Interestellar, nueva odisea en el espacio

interstellar-originalLa tostada siempre cae por el lado de la mantequilla. Esta afirmación suele emplearse  como ejemplo de la Ley de Murphy, ley que creemos, erróneamente, ha nacido de la sabiduría popular. “Si algo puede salir mal, saldrá mal” podría ser el enunciado de la ley, una forma socarrona de enfrentar los infortunios, un pesimismo sarcástico y burlón. Sin embargo, teniendo en cuenta su origen (la ley es atribuida al ingeniero aeronauta Edward A. Murphy Jr.) cabe formularla como “Si puede ocurrir, ocurrirá”, así, sin manifestar el signo de la suerte. Lo mejor posible (y sólo si es posible), también puede devenir real. Vista de este modo la podemos entender como una proposición esperanzadora, como una suerte de optimismo ontológico (Leibniz y su mejor de los mundos posibles). Así la entiende el protagonista de Interestellar y por ello bautiza a su hija con el nombre de Murphy. La película de Cristopher Nolan parece decirnos que si desarrollamos nuestras posibilidades siempre estaremos en condiciones de superar nuestras limitaciones.

Si me hubieran preguntado al salir de la proyección qué me había parecido Interestellar habría dicho que el último filme de Nolan es abrumador. Hace tal exhibición de poderío visual y complejidad conceptual que casi intimida. No hubiera sido capaz de afirmar que me gustaba o que no me gustaba, sólo sabía que no me había dejado indiferente. Para los poco avezados en ciencia ficción, como es mi caso, su propuesta es a la par inabarcable y subyugante. No sé juzgar si es un proyecto megalómano, pero me queda claro que Nolan ha pretendido alumbrar un relato de hard science fiction puramente cinematográfico, sin partir de un material literario previo. Y lo que es desde mi humilde consideración, lo ha logrado.

Una de las condiciones para componer una obra de “ciencia ficción dura” es que lo fantaseado parta del rigor científico.  La historia desarrollada en una obra de “ciencia ficción dura” debe ser precisa, lógica, creíble y rigurosa en relación con los conocimientos científicos y técnicos del momento, siendo teóricamente posible la tecnología, los fenómenos, los escenarios y las situaciones descritas. Para ello, Nolan ha contado con el asesoramiento de Kip Thorne, un destacado físico teórico estadounidense, conocido principalmente por sus contribuciones en los campos de la física gravitacional y la astrofísica. Con la paradoja de los gemelos de Einstein presidiendo, en Interestellar, viajaremos a través de agujeros de gusano y atravesaremos Interstellar-primo-video-dal-set-del-nuovo-film-di-Christopher-Nolan-620x350agujeros negros. Un viaje interespacial que acaba siendo un viaje en el tiempo al llegar a una realidad pentadimensional (ya saben, cosas del tejido espacio-tiempo y su curvatura). Para describir estos fenómenos espaciales, Thorne trabajó con un equipo de 30 artistas en efectos computarizados, y él se encargó de trabajar en las ecuaciones que permitieron trazar los rayos luminosos mientras la nave espacial viajaba a través de un agujero de gusano o un agujero negro. El científico proveyó folletos de ecuaciones de física teórica con los cuales los diseñadores programaron un software totalmente nuevo de imagen generada por computadora para crear las simulaciones fieles de lente gravitacional (fenómeno visual que ocurre con los agujeros negros y agujeros de gusano). Según el sitio especializado en tecnología Wired, algunas imágenes tardaron hasta 100 horas en renderizarse, y en total ocuparon 800 terabytes de data. Un aparato conceptual muy complejo para los profanos, Nolan estaba preocupado de que tanto detalle científico restara comprensión visual a la película, sin embargo, el cineasta encontró que los efectos finales eran lo suficientemente entendibles.“Mientras no moviéramos mucho el punto de vista de la cámara, nos dimos cuenta que podíamos tener algo bastante comprensible para el público”, reveló Nolan al diario inglés Daily Mail.

La complejidad abrumadora no impide que entremos en la película, porque Nolan lo expone todo desde una estructura canónica: la trama se narra en tres actos bien diferenciados; el primero sobre la situación en la tierra; el segundo la aventura en el espacio; y el tercero el desarrollo de ambas situaciones en paralelo. Además de esta estructura diáfana, el filme cuenta con un argumento dramático sólido que por sí mismo es un aro temático que permite “leer” el “texto” cinematográfico. La claridad de la trama basta por sí sola para alcanzar la reflexión más profunda que nos sugiere la cinta,  ya sólo con ella comprendemos que hay una intención (bastante transparente) de trascender la media del cine comercial otorgándole a la película un calado filosófico.

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Interestellar es un filme ubicado en un futuro (me niego a calificarlo de distópico porque no todo relato sobre un supuesto mañana tiene valor de contrautopía) en el que nuestro planeta está a punto de agotar sus recursos naturales. La humanidad parece abocada a extinguirse por falta de alimentos y enrarecimiento de la atmósfera (el nitrógeno está ganándole terreno al oxígeno). La tierra, asolada por las plagas, está dejando de ser fértil y las tormentas de polvo (que no son simuladas por ordenador sino por máquinas de viento, de ahí su fisicidad) amenazan con hacer irrespirable el aire. En ese mundo sólo interesa lo inmediato y práctico, la tecnología (y con ella la ciencia) sólo habría traído sinsabores y habría sido la culpable de la desolación del planeta. Por eso algunos de sus logros son considerados falaces (como la llegada del hombre a la luna) o directamente son censurados. No hay lugar para los ingenieros aeronáuticos.

Ingeniero aeronáutico fue Cooper (Matthew McConaughey), antes de ser granjero. Padre de dos hijos, trata de enseñarles el discurso racional, la actitud científica ante el mundo. Su hija pequeña, Murphy (Mackenzie Foy, cuando es niña, Jessica Chastain de mayor) es la que más ha heredado de esa inquietud teórica, pero asegura que un fantasma tira los libros de sus estanterías. Impelida por su padre hará un seguimiento metodológico del fenómeno y descubrirá que la caída de libros “le habla” en código binario, transmitiéndole unas coordenadas espaciales. Padre e hija acuden al lugar. Allí descubren lo que queda de la NASA, que ahora trabaja desde la clandestinidad, con el profesor Brand (Michael Caine) y su hija Amelia (Anne Hathaway) al mando. La agencia espacial está embarcada en un proyecto cuyo fin es salvar a la humanidad encontrando un planeta con las mismas características que la tierra para que puedan habitarlo los hombres. Cooper se ofrece para pilotar la nave exploradora, aún sabiendo que puede suponerle no volver a ver a su familia. Ahí empezará la odisea espacial y el drama humano.

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Como afirma el comentarista Tim Robey para el Telegraph: “La épica de ciencia ficción de Christopher Nolan plantea grandes preguntas y las responde de manera bella y emocionante”.Interestellar es visualmente poderosa, las tormentas de arena en su primer acto, ese planeta océano con su tsunamis y aquel otro glaciar en el segundo, esa realidad pentadimensional en el tercero, y la nave siempre la nave, serían sólo ejemplos de la fuerza de sus imágenes. Emocionante porque tiene tintes de cine de aventuras mezclados con emotivos mimbres dramáticos. Pero no es sólo un vehículo bonito, Interestellar busca ir más allá de su trama, o, mejor dicho, que su trama nos lleve a enfrentarnos a las grandes preguntas que rodean nuestra condición. Está en juego definir qué es lo que nos hace ser. Nos habla de los límites de la ciencia y la necesidad de la fe, pero de la fe en los hombres y su propia capacidad de sobreponerse a los problemas que generan. Lo que ha sido fallo humano, lo resolverán los propios humanos si toman conciencia de que el amor y el miedo y la rabia ante la muerte que impelen nuestras decisiones, son las dos fuerzas que nos hacen ser y nos permiten superarnos. El amor puede ser la variable que resuelva las ecuaciones, porque como fuerza nos lleva a rebasar los límites del tiempo y del espacio, lo cualitativo está imbricado con lo cuantitativo. Nolan, inspirándose en los versos de Dylan Thomas (No entres con calma en esa buena noche/la vejez debe arder y delirar al acostarse el día;/rabia, rabia, contra la muerte de la luz.) nos incita a rebelarnos contra nuestras limitaciones y a seguir creyendo en la ciencia como motor de nuestro instinto de superación. Levanta nuestra mirada de la tierra para hacernos mirar al espacio en el firmamento, nos pide que nos dejemos maravillar y sigamos abriéndole puertas al espíritu humano.

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