Y de repente tú, una comedia amable

 

Trainwreck_poster_usaY de repente tú es una elegante comedia romántica con un Nueva York de fondo que, si bien no es un personaje más, sí que es un marco referencial que nos ayuda a situarnos ante el tipo de humor que cabe esperar del filme (todo un guiño que en un momento de la película se haga un chiste sobre Woody Allen). Amy Schumer debuta en el guión cinematográfico (después de haber trabajado en el medio televisivo también en este campo) con una propuesta dedicada a explotar su propia vis cómica como actriz, se regala a sí misma con un personaje sólido que le cuadra como un guante y que llena completamente la pantalla. El suyo es el personaje principal que sostiene toda la trama. Probablemente lo más original del filme sea el ser fiel al punto de vista femenino construyendo a partir de él un rol que, tradicionalmente, solemos asociar más a los protagonistas masculinos. Por lo demás esta comedia se ajusta al esquema más clásico del género: presentación del personaje central y del conflicto; ascensión del protagonista coincidiendo con el despliegue de la máxima comicidad; punto de inflexión y descenso  con la introducción del intermedio dramático; y un tercer acto que resuelve el conflicto a modo de final feliz. Una obra canónica que logra tener luz propia por la acertada dirección de Judd Apatow quien ha conectado plenamente con el espíritu del guión.

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“La monogamia no es realista” ese es el eslogan que desde el prólogo (todo un acierto el tratamiento granulado de la imagen que le da un aire de video casero y un cierto toque documental) regirá los actos de Amy (Amy Schumer). Amy es una mujer inteligente, no demasiado guapa, pero con cierto atractivo (así la define otro personaje) que vive su sexualidad, casi voraz, sin ataduras ni falsas promesas amorosas. Fiel a la enseñanza de su padre y alejada de los valores burgueses, representados en la película por su hermana Kim (Brie Larson), toda una antagonista de la heroína del filme. Todo iba bien hasta que, escribiendo un artículo sobre las razones por las que el deporte es odioso (esa es la línea editorial del magazine en el que trabaja), conoce a Aaron Conners (Bill Hader) médico que conjuga su trabajo como cirujano de deportistas de élite con su colaboración en Médicos sin Fronteras. La aparición de Aaron (un hombre casi perfecto), por una parte, y la muerte de su padre, por otra, hará que se tambaleen sus creencias, Amy ve como su mundo descarrila (de ahí el título original, Trainwreck ) y se habrá de cuestionar todas sus actitudes ante la vida.

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Recorrida por un suave cinismo desde su planteamiento hasta su nudo, Y de repente tú, acaba resolviéndose con un giro hacia la defensa de la bondad de los valores convencionales. Se le perdona, sin embargo, este giro porque ya desde el guion, pero también en la puesta en escena y la interpretación de su reparto, se construye a unos personajes enternecedores, sin caer en lo cursi ni en lo sentimentaloide, para los que deseamos lo mejor. La película resulta una comedia dinámica y amable (en toda la polisemia del término), con buenos gags e ingeniosos diálogos; su único pecado sería haber sobrepasado la frontera de los noventa minutos, cosa que hace que algunas veces decaiga el ritmo. Una sana apuesta por lo canónico que llega a provocar carcajadas en la sala y que nos deja todavía una sonrisa cuando salimos del cine.

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