El puente de los espías, caballeros sin espadas

USA / India / Alemania. Duración: 141 min. Guión: Matt Charman, Ethan Coen, Joel CoenMúsica: Thomas Newman Fotografía: Janusz Kaminski Productora: DreamWorks SKG / Fox 2000 Pictures Género: Thriller.

Reparto: Tom Hanks, Mark Rylance, Amy Ryan, Alan Alda, Scott Shepherd, Sebastian Koch, Billy Magnussen, Eve Hewson, Peter McRobbie, Austin Stowell, Domenick Lombardozzi, Michael Gaston

Sinopsis: Durante el momento más tenso de la Guerra Fría, el FBI detiene a Rudolf Abel (Mark Rylance), un agente soviético que reside en Nueva York. Acusado de enviar mensajes cifrados a la URSS, Abel es puente espías cartelinterrogado pero se niega a cooperar con los agentes y rehúsa traicionar a su país, entonces es recluido en una prisión federal a la espera de juicio.

El gobierno, urgido por la necesidad de un abogado independiente que asuma la defensa de Abel, contacta con James Donovan (Tom Hanks), un abogado de Brooklyn experto en seguros. Pronto se establecerá entre ambos hombres un estrecho vínculo basado en el respeto del uno hacia el otro, puesto que ambos son fundamentalmente hombres de honor. Donovan, poniendo en juego su reputación y la seguridad de su propia familia, libra a Abel de la pena de muerte insinuándole al juez encargado del caso que podría ser interesante conservarlo con vida para poderlo intercambiar si un espía estadounidense cayera en manos de los soviéticos.

Cuando haya que negociar la liberación de un piloto (Austin Stowell) estadounidense capturado por la Unión Soviética, James Donovan se verá implicado de lleno en la Guerra Fría.

Un cautivador estudio de personajes y un thriller que es algo así como una adaptación de John Le Carre dirigida por Frank Capra (…)” Así se expresaba el crítico del Chicago Sun-Times y su juicio es certero. Efectivamente, la última cinta de Spielberg aborda el problema de la Guerra Fría en clave de thriller con una trama rica en intriga novelesca bien construida y elige para narrarla los modos del cine clásico, tanto por lo que hace referencia a la construcción de los personajes como a la planificación y la puesta en escena. Una cinta de espías de la que no abominaría el escritor británico, pues tiene la calidad y la emoción de sus relatos. Pero, ¿por qué Capra? Sencillo, porque el director toma un punto de vista naíf (nada extraño en él) a la hora de exponer una parte de la historia contemporánea que tuvo bastante de juego sucio, a Spielberg le interesa remarcar que a los hombres de ambos bandos les movía más el miedo a la capacidad del adversario de emprender una guerra nuclear que el tour de forces para imponerse geopolíticamente el imperialismo de una potencia sobre la otra. Al igual que en Lincoln, a Spielberg le interesa más la faz humana de la historia que la del conflicto de fuerzas que concurren en un periodo histórico determinado. También caprianos resultan los personajes, no hay héroes puros ni tampoco villanos, al contrario, aun en su antagonismo actúan definidos por la bonhomía, son casi caballeros sin espada regidos por un código de honor que está por encima de las diferencias políticas. Tal vez este buenismo impida que algunos se crean lo contado y/o le afeen el gesto al autor, pero esa ingenuidad juega a favor de la bondad del filme, toda una fábula preñada de valores contada por un niño entusiasta y entusiasmado. Spielberg recoge el testigo de los clásicos de la época dorada de Hollywood y lo hace con maestría.
puente espías 1
Porque El puente de los espías merecería ser considerada obra maestra aunque sea ya sólo por sus diez minutos iniciales. El filme arranca con una secuencia casi muda que manifiesta el total dominio de la sintáxis cinematográfica. Acompañamos a Abel ejecutando parsimoniosamente su rutina (un retrato silencioso que define perfectamente al personaje), mientras es perseguido por los agentes del FBI el día de su detención en el metro y las calles de New York y la cámara realiza los movimientos precisos aprovechando todas las posibilidades del plano, con una elegancia que casi la hace imperceptible para el espectador medio al que le comunica toda la tensión dramática de la acción. Con ese arranque Spielberg nos hace suyos y nos mete en la historia con una implicación que nos convierte en cómplices hasta el fin del metraje (más de dos horas de duración que no nos pesan en ningún momento). Es cierto que el resto del filme no vuelve a alcanzar la magistralidad de su inicio, pero no la desmerece porque el tratamiento formal de la cinta está enraizado con solvencia en el clasicismo y nos cocina la intriga con los ingredientes justos y midiendo con eficacia los tiempos de cocción más acertados.

Y la puesta en escena no es un mero ejercicio de virtuosismo que oculte un vacío estructural. A la forma la acompaña la solidez del fondo, especialmente por lo que se refiere a la construcción de los personajes, umbral en el que el trabajo del director queda apoyado sobre el excelente trabajo de los actores. Tom Hanks convence en su composición del abogado capaz de poner en peligro su reputación por defender una causa que no cuenta con la simpatía de los ciudadanos. Aquí Hanks se acerca al ya mítico Atticus Finch recreado por Gregory Peck bajo las directrices deRobert Mulligan; tiene su mismo sentido de la honestidad, su mismo empaque entrañable, pero le suma unas leves gotas de humor gracias a su don para la comedia que le comunican al personaje una mayor ligereza, acorde con la ingenuidad desde la que es vista la historia. Hanks no defrauda, pero sin duda el espectador saldrá enamorado de Mark Rylance en el papel de Abel. Este actor británico, con mucha experiencia televisiva, que es además director de teatro y guionista, nos regala una de esas interpretaciones que huelen a Oscar. Rylance consigue eso tan difícil que es hacer que su personaje cobre vida como si no fuera una mera figura de dos dimensiones sino una persona real y tangible. La profundidad psicológica que le imprime a Abel permite que comprendamos su causa hasta simpatizar con él, aunque sea supuestamente el antagonista, el enemigo. A Rylance debemos mucho del sentimiento de que, después de todo, la naturaleza de los hombres es la misma al margen de las banderas. Él es un gran baluarte para que Spielberg pueda desgranar esa faz humana de la historia de la que hablábamos al comienzo. El resto del elenco, con Alan Alda entre ellos, cubre con solvencia su papel y están perfectamente a la altura de lo que un filme de esta naturaleza requiere.

puente espías 2
Spielberg ofrece en El puente de los espías su filme más clasicista, con cierto regusto a cine del de antes, pero en el mejor sentido del término. Una película disfrutable que sabe mover sus bazas a la perfección. Un deleite para todo tipo de públicos, desde el más popular hasta el más exigente.
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