Requisitos para ser una persona normal, un elogio a la diferencia

requisitos_para_ser_una_persona_normal_36147Requisitos para ser una persona normal es uno de esos platos a los que te diriges con la total predisposición de degustarlo con agrado. Avalado como viene por su reconocimiento en el Festival de Málaga, por su buena acogida por parte de la crítica y, sobre todo, por la tierna simpatía de su protagonista y directora, Leticia Dolera. Este debut en el largo tiene la virtud de haber incluido en su receta todos los ingredientes canónicos y necesarios para obtener una comedia fresca y naif con cierto regusto a cine indie americano. Tal parece que Dolera haya estudiado concienzudamente todos los recetarios del género para no omitir ni un sólo detalle. Sin embargo, el guiso no tiene el sabor esperado (al menos para esta comensal), porque su joven directora no ha estado acertada con los tiempos de cocción.

¿A qué me refiero con este símil? Sencillo: las situaciones elegidas son las más adecuadas, pero el desarrollo de los personajes resulta insuficiente. Dolera juega bien con los arquetipos, la inocente, el amigo bonachón, el galán que toda madre querría como yerno… Pero no pasa de ahí, no logra darles la profundidad psicológica necesaria para que la película resulte creíble. Falla especialmente el dibujo de los secundarios, si bien el papel del hermano retrasado llega a tener cierta entidad (sobre todo por el buen trabajo de Jordi Llodrà) no pasa lo mismo con la madre (Silvia Munt hace lo que puede, pero no basta), nos la quieren presentar como la viuda que no ha sabido expresar sus sentimientos a sus hijos, que arrastra además un pasado de agresiones verbales por parte de su marido al que, sin embargo, sigue amando incluso una vez muerto; rasgos que habrían de darle una personalidad compleja pero se queda en el esquema. Ese carácter esquemático dificulta el desarrollo de los momentos dramáticos que deben ser incluidos en toda comedia que se precie. Y lo mismo pasa, de hecho, con la evolución de la relación entre los dos protagonistas (la propia Dolera y Manuel Burque), cumple con los lugares comunes de la comedia romántica (chico conoce chica, chico pierde chica, chico recupera chica), pero el arco de transformación acaba siendo forzado.

No todo es fallido, desde luego, en esta obra primeriza. Dolera trabaja bien el aura ingenua que requiere la historia. Después de todo se trata de afirmar que ser un loser es la mejor suerte para alcanzar la felicidad y eso, lamentablemente, sólo ocurre en las fábulas. Requisitos para ser una persona normal es eso, un cuento bienintencionado que busca pintarnos una sonrisa y que es perfectamente disfrutable si nos dejamos llevar y no le buscamos demasiadas vueltas.

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