La animación más allá de Disney: Minúsculos y La canción del mar

la_cancion_del_mar_36121En el mundo de la animación hay mucha vida más allá de Disney, vida que parte de otras tradiciones más minimalistas en cuanto a dibujo y que huye de la voluntad de realismo en los movimientos para llevarnos a un universo en el que prima la imaginación y la magia. Este es el caso de La canción del mar, segundo largo de Tomm Moore que viene a consagrarlo como uno de los nombres destacados dentro del género. Las imágenes de Moore consiguen un impacto visual hipnotizador que las convierte en el vehículo perfecto para adaptar al cine las viejas leyendas celtas y escandinavas, como lo son los relatos concernientes al pueblo de las Selkies, esas hadas que alternan su efigie humana con su apariencia de foca. De la mano de Moore nos sumergimos en el interior de un cuento ilustrado que va cobrando vida y movimiento conforme se desarrolla, estamos ante planos bidimensionales que cobran fuerza narrativa gracias al uso del color, los efectos de iluminación y el diseño de personajes y escenarios.

Como cuento que es, la trama de La canción del mar está asentada sobre las estructuras propias de los cuentos maravillosos tal como fueron catalogadas por Vladimir Propp en su Morfología del cuento. El estructuralista ruso enumeró hasta treinta y un puntos recurrentes en los relatos tradicionales, que no necesariamente se han de dar todos en todos los textos. Así, en La canción del mar, nos encontramos con el tópico del alejamiento del héroe, quien habrá de someterse a una prueba cuya superación será necesaria para obtener la ayuda mágica que resuelva el conflicto. Por su fidelidad a las formas clásicas, su mensaje será menos plano y más universal que el de otras cintas animadas más apegadas a los valores de nuestras coyunturas actuales.

Este segundo trabajo de Moore es una auténtica filigrana repleta de secuencias bellísimas, una de las mejores cintas que podrá verse en nuestras salas este año. Estamos ante un título imprescindible se sea aficionado o no a la animación.

También se aparta de las directrices mayoritarias la cinta de Thomas Szabo y Hélène Giraud. Combinando animación e imagen real, Minúsculos: el valle de las hormigas perdidas nos relata la peripecia de una mariquita cuya curiosidad la aleja de su familia y acaba implicada en la guerra de dos comunidades de hormigas, que pugnan por hacerse con los restos de un pícnic abandonado (más concretamente por una caja de azucarillos). Con esta excusa argumental la película nos narra todo un poema épico a escala microscópica.

MINUSCULE-LA-VALLÉE-DES-FORMIS-PERDUES-AFICHESi hace unas semanas llegaba a nuestras pantallas La oveja Shaun, ahora nos llega (con dos años de retraso) el trabajo de Thomas Szabo y Hélène Giraud, el cual también apuesta por darle todo el protagonismo a la imagen, a la que hay que sumar la banda sonora, por tratarse de una película muda (los insectos protagonistas se comunican mediante zumbidos). Otro paralelismo con la cinta de los Estudios Aardman, es que en ambos casos el largometraje proviene de una serie televisiva previa. Y hasta aquí las comparaciones, porque los recursos de animación de cada película son muy distintos entre sí, la británica es un prodigio de la claymation, mientras queMinúsculos: el valle de las hormigas perdidas combina la imagen real y la animación sobrepuesta sobre ese fondo real. Con esta opción narrativa Szabo y Giraud consiguen retratar el microcosmos de los insectos como si el relato estuviese contado a escala de los propios protagonistas.

Que los personajes sean insectos nos hace recordar producciones anteriores como son  Bichos, una aventura en miniatura, de Pixar y AntZ de DreamWorks, pero la verdad es que son pocas las semejanzas que puedan compararlas. Minúsculos tiene ritmo y vida propios, y aunque se les asignen a los personajes algunos caracteres humanos es mucho menor la antropomorfización que en sus predecesoras. Esta circunstancia hace que nos encontremos ante una cinta menos infantil de lo que es habitual en el género y que no pueda recomendarse a los más pequeños (niños menores de seis años) porque se perderán en las elipsis y no empatizarán con los momentos de humor que perlan todo el metraje.

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