Fuerza mayor,

Fuerza-MayorAsociamos el negro a lo luctuoso y a lo siniestro, sin embargo su radical opuesto, el blanco, puede generar terror, un terror más intenso si cabe por la contradicción que supone. Ruben Östlund lo sabe bien y nos lo retrata a la perfección, en Fuerza mayor el paraje idílico de la nieve se subvierte hasta resultar amenazador, angustiante, fuente de horror.

Nada parece más inocente que una familia modélica disfrutando de unos días en los Alpes franceses. Pero lo que debiera ser una estampa de vida ideal en manos del director sueco se convierte en un retrato amargo de la convivencia. Que algo no funciona entre ellos queda patente ya cuando recién llegan a su lugar de vacaciones y son cazados por el fotógrafo de la estación, esas fotos que han de convertirse en souvenir particular vistas sobre el papel parecerán instantáneas de felicidad y buen entendimiento, pero los hemos visto posar forzados por el profesional que sabe bien las composiciones que habrán de resultar atractivas, los hemos visto un segundo antes del disparo y ya sabemos que fluye entre ellos una corriente subterránea de malestar y falta de comunicación. La comparación entre el antes y el resultado nos hace aún más evidente la acidez que pende sobre ellos, porque evidencia que lo que les mantiene unidos es el autoengaño.

Y el autoengaño se convertirá en desengaño cuando una situación límite lleve a la superficie esa incomprensión latente. Están almorzando en un restaurante cuando se produce un alud y todo el mundo es presa del pánico. Ebba, la madre, llama a su esposo Tomas para que la ayude a proteger a sus hijos, pero Tomas ha huido para salvar su vida. Acompañando a la nieve que se precipita en avalancha cae sobre ellos el desmoronamiento de su universo particular. La catástrofe no se ha materializado físicamente, la situación queda controlada, pero su círculo ha quedado totalmente resquebrajado.

fuerza mayor 1

Con mucho humor (ese humor sueco tan mordaz), Östlund nos conduce por la crisis de esa familia, que no deja de ser una analogía de algo más general. No es sólo ese pequeño grupo, es la institución la que queda cuestionada. Ya no podemos reconocernos en ese modelo por mucho que sigamos aferrados a él. La situación límite pone de manifiesto el egoísmo instintivo, quiebra las apariencias y las convicciones sobre nuestros roles (especialmente los del varón). Todo parece apuntar a que la familia feliz no es más que un mito.

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