Mil veces buenas noches, difícil elección

milvecesbuenasnochesApenas un sutil rayo atraviesa la diagonal de la pantalla negra, su luz conduce nuestra mirada hacia un fragmento de ojo que no nos mira. Sabemos que todo va a jugar al rededor del mirar y su importancia. Porque eso son los ojos de los reporteros gráficos, la extensión de nuestra mirada hasta donde no alcanzan nuestros ojos. Su mirar es importante porque nos obliga a ver incluso lo que quisiéramos negar. Los ojos de los reporteros alzan testimonios del horror.

Mil veces buenas noches habla de la importancia de las imágenes testigo, de la necesidad de extender la visión hasta aquello que se preferiría silenciar, pero lo hace sin ningún tinte romántico, al contrario, nos va a retratar al fotógrafo en su espacio más íntimo. Juliette Binoche es Rebecca, una reportera entregada a su profesión, que también es esposa de un biólogo marino y madre de dos hijas, una ya adolescente. Tras un grave accidente en Afganistán, habrá de plantearse el difícil equilibrio entre su vida y su trabajo. Acabará descubriendo que le es imposible abandonar al segundo, porque ese trabajo es su propia esencia. Erik Poppe nos brinda un drama doméstico en el que se refleja el valor y la perseverancia de los fotógrafos de guerra, pero también su egoísmo hacia los más próximos, sacrifican sólo su vida, sí, pero también obligan a los suyos a vivir bajo el peso del peligro y el sufrimiento. Poppe retrata este trabajo como si fuera un narcótico y la vocación una adicción. Y sabe bien de lo que habla porque él mismo fue fotógrafo en zonas de conflicto y tuvo que tomar la difícil determinación de escoger entre su trabajo y su vida.  Para dotar de mayor dramatismo a la historia, el cineasta optó por cambiar un elemento vital en esta historia: el personaje que encarna su experiencia no es un hombre, sino una mujer. Según explicó a Europa Press, esto se debe a que, en su opinión, si hubiera mantenido a un protagonista masculino, los espectadores no habrían reaccionado de la misma manera, ya que hoy en día se acepta que los padres dejen a sus hijos todos los días, mientras que “con una mujer la historia es más dramática”.

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Dos cosas son las que destacan en esta cinta, el trabajo de John Christian Rosenlund al frente de la fotografía y la interpretación de Juliette Binoche. En cuanto a la fotografía su paleta cromática convierte los dos escenarios en los que se desarrolla esta película, Irlanda y Kabul, en polos opuestos, para contrastar el verde y el azul que simbolizan el ambiente fresco de la isla (el paraíso de la paz), con los colores más rojizos del ambiente seco de Afganistán (el infierno de la guerra). Por su parte, Binoche, encarna con solvencia su papel dando verosimilitud a su conflicto, el dolor con el que transmite su crisis familiar y existencial parece palpable, centro absoluto de la historia, la actriz  lleva todo ese peso dramático con maestría.

Mil veces buenas noches, toma prestado su título del  verso de Shakaspeare en su drama Romeo y Julieta (Mil veces buenas noches. Mil veces malas por faltar tu luz.),  y es que nos plantea el problema del equilibrio entre trabajo y vida en términos de amor y pasión. Rebecca siente amor por su familia y es correspondida por ellos, pero por su trabajo siente pasión, y es lo que elige, el vértigo frente al cobijo en buen recaudo, el peligro constante de la intemperie frente a la seguridad del hogar. No puede hacer otra cosa, así es la naturaleza de las pasiones.

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