Birdman (o la inesperada virtud de la ignorancia): ¿De qué hablamos cuando hablamos de amor?

Birdman_o_la_inesperada_virtud_de_la_ignorancia-594952048-large1González Iñárritu maneja todos los ingredientes del filme a la perfección. Esta frase lapidaria es la que me ha venido a la boca nada más terminar la proyección. Tal vez suene hueca, casi engolada, pero lo cierto es que ese es el sentimiento que me ha alcanzado con Birdman: que nada en ella es prescindible, que supone un ejercicio magistral en la puesta en escena, que el guión tiene entidad, que los actores dan lo mejor de sí mismos… En suma, que Iñárritu sigue siendo uno de los directores más sabios de la actualidad y la suya una película que, siendo objetivo, nadie podrá decir que no es buena. Quizás el grado de empatía que sienta cada espectador con el filme hará que se la eleve o no a la categoría de obra maestra, en esto es posible que no alcance unanimidad, pero lo que nadie podrá cuestionar es que estamos ante una de las mejores cintas que han sido alumbradas en este 2014 que pronto va a abandonarnos.

“La fama es el sucedáneo barato del prestigio”. Riggan (Michael Keaton) debe su popularidad a las películas de superhéroes en las que ha interpretado el papel de Birdman, blockbusters dirigidos al público mayoritario y menos exigente. Pero está cansado de ese éxito. Lo que le interesa ahora es que se le pueda recordar como artista, que se le reconozcan sus méritos como actor. Para ello adapta a Carver para el teatro, en una pieza que el mismo dirige y protagoniza. No lo va a tener fácil, nuestro mundo está plagado de etiquetas y prejuicios, y no se le va a permitir fácilmente que tome al asalto Broadway, a él, que no es más que una estrella menor de Hollywood.

En Birdman nos enfrentamos a la dicotomía obra de arte/producto en serie, que vendrían a estar representados por Broadway y Hollywood respectivamente. Debate sobre qué es cultura y refinamiento y qué no merece esa distinción porque no es más que un objeto de consumo (de un consumo de 193358.jpg-r_640_600-b_1_D6D6D6-f_jpg-q_x-xxyxxusar y tirar, además). Al cine, como espectáculo popular, se le contrapone el teatro como coto privado de la elegancia y el buen hacer. Iñárritu aborda, además, esta polémica desde el humor, desde un humor que tiene bastante de agrio y que nos permite penetrar mejor en la dialéctica planteada (las cosas serias hay que decirlas con una sonrisa en los labios). Más allá, es también una película sobre las apariencias y la necesidad del reconocimiento; y así nos maneja por el delante y el detrás de la obra, no sólo el detrás que suponen las bambalinas (que también) sino sobre todo el detrás que se esconde bajo la máscara de la interpretación, esto es, la vida y el sentido que la mueve. Porque Birdman es, en verdad,  una película sobre la importancia del amor.

De qué hablamos cuando hablamos de amor es el relato llevado al escenario en la ficción dentro de la ficción. Sobre esa falsilla se mueven los personajes, mediante las palabras de Carver expresan sus aspiraciones y sus carencias. Y a su vez el autor (Iñárritu en la realidad, Riggan para la ficción) persigue una definición de qué es el amor para decirnos (ya desde la cita en los créditos iniciales) que sabernos amados será lo único que nos compensará nuestra absurda existencia.

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Birdman nos deja escenas de antología (Michael Keaton obligado a andar por la calle en paños menores, como ejemplo), personajes dignos de ser almacenados en nuestra galería personal a través de los tiempos, diálogos inteligentes pronunciados en situaciones que no lo son menos y momentos interpretativos de una intensidad vehemente. Y todo ello sin caer en lo discursivo, la cámara de Iñárritu está ahí, siguiendo a los personajes desde muy cerca por esmerados travellings (y ya dijo Godard que son una decisión moral) que desembocan en vibrantes planos secuencia. La cámara de Iñárritu se mueve sobre su narración al modo en que lo hace el narrador semiomnisciente que tan bien dominó Carver.  El méxicano nos trae un ejercicio de puro cine que llega a buscar incluso su adscripción en lo fantástico (el séptimo arte es fantasía por encima de todo) y así el realismo se convierte en magia con milagro final incluido. Imprescindible

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