Lejos del mundanal ruido, enamoramiento y amor

eros-marc-camelbekeFrancesco Alberoni en 1979 definía el enamoramiento como el estado naciente de un movimiento colectivo de dos: “El estado naciente es una revolución de la vida cotidiana, por eso logra despegarse cuando ha tenido éxito en revolucionarla, o sea cuando la vida puede tomar otra dirección nueva, querida e interesante”.  Es una aventura que sitúa a las personas en un estado de euforia similar en intensidad a los estados de euforia colectivos. Cuando es verdadero (y no un simple arrebato), desemboca en un sentimiento reposado, en el que se pierde el éxtasis, pero se obtiene la seguridad y la estabilidad. Eso es el amor. Más de un siglo antes, el posromántico Thomas Hardy había alcanzado conclusiones similares a las del sociólogo italiano, y las había expuesto en forma de novela en Far from the Madding Crowd su primera obra de éxito que conocemos en castellano como Lejos del mundanal ruido.

Thomas Hardy en esta su cuarta novela explora la base adecuada para un buen matrimonio. La atracción física de Bathsheba por Troy, el que lleva el sable, la lleva a un matrimonio desastroso que pudo haber acabado en ruina financiera. Un matrimonio con Boldwood el puritano (mucho mayor que ella), con quien sólo le unen sentimientos de culpa y compromiso, habría significado ahogarse emocionalmente. Gabriel Oak es su colega, amigo y defensor. Le ofrece verdadera camaradería y sensatas habilidades agrícolas; y, aunque al principio ella lo rechaza, diciéndole que no lo ama, al final acaba siendo el hombre correcto que puede hacerla feliz. Este drama de época es el que lleva a la gran pantalla Thomas Vinterberg, muy lejos ya de los postulados que defendía cuando co-fundó el movimiento Dogma 95. 

Lejos del Mundanal Ruido_PosterLejos del mundanal ruido, la película de 2015, es una coproducción que debe más a su filiación británica que a su participación de la industria estadounidense. Vinterberg se pone al frente de uno de esos trabajos de qualité que nos recuerda los viejos éxitos de James Ivory. La cinta hace gala de una cuidadísima ambientación que nos reproduce fielmente la sociedad victoriana, una sociedad en la que Bathsheba Everden (Carey Mulligan) encaja mal, siendo como es una heroína independiente, bella y testaruda a partes iguales (nos recuerda mucho a la mítica Scarlett O’Hara). El relato de Hardy es un retrato de esa nueva mujer que está naciendo en el siglo XIX capaz de desafiar las convenciones, podría casi calificarse como novela feminista. Y el espíritu de la novela está bien adaptado en el filme, tanto por su trabajo detrás de las cámaras como por sus interpretaciones. Vinterberg hace salir lo más salvaje de Mulligan (que aguanta con maestría los innumerables primeros planos) y ella es capaz de encarnar las múltiples aristas de su personaje con solvencia, haciéndonos partícipe de la complejidad de sus sentimientos y de lo difícil que era expresarlos por una mujer en un mundo casi completamente masculino. Junto a ella, el resto del reparto está suficientemente a la altura de las circunstancias.

Carey Mulligan as

La peripecia con los tres pretendientes ocupa un lugar central en la trama del filme (en la que se han omitido algunas subtramas que enriquecían la novela en aras de la claridad expositiva) y los tres actores saben adaptarse a sus rasgos principales. Así el hacendado Boldwood se beneficia de la prestancia del galés Michael Sheen (cuya voz recordarán los espectadores del Conejo Blanco de la Alicia de Tim Burton); actor curtido en el teatro que sabe darle los matices necesarios al maduro terrateniente atraído por la rebeldía de la dama, a la que tienta con su fortuna para reclamarle que ocupe el rol conveniente de una mujer victoriana. En sus antípodas nos encontramos con Troy, máscara del héroe romántico, que encarna los ideales del arrebato y la pasión, con ese punto canalla que es el que más atractivo lo hace a los ojos de la joven, perfectamente compuesto por Tom Sturridge. Pero, si hay que destacar a alguien,  es al belga  Matthias Schoenaerts en el papel de Gabriel Oak, verdadera réplica de la heroína, quien sabe mantenerse en un segundo plano (el de aparente perdedor), pero que acabará siendo imprescindible en la granja y en la vida de Bathsheba, una vez esta haya recorrido todo el camino de aprendizaje que la llevará a madurar y reconocer al verdadero amor.

Carey Mulligan as

Vintenberg nos regala un clásico, un drama de época elegante y con estilo, ayudado en su labor por la fotografía de Charlotte Bruus Christensen (habitual en el cine del danés), llena de contraluces, claroscuros y filtros solares, que sabe sacar todo su partido al paisaje rural y agreste en el que se desarrolla la acción. Igualmente la música, sin  ser aparatosa, remarca las imágenes y completa el retrato de personajes y situaciones. En suma, una película cuidada que aporta un nuevo abalorio al collar de los dramas románticos, con la carga justa de melancolía que hace celebrar mejor la justicia poética con la que concluye la historia. Un retrato de la sensibilidad que no incluye en su paleta sentimentalismos huecos, sino que apuesta por los matices y la insinuación. Sobria en su expresión, emotiva en su fondo. Totalmente equilibrada.

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