El amanecer del planeta de los simios: el valor de la confianza

 

El Amanecer del Planeta de los Simios_PosterPreguntado recientemente a  Colin Arthur su parecer sobre los CGI, afirmaba que cada época les brinda nuevos medios a los creadores con los que pueden dar expresión a su arte, de modo que los efectos digitales permiten soluciones que antes no podían alcanzarse. No había nostalgia en él respecto a los FX de antaño, y, sin embargo, sí concluía que pese a todo las nuevas criaturas digitales no llegan a tener alma. Sin duda, si llega a ver los logros de la nueva saga del planeta de los simios, matizará aún más su opinión. Porque los nuevos primates de El amanecer del planeta de los simios, interpretados digitalmente,  sí capturan el alma de sus personajes.

Es inevitable empezar el comentario del filme de Matt Reeves hablando de sus prodigios técnicos porque sin duda son lo mejor de la película. Un despliegue visual y sonoro auténticamente espectacular, conseguido en gran medida por la mezcla de localizaciones exteriores y rodaje en 3D. La yuxtaposición de la belleza de la Madre Naturaleza y la alta tecnología de Hollywood resulta llamativa. Jason Clarke (Malcolm, uno de los cabecillas de los humanos,  en la película) cuenta cómo es adentrarse en un decorado situado en medio del exuberante bosque pluvial de Columbia Británica: “Es sencillamente asombroso: bosques primitivos, cámaras de 3D, cámaras de captura de movimientos, cables por todas partes, máquinas fumígenas, máquinas de niebla, lluvia y barro, un equipo técnico de cientos de miembros y, luego, 50 actores interpretando simios que recorren el bosque. Yo siempre prefiero rodar en exteriores antes que en un estudio de sonido, porque aporta mucho realismo al proyecto. Esto vale para los actores que encarnan a los personaje humanos y también para los ‘actores de simios’. Éstos no se limitan a estar sentados en grupo. Tienen que interactuar con personas, con el bosque, con el barro y con todo lo demás; con las rocas, las piedras y la lluvia”.

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El prodigio de Weta Digital se debe a que, para la interpretación digital, se disponía de 35 personas en cada unidad, un despliegue de unas 50 cámaras de captura de movimientos y ocho cámaras testigo que estaban rodando constantemente cualquier cosa en la que participara un personaje simio. De este modo se conseguía que todo el equipo, los actores protagonistas y los actores “simio”, estuviesen juntos a la vez en el mismo lugar, de ahí que la acción resultará realista y se pudiera captar lo más difícil, las emociones que se trasladan a la pantalla tal cual si hubieran existido simios evolucionados  hasta el dominio del fuego y el lenguaje. Todo el trabajo técnico estuvo puesto al servicio del relato y sobre todo al servicio de lo que más le interesaba plasmar a Matt Reeves: cómo sería en su origen un mundo de simios que progresivamente van adquiriendo habilidades culturales.

La descripción del mundo simio es el pasaje más brillante del filme y es dónde Reeves consigue aportar más al canon de El planeta de los simios. Su comienzo es colosal, una escena de caza en grupo de proporciones monumentales, en la que nos invade desde la pantalla una colonia de simios dispuestos a saltar sobre una manada de rumiantes (ese 3D que la prensa barcelonesa no pudo ver) bajo la lluvia que  cae sobre un bosque de árboles afilados desde los que vemos descender a centenares de simios. Excelente resulta la planificación majestuosa de Reeves que concede a la escena su carácter épico. Tras ella y durante casi media hora asistimos a una secuencia protagonizada exclusivamente por simios, sin ningún personaje humano. El neoyorquino ensaya la hipótesis sobre cómo podría ser el origen de una civilización, por eso no cae en el simple paisaje postapocalíptico sino que recrea un mundo sobre el que la naturaleza ha vuelto a tener dominio y en el que va a emerger una nueva especie dominante. Nos sitúa en un entorno que nos puede recordar el despertar de la especie humana en 2001, una odisea del espacio, salvo que aplicado aquí a los simios, y cuida minuciosamente los detalles en los que se ve el despertar de una nueva civilización haciendo especial hincapié en la adquisición del lenguaje articulado. Esta es la principal aportación personal con la que contribuye a la saga (propuesta suya que cambió todo el proyecto original que iba a ser dirigido por Rupert Wyatt ) y ya sólo por ella su obra merece los halagos con los que la ha acogido la crítica americana que vienen a reconocerla como un nuevo modelo de blockbuster no reñido con la inteligencia y la profundidad.

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No les falta razón a los especialistas, sin embargo, hay que puntualizar que la saga original era, en su conjunto, más inteligente que la actual con una trabazón de la trama más redonda y una propuesta distópica más seria. El amanecer del planeta de los simios ofrece un interesante planteamiento sobre el origen de la civilización, pero, más allá de ello, el trasfondo al que apunta no es original ni está minuciosamente   perfilado. Argumentalmente, El amanecer del planeta de los simios nos habla de una creciente nación de simios genéticamente evolucionados, encabezados por César, que se ve amenazada por una banda de humanos que sobrevivieron al devastador virus desencadenado diez años antes. Virus que ha conducido a la práctica extinción de la especie humana y ha acabado con nuestra civilización. Los simios han prosperado y los humanos están en decadencia. Una escena postapocalíptica, pero la película trata de hablar de supervivencia más que de apocalipsis. Supervivencia a la que aspiran simios y humanos, el interrogante es si pueden sobrevivir ambas especies en un clima de paz que elimine el recelo de unos ante los otros. En ese debate entran  en consideración las formas antagónicas de entender el liderazgo (César pacificador, frente a Koba el belicista, en la comunidad simia; y la misma dialéctica entre los humanos donde las dos opciones son representadas por Alexander y Dreyfus (Gary Oldman) respectivamente y el marco referencial último: la confianza.

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El valor de la confianza es, pues, la reflexión última a la que apunta el filme, pero para exponerla cae en lo superficial y el abuso de momentos emotivos muy convencionales: pequeñas nubes oscuras que empañan lo que podría haber sido brillante. Con todo, sus defectos no arruinan su aciertos y consideramos que El amanecer del planeta de los simios es una propuesta interesante merecedora de estar entre los principales éxitos que nos va a deparar la temporada estival. Un filme a tener en cuenta.

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