Jurassic World, muchas ramas y poco bosque

jurassic-world-poster-4-4-l_coverJurassic World es una de esas películas que ha de ser vista con ojos de niño. Sólo así no repararemos en que unas cerillas mojadas no prenden lumbre, la falta de verosimilitud no es un verdadero problema para una película de aventuras y fantasía como esta, después de todo ya el género nos compele a que acudamos al cine con predisposición a suspender la incredulidad. Tampoco lo es que el trasfondo, los peligros de los avances científicos (aquí los de la ingeniería genética) y la especulación oportunista a partir de ellos, no pase de ser una mera excusa para desplegar la acción. Es una película de masas y no persigue una auténtica reflexión, en ningún momento se han creado ese tipo de expectativas y, aunque un desarrollo inteligente no va en detrimento de la diversión, tampoco es una condición indispensable para ese fin. Pero Jurassic Park si tiene problemas relevantes que afectan a la construcción del relato. No es una nimiedad: lo que es deficiente en el filme es su misma estructura narrativa, cosa que hará que no resista ninguna mirada mínimamente analítica. Veámoslo.

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Uno de los elementos fundamentales de todo texto narrativo (la mayoría de las películas lo son, y la que nos ocupa no es una excepción) es el conflicto. El conflicto es lo que conduce la trama, lo que nos ayuda a empatizar con los personajes, lo que nos invita a desear saber más ante la intriga de cómo se resolverá finalmente. Es el detonante de la trama, sin él no hay historia. Cuando el relato es breve (cuentos, cortometrajes) el conflicto será, preferentemente, único; en los textos de más extensión (novelas, largometrajes) hay más de uno, a cada cual le corresponderá una subtrama que habrá de entretejerse con la trama central. Las subtramas enriquecen el texto y permiten desarrollar a los personajes y sus implicaciones con los demás, pero un buen autor sabrá no excederse en su número introduciendo sólo las necesarias para dar carácter al relato. Y ahí es donde falla Jurassic World, abre demasiadas ramas. Un pecado de ambición que conduce, paradójicamente o no tanto, a la imprecisión y al mal dibujo de la historia. Porque muchos de los conflictos que presenta (presentación a la que dedicará tres cuartos de hora de reloj) no llegan siquiera a tener carácter de esbozo, la mayoría se resuelven precipitadamente y algunos simplemente serán olvidados una vez mencionados (¿qué aportaba el supuesto divorcio inminente de los padres de los niños protagonistas? Ni el guionista lo sabe o al menos obvia darle a esa subtrama resolución alguna).

Ese mucho abarcar conduce a dedicar trazos demasiado gruesos para definir los personajes, así uno de los villanos, el militar que pretende usar como armas a las criaturas creadas en el laboratorio, no tiene la menor entidad.  Se limita a ser un tópico que no llega ni a estar esquematizado. Y una película de este género, para ser redonda, requiere de buenos antagonistas. Lo cierto, por otra parte, es que tampoco los protagonistas están demasiado elaborados, el héroe supuestamente representa los valores opuestos a los de los villanos (él se preocupa por el sentir de las nuevas criaturas, no quiere ni oír hablar de experimentos bélicos, no es partidario de seguir creando nuevos especímenes por meros intereses económicos…), pero se queda en simple caricatura de los rasgos que han definido siempre a los aventureros.

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Pero no seamos demasiado cascarrabias, pese a todos sus defectos, hay algo que salva a la película: el humor. Jurassic World no se toma muy en serio a sí misma, hay momentos en los que casi es paródica (el jefe del laboratorio preguntando si lo toman por un científico loco, cuando, evidentemente, es lo que es). Está llena de guiños al fan, la camiseta de Jurassic Park que lleva el inevitable friqui que acabará teniendo relevancia en la resolución del filme, es un ejemplo. Y, sobre todo, se beneficia de la virtud interpretativa de  Bryce Dallas Howard (a la que vimos debutar en El Bosque de Shyamallan) que sabe sacarle partido a los lugares comunes con los que está construido su personaje, es la rubia (más bien pelirroja) que acaba revelándose como nada frágil. Dallas Howard presta su vis a la ironía de retratar a una heroína que corre toda la película con zapatos de tacón de aguja sin apenas despeinarse. La actriz sabe sacar la comicidad de su personaje  e imprimirle simpatía a la cinta.

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Hacer hincapié en los efectos especiales es casi superfluo. Son los que se esperaban y los requeridos. Después de todo, la película, como el ficticio parque temático en el que se desarrolla la acción, sólo necesitaba más dientes, más altura y más velocidad. El Indominus Rex (la nueva criatura que pretendía destronar al Tyranosaurus Rex) procura a los espectadores, grandes dosis de adrenalina, colmando las expectativas que hacía él pudieran haberse generado.

 

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