente el espíritu del cristianismo, huele a filosofía new age. Ahora bien, quienes necesiten una puesta al día de la importancia de la creencia sobrenatural en un salvador, se la van a encontrar, paradójicamente si quieren ustedes, en Batman V Superman: el amanecer de la justicia. Al kryptoniano siempre le ha definido su filantropía, su amor a los hombres es el motor que le lleva a poner sus poderes al servicio de la humanidad. Y Zack Snyder desarrollaba ya esta característica suya en Superman, el hombre de acero, dándole, pues, un halo de trascendencia que queda magnificado en su última producción.

Bat posterBatman V Superman es una película sobre la fe, una fe que no se agota en la devoción de los hombres hacia su superhéroe; en verdad los valores que le adornan y le hacen admirable no son más que una estilización de las virtudes humanas. De modo que es la fe en el hombre la que anda en juego. En el hombre occidental, claro, que se concreta más en la peripecia de Superman hasta simbolizar a América y su sueño. La confianza de un pueblo que, aun entonando el mea culpa, está orgulloso de sus cimientos.

Superman es un héroe solar, el reverso del otro gran héroe del universo DC, el oscuro Bruce Wayne, esto es, el murciélago justiciero, Batman. Y a ambos enfrentados (por obra y gracia de Lex Luthor, eterno rival de Clark Kent) nos los encontramos en Batman V Superman, el primer  team up DC que llega a nuestros cines. Zack Snyder vuelve a ser el responsable tras las cámaras de esta entrega, Snyder transita la alargada sombra de Nolan y nos enfrenta a unos héroes ya maduros que se cuestionan su propio rol. El director de Watchmen opta por un tenebrismo que se adueña de la paleta cromática de la fotografía, teñida de ocres y grises, y propensa a la nocturnidad. Una propuesta que arranca con un tono casi crepuscular como antesala de un nuevo renacer, renacer que podrá disfrutarse con la llegada al cine de la Liga de la Justicia en pleno, que vendrá en modo de dos partes ya en pre-producción.

Bat 1

No desvelo nada si digo que la estructura es (o debiera haber sido) preclara, dos héroes enemistados que llegarán a pelear, un enfrentamiento que acabará con la toma de conciencia de que ambos están en el mismo bando y deben luchar contra los enemigos comunes. Un esquema meridiano que podría haber dado pie a una cinta ágil con grandes dosis de acción y entretenimiento. No le falta acción a Batman V Superman, pero sí le falta liviandad y agilidad. Snyder se toma su tiempo para presentar a los personajes y el conflicto que dispara la trama, un tiempo que mata el dinamismo y abusa de la capacidad de atención del espectador. La acción no se hace esperar, pero la espectacularidad no es capaz de remontar un planteamiento confuso y denso que se extenderá casi durante los dos primeros actos. Y hay que destacar la ausencia absoluta de humor, ni una sola gota de tono festivo entra en la fórmula del filme, en un intento, tal vez, de responder a Marvel, de distinguirse de su gran rival jugando la carta de la seriedad.

No todo es fallido en la cinta de Snyder, la secuencia que acompaña los créditos iniciales plasma el trauma de Bruce Wayne adoptando un tono que hace equilibrios entre lo real y lo onírico, un prólogo atmosférico que brilla con luz propia. Lo mismo puede decirse del tercer acto y su resolución climática, con ese fundido a negro que entra en el momento justo demostrando que, a pesar de sus desaciertos, Snyder tiene buen pulso cuando se lo propone. Buen inicio, buen final que, si bien no llega a paliar todos los defectos del cuerpo central, sí que, al menos, consigue inquietarnos e inocularnos ese gusanillo de la curiosidad  que nos hace esperar las próximas entregas.

Batman V Superman arrasará en la taquilla de este fin de semana, pero no es la única propuesta interesante de la cartelera. Si nunca fueron amantes del desorbitado cine de superhéroes, si no comulgan con las aparatosas fanfarrias de esta épica desmesurada (o en su defecto empiezan a estar cansados de ello), tienen a su disposición una alternativa que se instala y desarrolla en las antípodas de lo fantástico y lo sobrenatural: la exquisita cinta de Hirokazu Kore-eda, Nuestra hermana pequeña. Cine intimista que posa su vista sobre lo cotidiano con esmerada delicadeza.

hermana pósterPremio del público en la última edición del Festival de cine de San Sebastián, Nuestra hermana pequeña nos narra la historia de Sachi, Yoshino y Chika tres hermanas que viven en Kamakura (Japón), en la casa de su abuela. Un día reciben la noticia de la muerte de su padre, que las abandonó cuando eran pequeñas. En el funeral conocerán a Suzu, la hija que su padre tuvo 13 años atrás cuando abandonó a su esposa por otra mujer, y pronto las cuatro hermanas empezarán a vivir juntas. Partiendo del manga Umimachi Diary de Akimi Yoshida, la cámara de Kore-eda es capaz de extraer la magia de las pequeñas cosas que nos reconcilian con la vida para construir con ella un retrato lírico que eleva a lo poético algo tan aparentemente prosaico como es el día a día de esas jóvenes que podrían ser cualquiera de nosotros.

Nuestra hermana pequeña se abre y se cierra con un funeral, para el director es la muerte la que mantiene unida a las familias, si no nos tuviéramos unos a otros para arroparnos, nuestro tránsito se haría más espinoso y sucumbiríamos. Ante la muerte nos definimos y, por contraste, nos afirmamos. Los reveses nos hacen madurar y evolucionar, como ocurre con estas hermanas que se han tenido que hacer a sí mismas por el abandono del padre y la desatención de la madre. Fluyen y se transforman en su universo, femenino, envuelto de ausencias que se llenarán al profundizar en sus propias circunstancias, suponiendo Suzu, la hermana pequeña, el catalizador que les va a permitir armonizar el pasado y dejar seguir el presente.

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El cine de Kore-eda (que en parte nos remite al Ozu más costumbrista) es un cine de pausas, tiempos largos y ambientes familiares e intimistas. Un cine que narra con detalles que apelan a nuestros sentidos, la importancia que conceden las imágenes a la comida y su poder evocador, o a la floración de los cerezos como resumen de la belleza que nos podremos llevar en el recuerdo. Un cine de sensibilidad extrema que, narrando hechos y costumbres locales, habla con el lenguaje universal de la emoción.

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