Open Windows, un thriller online

 

Al principio fue la Batbola, toda una lección de cine. Terminaba un siglo y un joven Nacho Vigalondo cortometrajista hacía metacine haciendo cine. Si no entienden mis palabras, es tan sencillo como pinchar el vídeo:

En esta obra primeriza el director de Los cronocrímenes demuestra que, a la hora de contar historias, importa tanto o más el cómo que el qué. Y nos habla de uno de los principios básicos del relato cinematográfico: la generación de expectativas en el público. El mecanismo de la intriga es el que mejor pulsa en su último trabajo, Open windows, un trhiller que bebe en los clásicos (debe mucho a La ventana indiscreta) para llevarlos a todo un nuevo mundo: nuestras vidas marcadas por Internet. Así lo declaraba su protagonista, Elijah WoodEs un thriller muy emocionante, muy intenso, que bebe de raíces clásicas pero utiliza un lenguaje experimental, trabajando a través de diversas pantallas. Se caracteriza por su gran ambición por contar la historia de una forma nada convencional (…) Creo que su punto fuerte es esa forma de contar la historia de una forma no convencional sin que parezca un truco fácil, porque tiene un enorme trabajo detrás”.

Sasha-Grey-Nacho-Vigalondo

Las formas importan, pues, porque de ellas se desprende (si no siempre, muchas veces, al menos) la intención del autor. Vigalondo ha querido convertir la gran pantalla cinematográfica en la reducida pantalla de un ordenador, una forma de expresar como en la era de la información casi toda imagen nos viene mediada por su exposición a través del filtro de las pantallas. Y muy especialmente por las cibernéticas, porque, como dice el propio director, Internet es el telón de fondo de nuestras vidas.  Si el cine quiere seguir siendo reflejo del mundo, tendrá que acercarse a las nuevas tecnologías de la información y la imagen, o se perderá una buena parte de la realidad que nos rodea. Así confiesa su pretensión Vigalondo:  “yo quería contar una historia que tuviera una relación muy estrecha con el formato en sí. Y contar una historia que tuviese mucha relación con Internet. Y si en nuestra relación con Internet, lo primero que se cuestiona es nuestra identidad ¿Quiénes somos? ¿Qué actitud tenemos respecto a los demás?… es por eso que casi todos los personajes tienen una identidad que se cuestiona a medida que avanza la película”.

Las formas, así, marcan un fondo que va más allá de lo meramente argumental. Bajo el ropaje del thriller (que por momentos roza la comedia de enredos, todo hay que decirlo), el cántabro somete a nuestro juicio los nuevos interrogantes que la tecnología ha volcado sobre nuestra existencia. Todos estamos exhibidos en el expositor de la red, a merced unos de otros. Vigalondo lo refleja a través del máximo exponente de la violación de intimidades, el hacker, figura extrema que le sirve para formular hipótesis sobre nuestro mundo más cotidiano.

OPEN-WINDOWS

Citábamos antes La ventana indiscreta, allí Hitchcock nos llevaba  a reflexionar sobre nuestra condición de voyeurs cuando asistimos al cine, hoy, los medios informáticos han elevado a la enésima potencia nuestra posibilidad de regodearnos viendo sin ser vistos. Open Windows muestra como la web 2.0 ha multiplicado las posibilidades de construirnos una atalaya desde la cual observar el desfile de la realidad desde la intimidad de nuestros hogares. Y no sólo de mirar, sino de hacerlo de modo inquisitivo hacia los demás. No somos meros oteadores, somos también jueces implacables (amparados, además, por el anonimato). Internet ha trastocado los límites entre lo privado y lo público, contemplamos todo lo que nos llega expuesto a través de la pantalla de nuestros ordenadores como objeto de juicio, y disfrutamos de saber que nuestros actos tendrán repercusión sobre los personajes públicos de los que seamos seguidores. De lo que muchas veces no somos tan conscientes es de que todo en la web 2.0 circula en doble dirección, es decir, que a la vez que observadores somos objetos de observación. Y si nuestros actos pueden manipular a otros, también los otros  pueden manipularnos a nosotros.

¡Ah! y por cierto, sí, a Sasha Grey se le ven los pechos.

open-windows-poster

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