Lilting, una melodía ajena a la estridencia

Como los mundos ingrávidos y gentiles de Machado, Lilting es fundamentalmente un filme sutil. Tanto en su fondo como en su forma. Hong Khaou en su ópera prima compone un delicado poema con el que nos narra un drama intimista que apunta hacia la constatación de que el lenguaje de los sentimientos abre más puentes hacia la comunicación que el lenguaje verbal de las palabras. Nos lo cuenta cadenciosamente (como ya indica el título), haciendo hincapié en la línea melódica de la historia. Aborda temas universales (la soledad, el sentimiento de culpa, el choque entre culturas y, sobre todo, la necesidad de comunicarnos y amarnos), pero los muestra de forma liviana tal como si nos estuviera desgranando una sencilla balada. Su levedad es la que la hace profunda.

Junn (Pei-Pei Cheng) es una anciana chino-camboyana que lleva casi treinta años en Inglaterra pero que, y pese a que habla seis idiomas orientales, nunca ha aprendido el inglés. Richard (Ben Whishaw) es un joven sensible, amante de la cocina china que él mismo prepara, pero, aunque ha sido pareja de Kai (el hijo de Junn) durante cuatro años, no conoce la lengua de Junn. A ambos les une la trágica, por inesperada, muerte de Kai, pero a la vez están separados por kilómetros de convenciones sociales encorsetadas y conflictos interculturales, el principal de ellos recae sobre la dificultad de Kai (Andrew Leung) para hablar de su homosexualidad con su madre. Junn pasa sus días en una residencia para ancianos, allí vive su duelo y sigue su vida, incluso tiene una relación romántica con Alan, otro de los asilados; la barrera idiomática no parece ser un impedimento para vivir su romance. De pronto, su mundo es perturbado por la injerencia de Richard. El joven se siente impelido a ayudarla, no quiere que la madre de su amado termine sus días en la soledad del asilo, así que contratará a una traductora que permita que la mujer se comunique con Alan y con él mismo. Pero las paredes del infierno están alicatadas de buenas intenciones: lejos de facilitar la comprensión, entender las palabras del otro hace que la pareja se distancie. Hará falta que la incomunicación roce su límite  para que ambos comprendan que están unidos por el dolor y que el lenguaje de los sentimientos fluye mejor lejos de las traducciones.

Lilting

Lilting es una película que nos habla de la sensibilidad, de las emociones, y su valor de universal que va más allá de los condicionantes culturales y/o sociales. Y su mejor logro es defender esta tesis jugando la baza de la conmoción. Lilting nos conmueve, por su tema, pero también (y quizás sobre todo) por su puesta en escena. Hong Khaou se muestra hábil en el manejo de la sintaxis audiovisual, así con un simple contraplano a una cama vacía puede informarnos de la muerte del hijo en la secuencia inicial, montaje que por alguna razón nos lleva a recordar el magnífico travelling final de Los cuentos de la luna pálida. Comparar al joven realizador con el maestro Mizoguchi puede parecer exagerado, pero lo cierto es que comparten el buen uso del arte de la sutileza y el saber acercar al occidental el alma oriental. Lilting nos narra la tragedia de Kai mediante ágiles flashbacks que el camboyano introduce sin estridencias ni subrayados. Así un travelling puede acompañar a un personaje desde el pasado hasta el momento actual (o viceversa) sin necesidad de cortes y sin desorientar al espectador (que es lo más importante). Tal se diría que Khaou domina el arte de convertir en sencillo lo complejo. Porque su película fluye pausada como el agua de un arroyo en el final de su curso, cuando va a maridarse con el mar y de sus rápidos sólo queda el recuerdo.

lilting-2013-006-kai-facing-junn

De la importancia de los recuerdos también nos habla el filme. De los objetos físicos (Richard y Junn llegan a discutir sobre quién de los dos ha de conservar las cenizas del finado), claro está, pero sobre todo de las evocaciones que nuestra memoria hace a partir de ellos. Evocaciones que habrán de ser las que nos permitan resolver los duelos y dejarán que la vida siga adelante después de la paralización que supone toda muerte. Y la cámara se paraliza literalmente en un abrazo de los dos jóvenes antes de volver a la habitación de Junn para fundir a negro sobre la figura de la anciana. En esa secuencia se dan la mano la fuerza expositiva del filme, la dulce discreción del director a la hora de retratar las relaciones amorosas entre dos hombres (algo que todavía es menos normal de lo que debiera ser), y la sabiduría de sus actores principales que nos regalan unas interpretaciones ricas en matices sin caer en ningún tipo de histrionismos. Y su drama nos alcanza con su suave aroma de tristeza que, paradójicamente, nos reconforta.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s