Mejor otro día, como ser un suicida y no morir en el intento

Para hablarles de esta película me permitirán que les cuente un cuento, o mejor dicho, dejen que les transcriba un microrrelato de García Márquez  (tranquilos, es una sola frase de 99 palabras):

..el drama del desencantado que se arrojó a la calle desde el décimo piso, y a medida que caía iba viendo a través de las ventanas la intimidad de sus vecinos, las pequeñas tragedias domésticas, los amores furtivos, los breves instantes de felicidad, cuyas noticias no habían llegado nunca hasta la escalera común, de modo que en el instante de reventarse contra el pavimento de la calle había cambiado por completo su concepción del mundo, y había llegado a la conclusión de que aquella vida que abandonaba para siempre por la puerta falsa valía la pena de ser vivida.

Los personajes de Mejor otro día comparten con el desencantado del cuento de Márquez su aprendizaje, salvo que ellos, al final… No voy a contarlo, pero si lo hiciera tampoco les iba a revelar gran cosa, porque Mejor otro día es una de esas películas en las que sabes qué va a pasar desde su prólogo-presentación de los personajes (y con la traducción española del título aún más). No pretende esconder nada, pone las cartas sobre la mesa desde buen principio, pero en su caso ser previsible no es un handicap, porque el qué va a pasar no nos importa sino que lo que nos interesa es el cómo va a contarnos eso que ya predecimos. Y lo cierto es que nos lo cuenta bien.

A LONG WAY DOWN

Basada en el best-seller En picado de Nick Hornby , Mejor otro día nos explica como durante la noche de fin de año en Londres, cuatro desconocidos coinciden en un rascacielos para lanzarse al vacío. En lugar de saltar, hacen un pacto para seguir con vida hasta el día de San Valentín. Así comienza una amistad impredecible y una autentica afirmación a la vida. Lo mejor de la comedia dramática de Pascal Chaumeil es la presentación del conflicto, esos veinte minutos iniciales brillan con luz propia, contiene en sí toda una historia y es donde más hilarante resulta. Todo un derroche de humor del absurdo para hablar del suicidio (tema que sigue siendo tabú en nuestra sociedad). Ese vertiginoso inicio hace esperar más de la película, pero, aunque poco a poco vaya haciéndose más convencional, se deja notar el pulso firme de Pascal Chaumeil.

MEJOR_OTRO_DIA_-_poster_finalCon una larga carrera televisiva a sus espaldas, y habiendo colaborado en dos ocasiones con Luc Besson como director de la segunda unidad de El quinto elemento y Juana de Arco, Chaumeil debutaba en la dirección cinematográfica con Los seductores en 2010, una comedia que aún siendo de producción francesa, recuerda a la comedia romántica americana y británica de los noventa que dejó títulos como Cuando Harry encontró a Sally (Rob Reiner), Cuatro bodas y un funeral (Mike Nevell), Notting Hill (Roger Michell), La boda de mi mejor amigo (P. J. Hogan), o Sólo tú del veterano Norman Jewison, por citar sólo algunos de los títulos más célebres. Tras la menor Llévame a la luna (2012), Chaumeil, que se define a sí mismo como anglófilo, por fin llega a una producción británica con esta Mejor otro día y se nota cómo se siente cómodo en este estilo de humor rodeado ya del entorno adecuado por localización (Londres), producción y guión adaptado. En manos de Chaumeil esta historia de segundas oportunidades se convierte en una entonación agridulce de lo bueno de la vida.

Una misma historia, cuatro puntos de vista, que en la novela son narrados a modo de diario personal de cada uno. “La idea de Jack Thorne (guionista) para resolver el guión fue mantener las cuatro voces, pero de forma que estas funcionarían como una especie de equipo de relevos, cada una heredando la historia de la anterior”, explica Amanda Posey (productora). Fue una solución calificada por el propio Hornby de «ingeniosa»: “Resulta muy discreta cuando ves la película —dice—. Algunas personas solo se dan cuenta de que se produce esa especie de entrega de testigo con la voz en off cuando se lo mencionan. No necesariamente lo adviertes cuando estás viendo la película”. Por la voz en off y por el discreto rótulo que lo indica, añadimos nosotros. Así vamos devanando el hilo del relato saltando de un personaje al otro pero sin perder la linealidad del tiempo. Mejor otro día es también una comedia de actores, ellos son Pierce Brosnan, Toni Collette, Imogen Poots y Aaron Paul, por orden de entrada en acción, (como curiosidad señalar que el espectador español va a poder ver a los dos últimos juntos también en Need for Speed). Con sus actuaciones ricas en matices, dan credibilidad a sus personajes y les sacan el mayor partido posible. Es gracias a ellos también que la película aguanta bien la conjugación de comedia con momentos más emotivos que rozan el drama.

A LONG WAY DOWN

Brosnan interpreta con convicción a Martin Sharp, que a los ojos de los tribunales británicos, es un pedófilo. «Era un presentador de televisión no demasiado bueno en su trabajo y que tuvo relaciones sexuales con una menor de dieciséis años —señala el actor—. Aparentaba veinticinco, pero ¿cómo iba a saberlo él?» Después de cumplir su condena y de ver cómo el escándalo ha empañado su carrera como presentador, Martin se siente triste, desgraciado y solo, pero al mismo tiempo posee una agudeza y un encanto naturales que hacen que a la gente le caiga bien. Según Brosnan, la clave para que el personaje funcionara consistía en encontrar una vía para entrar en el pesar emocional y en la desolación de Martin.

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Toni Collette, actriz de origen australiano a quien recordarán de La boda de Muriel, es Maureen madre de un niño discapacitado (como el propio escritor de la novela), la actriz la describe como “muy inepta socialmente, pero detrás de su apariencia mansa, nerviosa e incómoda, hay una naturaleza dulce, atenta y bondadosa; emocionalmente, tiene los sentimientos a flor de piel. Sin siquiera darse cuenta de ello, está muy sola y bastante triste, pero dedica su vida a cuidar de su encantador hijo [que tiene parálisis cerebral]. De los cuatro personajes, es la única que decide acabar con su vida por un motivo altruista. Realmente cree que su hijo tendrá una vida mejor sin ella“.

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La explosiva Imogen Poots es Jess, la hija menor de un político que ha perdido recientemente a su hermana y busca fundamentalmente ser aceptada. Para la joven actriz, “es un personaje muy jugoso y maravilloso de interpretar. Jess es la instigadora de que pospongan el suicido aquella noche. Y es básicamente ella quien forma esa insólita unidad familiar, a pesar de ser el personaje más irritable y, a primera vista, menos accesible. Jess es alguien que pasa de un intenso enfado a una especie de júbilo frenético.. Hay aspectos de Jess que son intrínsecamente irritantes, pero para mí es importante que esto no se interponga entre el público y ella, porque, debajo de esa energía frenética y de esos comentarios sarcásticos, hay alguien que solo quiere aprender cómo ser aceptada”.

A LONG WAY DOWN

Por último tenemos al televisivo Aaron Paul interpretando al pizzero J.J., un músico grunge americano sin éxito, que está agotado de vivir. Según Aaron: “JJ es un chico perdido que no encuentra un propósito en la vida. Está tratando constantemente de encontrar nuevas formas de ser feliz, pero no lo consigue, y es por ese motivo que nos lo encontramos en esa azotea. Cuando nos lo encontramos, se halla en un lugar oscuro Está cansado de tener miedo todo el tiempo; está cansado de tratar de cambiar sin saber exactamente cómo hacerlo. Ve el suicidio como una salida, algo que nunca debería ser“.

A LONG WAY DOWN

Mejor otro día es, pues, sobre todo, un producto bien realizado. Su mejor baza es la efectividad, lograda gracias al solvente trabajo del realizador y el elenco. Consigue arrancarnos sonrisas (y a algunos risotadas) con un tema espinoso que suele silenciarse. Mejor otro día desdramatiza el suicidio apostando por la reivindicación de las segundas oportunidades, con su aire de comedia ligera nos pone ante la que Albert Camus consideraba la pregunta clave para la filosofía: ¿Qué razones hay para no suicidarse? y la contesta con un himno a la esperanza que nos dejará un buen sabor de boca. Cumple sobradamente con sus propósitos y no nos dejará con la sensación de que hemos perdido el tiempo viéndola (y eso a día de hoy ya es mucho).

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