Siempre Alice, en carrera hacia los Óscars

alice cartelCumplir cincuenta años es saber que ya no estás en la mitad de tu vida. Pero también es la edad en la que, si la vida nos ha sonreído, recogemos el reconocimiento de nuestras carreras, hayamos elegido la que hayamos elegido (es decir no sólo las académicas y profesionales), y sentimos que todavía tenemos suficiente tiempo para disfrutar de los bienes alcanzados. Ese es el punto vital en el que se encuentra Alice, lingüista especializada en la investigación sobre el origen del lenguaje, madre de tres hijos ya adultos y que empiezan a estar ya situados (la que menos la menor que ha optado por ser actriz), con un esposo que la quiere y que también está en la cima de su carrera como oncólogo. Todo perfecto y preparado para tener una apacible existencia. Sin embargo, (nuevamente la adversativa), eso no es lo que el destino tiene previsto para ella. Un alzheimer precoz (y hereditario con lo que puede habérselo transmitido a sus hijos) se cruza en su camino para adentrarla en el “arte de perder” (como ella misma lo denomina) hasta anularla.

Siempre Alice (adaptación de la novela homónima de Lisa Génova) nos lleva de viaje por las sendas de cómo afecta el Alzheimer al afectado y a sus allegados, este periplo (el cuarto que llevan a cabo conjuntamente Richard Glatzer, Wash Westmoreland) no habría pasado de correcto de no ser por la presencia de Julianne Moore (reciente ganadora del Globo de Oro) en el elenco. Partiendo de un guión sólido (que los propios directores  firman) y acertado, ambos directores optan por una puesta en escena ajustada a las convenciones y nada audaz, que resulta, eso sí, efectiva para mantener nuestra atención sin cebarse en exceso en el sentimentalismo que podría haberla convertido en película empalagosa. Dejando la actriz principal al margen, la cinta de Glatzer y Westmoreland se ingiere con agrado, pero en ella no habría habido nada que la distinguiera del conjunto de películas medianas, que son acertadas y olvidables al cincuenta por ciento.

alice 3

La mejor baza de Siempre Alice es su reparto y la destacable labor de dirección de actores de sus realizadores. Ninguno de sus protagonistas parece desubicado, al contrario dan la sensación de haber entendido muy bien los perfiles de la película y nos regalan unas interpretaciones que tienen bastante de modélicas, incluyendo a la joven crepuscular Kristen Stewart que demuestra que no se ha encasillado en su papel dentro de la saga vampírica. Alec Baldwin también merece la mención por su capacidad de construir creíblemente al amante marido que, sin embargo, no está dispuesto a interrumpir su carrera por causa de la terrible enfermedad de la esposa, nos ponemos en su piel y comprendemos su elección. Pero, como decíamos, es Julianne Moore la que está en estado de gracia.

KRISTEN STEWART Y JULIANNE MOORE EN EL RODAJE DE ''STILL ALICE''

Moore parte como favorita en la carrera por los Óscars, su nombre encabeza todas las quinielas (más después de haber recibido ya el Globo de Oro por este papel) y es que, como ya es sabido, no hay nada como interpretar a un discapacitado y/o un enfermo para tocar la fibra de la Academia de Hollywood. Ahora bien, no sería justo meterla en el saco de todos los que han recogido premios por interpretar personajes extremos, porque lo que distingue su trabajo es que no cae en ningún momento en el histrionismo ni actúa con esa especie de deje de autosuficiencia que muchos adoptan cuando se saben de antemano centros de atención. No, la suya es una interpretación matizada en la que lo meritorio es precisamente ponernos ante una mujer madura común y corriente a la que le ha caído en suerte una terrible circunstancia. Moore no concentra su esfuerzo en exhibir sus dotes para mimetizar los estragos de la enfermedad en la persona que la padece sino, bien al contrario, lo que persigue es construir un personaje en el que cualquiera puede verse reflejado aunque no le aqueje nada. Lo que destaca es su naturalidad y su comedimiento, eso es lo que la hace distinta y demuestra sus dotes de actriz. Es la sutilidad de Moore la que, en buena medida, evita el sentimentalismo en el que tantas veces incurren cintas de este calibre. Ella es la que consigue hacer meritoria a Siempre Alice, pues nos emociona sin necesidad de arrastrarnos por el morbo.

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