Vértigo, fascinación por el abismo y lo nocturno

“Sorprende en este filme la partitura musical hasta el punto de que no se sabe muy bien si la película es una evocación de esta prodigiosa banda musical o ésta constituye el entramado fílmico y melódico que concede al filme su verdadero armazón”[1]. No exagera Eugenio Trías al hablar así de la relevancia de la música de Bernard Herrmann en Vértigo: la trabazón entre la música y la imagen es tal que no puede comprenderse la una sin la otra. Es en la composición donde se enuncian los motivos temáticos de la película, las notas musicales son las encargadas de nombrar la pasión (mejor obsesión) y de dar o quitar voz a los personajes. Así el tema de Judy Barton sólo se escucha durante la escena de la carta pues ese es el único momento en que el personaje de Kim Novak tiene vida propia en el filme. El fantasma de Madeleine ( la falsa Madeleine de hecho) lo inunda todo y su leit motive musical corona buena parte del metraje siendo sólo superado en peso e importancia por el tema de amor, un tema en el cual puede rastrearse la herencia de Wagner pues la música de Herrmann evoca el Liebestod  de Tristán e Isolda, se nos habla así desde la melodía del tópico cultural de la muerte de amor y de eso nos habla Vértigo de la orientación tanática del Eros. La película lleva a su límite absoluto el gran tema del amor-pasión entretejido con la pulsión de muerte, el vértigo que le da título es una mezcla de miedo a la caída y atracción por el abismo. El obsesionado Scottie necesita recuperar a su amada y actuará como un auténtico Pigmalión, cuando encuentre a Judy no cejará hasta volverla idéntica a esa amada muerta. La muerte de amor en Vértigo es mucho más perversa que en Tristán e Isolda, nadie muere por la ausencia del otro, la pasión toma otro camino, “para decir las cosas de una manera simple, este hombre quiere acostarse con una muerta; es pura necrofilia”[2]. En este, su aspecto necrófilo, es en el que vamos a insistir.

Vértigo carta

Sobre Vértigo se han derramado ríos de tinta. Incomprendida en su momento, hoy es vista como obra maestra indiscutible, tanto es así que la revista Sight&Sound del British Film Institute, la ha elevado a “mejor película de todos los tiempos”, desbancando a Ciudadano Kane que llevaba 50 años ininterrumpidamente en ese trono. Inclasificable por género, su escaso éxito en su estreno se debió en gran medida a su renuncia a la sorpresa. La carta de la que hablábamos al referirnos al tema musical de Judy rompe el enigma generado hasta ahí, pues revela la verdadera identidad de la joven y el engaño del que ha sido víctima Scottie a fin de poder encubrir el asesinato real. Toda la trama policíaca inicial se manifiesta como un auténtico MacGuffin y el público se ve obligado a revisar sus hipótesis[3]. Hay que entender que para Hitchcock el verdadero suspense no estaba en la trama sino en la relación que se establece entre los personajes. Desvelar que Madelein en verdad no fue más que la recreación  que hizo Judy de ella aumenta el dramatismo de su conversión en manos de Scottie, a diferencia de lo que ocurría con la novela que adapta el guión (De entre los muertos de Pierre Boileau y Thomas Narcejac): “En el libro el lector descubría a una chica que no quería transformarse, nada más. En la película un hombre se encuentra con una mujer que se da cuenta de que ese hombre poco a poco la desenmascara”.[4] Sabe que la desenmascara y sabe también que la lleva a la muerte, pues dejarse transformar supone una renuncia a sí misma: aunque no perdiese la vida, habría perdido su yo. Scottie la conduce , por tanto, a una doble muerte, “(la literal y la figurativa de la falsa Madeleine), pues Judy está obligada -por su propia pasión- a convertirse, de nuevo, en una persona inexistente y por lo tanto, tendrá lugar la muerte de una persona real y de una persona irreal, de la auténtica Judy y de la falsa Madeleine”[5].  La búsqueda de ser amada la lleva a sacrificarse como persona cayendo en una autodestrucción dirigida por la voluntad de Scottie, en la que Judy se abisma emotiva y físicamente.

vertigo espiral

Vértigo trata sobre una obsesión, sobre volver una y otra vez al mismo punto. Así la primera parte viene marcada por el deambular en círculo de los dos personajes por las calles de San Francisco y la segunda es un volver a reproducir punto por punto lo amado. La espiral, que aparece ya en los famosos créditos de Saul Bass, tiene carácter de estructura en el filme (y domina igualmente a la partitura). Espiral es el recogido que lleva Madeleine y circular será el beso que consumará el rencuentro con su efigie cuando Judy haya accedido a peinarse igual. Ese momento en que su vestirse, que es un desnudarse, alcanza la desnudez total como cuenta el propio Hitchcock: “Todos los esfuerzos de James Stewart para recrear a la mujer, cinematográficamente, está presentados como si quisiera desnudarla en vez de vestirla. Y la escena de más intensidad es cuando la chica vuelve después de haberse teñido de rubia. James Stewart no está completamente satisfecho porque no se ha hecho el moño. ¿Qué quiere decir eso? Eso quiere decir que está casi desnuda ante él, pero todavía se niega a quitarse las braguitas. Entonces James Stewart se muestra suplicante y ella acepta y vuelve al cuarto de baño. James Stewart espera que vuelva esta vez desnuda, preparada para el amor”. Scottie ha sido incapaz de tocar a Judy hasta que ella accede a fundirse con la imagen de Madeleine, porque él espera que aparezca de nuevo la amada muerta y en esa secuencia crucial cuando Judy entra en la habitación lo hace envuelta de un alo que realmente la hace parecer surgida de entre los muertos, “(…) elegí que residiera en el Hotel Empire de Post Street porque tiene en la fachada un anuncio de neón verde en constante intermitencia. Aquello me permitió provocar sin artificio el efecto de misterio sobre la chica”[6].  Scottie ya ha recreado a Madeleine, pero no le basta con ello, necesita el imposible de que sea la propia Madeleine, por eso tendrá que retornar al escenario primordial donde todo ocurrió: la torre en la que no pudo alcanzarla. Tiene que repetir esa escena (la trama le brinda la excusa del descubrimiento del engaño) para curar su obsesión, aunque eso vaya a sellar definitivamente la tragedia de Judy.

Vértigo transformación

Toda la trama del filme, en la que “cada frase del diálogo, cada color, cada elemento de decoración, cada pieza de vestuario, cada nota musical, cada ángulo de la cámara, cada mirada, mantiene una relación orgánica con el conjunto”[7], resulta ser un tránsito hacia la sublimidad de las grandes tragedias y ello es posible por el hermanamiento del amor-pasión de ambos con la muerte. Su desenlace es demoledor[8]: Judy, transformada en una muerta Madeleine, cae al vacío; Scottie, curado de su acrofobia, se queda contemplándola mientras abre sus brazos como si abrazara el vacío, como si abrazara la muerte definitiva de su amor, perdido ya indefinidamente en la melancolía.“Él descubre, como Nietzsche, que si uno lucha con monstruos puede acabar convirtiéndose en uno de ellos. Y que si uno contempla largo tiempo a un abismo, el abismo acaba mirando dentro de ti”[9].


[1] Trías, E.: Vértigo y pasión, un ensayo sobre la película Vértigo de Alfred Hitchcock
[2] Hitchcock en Truffaut, F: El cine según Alfred Hitchcock, RBA editores, Barcelona, 1993, p. 201
[3] La trama de Vértigo es de sobras conocida, sin embargo, es pertinente adjuntar una breve sinopsis del argumento para refrescarlo: El detective de la policía de San Francisco Scottie Ferguson sufre de acrofobia y se ve comprometido a retirarse del servicio cuando un compañero cae de una cornisa al vacío, durante la persecución de un delincuente. Un día recibe una llamada de Gavin Elster, un antiguo compañero de estudios y le contrata para vigilar discretamente a su esposa Madeleine. Su bella mujer sufre de melancolía y parece estar poseída por el espíritu de su bisabuela, Carlota Valdés, muerta cien años antes, con ánimo de matarla. Scott la sigue y observa por distintos lugares de la ciudad: tiendas, cementerios, hoteles, museos, mientras empieza a investigar la trágica historia de Carlota. Aunque intenta impedir un intento de suicidio, finalmente no puede evitar que Madeleine se arroje desde la torre de un campanario y muera. Descubre que estaba realmente enamorado de Madeleine y cae en un fuerte estado de shock. Tiempo después se cruza en la calle con Judy Barton, una mujer corriente y la asocia a Madeleine. Decidido a recuperar su amor perdido, se hace amigo suyo y va intentando transformarla en su recuerdo, obligándola a vestirse e incluso moverse como ella.
[4] Hitchcock en Truffau, F.: Op cit, p. 201
[5] Spoto, D.: El arte de Alfred Hitchcock, RBA editores, Barcelona 1992, p. 212
[6] Hitchcock en Truffaut, F.: opus cit, p. 201
[7] Spoto, D.: Opus cit, p. 213
[8] Como curiosidad cabe señalar que se rodaron dos finales para Vértigo, uno el que comentamos y otro alternativo en el que vemos a Scottie volver a casa de Midge (Barbara Bel Gedes), la amiga que representa el mundo ordenado y diurno (y que no tiene ningún tema asociado en la banda sonora). Ella está oyendo la radio en la que se está informando sobre la captura de Elster, la apaga cuando abre la puerta y Scottie se dirigirá a la ventana ante la que permanece con la misma actitud que en el primer final. Con este final alternativo se distribuyó en Finlandia y se estrenó en el Festival de San Sebastián (donde la copia recibió por título De entre los muertos). Para más información se puede consultar el interesante artículo de Irene de Lucas Ramón en este enlace: http://shangrilatextosaparte.blogspot.com.es/2008/07/carpeta-50-aos-con-vrtigo-1958-2008.html  Este final puede verse aquí en versión original: 

[9] López Pulido, R.: VÉRTIGO: EL ABISMO QUE SUBE Y SE DESBORDA.

HOMENAJE A EUGENIO TRÍAS, http://www.educa.madrid.org/web/ies.jaimeferran.colladovillalba/revista32/10-Vertigo%20MQ.pdf

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