Pesadillas, horror y humor para todos los públicos

Inspirada en la colección homónima de relatos de terror juvenil de R.L. Stine (quien hace un pequeño papel en la cinta), el mayor acierto de Pesadillas es no haberse centrado en un relato concreto del autor sino en recrear todo su imaginario hilvanado en un guión escrito expresamente para el nt_15_Pesadillas-interiorfilme. Aparentemente nos encontramos ante una cinta de humor, fantasía y aventuras para todos los públicos y dirigida especialmente a los más jóvenes, sin embargo, la premisa de la que parte su argumento permite una somera reflexión metaliteraria, cosa que da otra dimensión al texto fílmico de Letterman.

Jack Black (menos odioso que en otras ocasiones) interpreta al propioR.L. Stine convertido en personaje para esta ficción. El Stine figurado vive de espaldas al mundo, aislado en su casa junto a su hija adolescente Hannah (Odeya Rush) a la que prohíbe relacionarse con el vecindario y hasta ir más allá de los límites de su verja. El mundo del escritor se verá dislocado cuando Zach (Dylan Minette), un adolescente que se muda con su madre desde la gran ciudad de Nueva York, llegue al pequeño pueblo de Greendale. Zach acusa la reciente muerte de su padre y también se ha recluido en sí mismo, la mudanza no es de su agrado aunque la acepte, pero cuando conozca a Hannah todo va a cambiar. A cambiar sobre todo cuando descubra el gran secreto de Stine: los personajes que compone en sus novelas son tan intensos que se vuelven reales, para evitar que esos villanos causen estragos los mantiene enclaustrados en sus manuscritos.  Por un descuido de Zach los personajes son liberados.  Será entonces cuando los monstruos, capitaneados por un muñeco de ventrílocuo llamado Slappy, comiencen a aterrorizar a la ciudad.

Pesadillas es una monster movie en la que tendrán tanto protagonismo los adolescentes y el escritor, como los efectos especiales que dan vida a toda una serie de criaturas imaginarias que van desde el Hombre de las Nieves (de Pasadena), hasta una mantis gigante, acompañados por hombres lobo, alienígenas, robots y un largo etcétera en el que merecen especial mención los gnomos de jardín a los que el filme debe una de sus mejores y más divertidas escenas.Pesadillas 2 Cuando el director Rob Letterman planeó cómo dar vida a estas criaturas, consideró esencial combinar tanto la acción en vivo como la animación por computadora. Algunos personajes estarían presentes y serían filmados por las cámaras; otros se crearían después en la computadora; además, otros personajes serían una combinación de acción en vivo y animación computarizada. En Pesadillas conviven los efectos artesanales con los CGI consiguiendo siempre dotar a las criaturas de una fisicidad que nos parece palpable incluso cuando son imágenes virtuales (el caso del Hombre de las Nieves como ejemplo). Hay que destacar, en este apartado técnico, la labor de Stephen Prouty, diseñador de efectos especiales de maquillaje, su brillante trabajo relumbra especialmente en la creación de los ocho zombies que aparecen en la escena del cementerio. Prótesis de látex color carne personalizadas se aplicaron pieza por pieza sobre los rostros de ocho actores para darles un aspecto de muertos vivientes. Cada conjunto de prótesis faciales se elaboró con silicona de grado médico y se requirió un día entero para crearlas. Cada día se aplicaba un conjunto nuevo de prótesis faciales a cada zombi. Las horribles prótesis de largos dedos se hicieron en el taller de maquillaje manualmente. Se moldearon 1,500 dedos individuales, después cada dedo se pintó a mano y se barnizó con esmalte de uñas transparente. Cada dedo se podía usar tres veces.

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Slappy, el diabólico muñeco de ventrílocuo, es el líder de los monstruos liberados (él mismo ha contribuido a su fuga abriendo los manuscritos y quemándolos después para que no pudieran ser recluidos de nuevo), es el villano principal. el antagonista que toda historia requiere. Ironhead Studio fue responsable de la creación física y el movimiento mecánico del muñeco. Bajo la dirección de Lettermanel el rostro de Slappy se diseñó para que fuera similar al de Jack Black en supersonaje de R.L. Stine. Fue creado como un muñeco de ventrílocuo genuino, no había elementos electrónicos en el interior de Slappy: todos los controles eran mecánicos y requirieron la participación de un marionetista experto. Slappy es la mejor muestra del objetivo perseguido por el director y su equipo: crear unos monstruos que puedan transmitir horror (sobre todo a los más pequeños) pero que tengan una desarrollada faceta humorística. Así es Slappy cuya faz, aún siendo el antagonista, es una réplica a la vez cómica y siniestra de la de Jack Black. Pero ¿por qué una réplica? Porque Slappy es el antagonista, sí, pero también el alter ego del R.L. Stineficticio, sobre Slappy el creador ha volcado todo su odio a la humanidad. Es su mejor personaje por eso es también el más divertidamente perverso y el más autoconsciente de todos. Así es como se desliza sobre Pesadillas un bosquejo de reflexión metaliteraria.

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La única solución para acabar con los monstruos es escribir una nueva novela en la que aparezcan todos para volver a recluirlos en el manuscrito. Y no puede ser una novela cualquiera, la historia que ha de escribir es la misma realidad que están viviendo, un planteamiento que nos recuerda ligeramente La historia interminable de Ende. Nos enfrentamos al sentido de escribir historias, se pone en juego el análisis de la relación entre realidad y ficción (cual es su dialéctica y como se proyecta la una en la otra y viceversa), nos habla del vínculo entre el creador y sus criaturas y también se contemplan unas breves nociones de teoría literaria. No se limita a escribir y ya está, expone cual ha de ser el cuerpo de la narración, con sus partes canónicas principio, nudo y giro, y destaca la atención al arco de transformación de los personajes. El arte de narrar no es tan sencillo y Pesadillas sabe explicarlo desde una perspectiva lúdica y apta para la comprensión de todos los públicos.

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Pesadillas es un bocado delicioso con aspecto de gominola, pero con la consistencia de un elaborado plato principal. Un espectáculo altamente disfrutable, que nos descubre el universo deR. L. Stine con una sencillez bien profunda, lleno de guiños a los lectores de sus sagas y con ecos de películas como Una pandilla alucinante. Rob Letterman nos trae una película honesta, con el alma de las más interesantes series b clásica, pero vestida con los ropajes del pop más fresco. Toda una sorpresa.

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